“El retorno de la democracia no significó la desaparición, sino la transformación...

“El retorno de la democracia no significó la desaparición, sino la transformación de las facciones religiosas conservadoras”

Entrevista a Julián Maradeo, autor del libro La derecha católica. El 25 de febrero se presenta en Paraná.

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Por Pablo Roesler

La investigación periodística insumió cinco años y tiene como punto de partida los trabajos de los periodistas Rogelio García Lupo, Gregorio Selser, Horacio Verbitzky y otras investigaciones que hasta el final de la última dictadura exploraron las catacumbas de la ultraderecha católica en la Argentina. El libro La derecha católica. De la contrarrevolución a Francisco, que el periodista Julián Maradeo publicó en noviembre último en la editorial De la campana, reconstruye la actualidad de las perspectivas ideológicas de ese sector eclesiástico que persiste en la cotidianidad de los argentinos y que, aunque lejos de la prédica prehistórica de la revista Cabildo, aún influyen en política desde la lógica de las ONG.

“El retorno de la democracia no significó la desaparición ni el agotamiento de las facciones religiosas conservadoras, sino el inicio de su transformación”, advierte Maradeo en la introducción del libro, que toma como uno de sus ejes centrales los delitos de abuso sexual cometido por el sacerdote Justo José Ilarraz en Paraná, pero se extiende hacia las complicidades entre sectores ultraconservadores de la Iglesia Católica, la institución, la dictadura militar y la utraderecha nacionalista argentina.

-¿Cómo surgió la necesidad de investigar la derecha católica?

maradeo-Los análisis quedaban truncos a partir de 1983, tanto las investigaciones periodísticas como las académicas. Eso me orientó a ver qué había ocurrido con cada una de las facciones de la derecha católica. Por un lado está la que comandó (el arzobispo Adolfo Servando) Tortolo durante más de dos décadas en Paraná, que es el seminario que conducía el fundador de (la organización de ultraderecha) Tacuara, Alberto Escurra Uriburu. Continuó luego (el arzobispo Estanislao) Karlic al fundar con Carlos Guelar el Instituto del Verbo Encarnado en San Rafael, Mendoza, que hoy está presente en casi cuarenta países. Otra facción se da políticamente: la Ciudad Católica, un sector que tuvo un momento de auge durante el onganiato, con su doctrina social de la Iglesia que se llama comunitarismo, que es la creación de cuerpos intermedios en diferentes estructuras para hacer un diseño social corporativista, dejando al intendente o gobernador con un papel casi de administrador. Esa organización, creada por Jorge Grasset, en su revista Verbo difundía sus vías de acción, y después del golpe de 1976 recibe un montón de publicidad. Luego de la salida de (Jorge Rafael) Videla de la presidencia, fundan el Instituto De Napoli para difundir el comunitarismo. A principio de los ochenta crean una publicación que se llamó Civilidad, que se convirtió hoy en la Fundación Civilidad. Esta fundación hoy da cursos con un lenguaje lavado, quitándole cualquier dejo de religiosidad, y tiene uno de sus ejes centrales en la organización municipal. El tipo que está al frente es José María Garat, quien a su vez da cursos sobre estos mismos temas en la Fundación Nuevas Generaciones, que es una de las usinas de pensamiento del PRO.

-¿Accedieron al poder estas expresiones de la Iglesia en la democracia actual?

-Si se tienen en cuenta la presencia del Opus Dei, y si se observa cómo llega remozada con un plan a través de la estructura política del PRO por medio de sus usinas de pensamiento, se podría decir que por lo menos una facción de ellos llegó al poder con Mauricio Macri. Si además se tiene en cuenta que (la diputada del PRO) Victoria Morales Gorleri era la presidenta de la comisión de Educación en la Legislatura porteña y fue durante diez años la que dirigió la comisión de Educación del Arzobispado porteño y fue asesora de Jorge Bergoglio, cierra que hay una parte de la derecha católica. No es la dura, no es la de la cismática de Lefevre ni la de la revista Cabildo, sino que llega una más inteligente que sabe adaptarse a los nuevos tiempos, al punto tal que el Instituto del Verbo Encarnado, que no tiene una alianza con Macri pero sí con (el retrógrado médico Abel) Albino, hoy dan los Ejercicios Ignacianos por Internet.

-¿Cómo es el camino de ese sector de la Iglesia, desde la dictadura hasta la actualidad?

-En el libro más allá de la evolución histórica, desarrollo también la evolución de cómo actúa hoy políticamente la derecha católica. El Instituto del Verbo Encarnado, por un lado, tiene escasa presencia pública, pero han sido lo suficientemente inteligentes para ir manteniendo la forma refractaria a los movimientos de renovación, han sido lo suficientemente inteligentes para que sus integrantes, tanto hermanas como sacerdotes, estén presentes en zonas bélicas. Entonces encontrás que, por ejemplo, en 2014, durante un ataque en la Franja de Gaza por parte de Israel, la presidenta Cristina Fernández y el Papa Francisco terminan pidiendo por el único cura argentino que estaba allí. Era Jorge Hernández, que logró reunirse con el Papa cuando uno creería que, por su discurso, Francisco está enfrentado al Verbo Encarnado. Entonces, son estratégicamente inteligentes como para saber dónde estar presentes.

Por otro lado, en la Fundación Civilidad, si bien no están en el cuerpo religioso, propugnan la doctrina social de la Iglesia previa al Concilio Vaticano II, y como Fundación hacen acuerdos con provincias y municipios para actuar sobre sus cartas orgánicas y hacer sugerencias sobre cómo deben estar estructuradas. En la actualidad, limpiando cualquier atisbo de religiosidad a su discurso, proponen el mismo tipo de acción política que el comunitarismo.

-La visibilidad de los grupos católicos en la escena política pública actual no es común. Los momentos más visibles son, quizá, durante los Encuentros de Mujeres, como pasó este año en Mar del Plata. ¿Cómo es la actualidad de esos grupos más dogmáticos?

-En Paraná mantienen un reducto cerrado que es donde hoy están más presentes quizás esas luchas que llevaron en los sesenta y setenta con Tortolo y Escurra Uriburu a la cabeza. El libro cierra con un mensaje de los jóvenes de Martillo Hereje, un espacio de esa congregación cuyos integrantes son del colegio El Madero y son formados por la última generación que formó Tortolo en Paraná. Es un mensaje a las feministas donde les muestra cómo están al tanto de todos sus movimientos. Lo demostraron con mayor claridad en 2010, cuando en el Encuentro de Mujeres que se hizo en esa ciudad actuaron de dos maneras: por un lado, infiltrándose en los talleres y, por otro, irrumpiendo por la fuerza y atacando a las mujeres durante la marcha, a quienes esperaron en la Catedral.

-Según su investigación, ¿cómo está conformado hoy el mapa de la derecha católica?

-Son quizás tres expresiones hoy: la Fundación Civilidad adaptándose, el Verbo Encarnado, y cierra en Paraná donde la lucha es más frontal, cuerpo a cuerpo, con antisemitismo y alianza con el Partido Popular de la Reconstrucción (PPR) de Mohamed Seineldín, que aunque no tiene ninguna posibilidad electoral tiene un grupo minúsculo con capacidad de acción. Por otro lado, en la ciudad Buenos Aires existe el Instituto de Filosofía Práctica (Infip), que viene a ser el panteón de los pensadores del integrismo católico, en donde se suelen hacer homenajes anuales y mensuales a los grandes pensadores de la derecha católica como Jordán Bruno Genta. Ahí te encontrás con gente que integró o a dado cursos en las Fuerzas Armadas y está dirigido por el escribano Bernardino Montejano. El Infip hoy publica una revista que se llama Ethos y una columna en La Nación. En general tienen una actitud más contemplativa y reflexiva, donde lo máximo que puede verse son críticas por derecha al Papa cuando habla sobre los gays, el aborto, etcétera.

-La idea generalizada es que la ultra derecha de la Iglesia Católica tiene sus grupúsculos como el de Pampillón en Mar del Plata. Es decir, que no mueven el amperímetro y no tienen incidencia política.

-No tienen peso electoral. Lo que sí tienen es que, por un lado, tejen alianzas solapadas, como intentaron hacer con (el ex candidato presidencial Sergio) Massa, aunque se les cayó. El ex gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, se valió de uno de los presidentes del PPR de Paraná para poder mantener reuniones con el arzobispo actual, monseñor Juan Alberto Puíggari, sospechado entre otras cosas de encubrir al cura Justo José Ilarraz, procesado por medio centenar de abusos de menores. Es decir que electoralmente no tienen peso, pero hoy son lo suficientemente inteligentes como para no estar en la superficie, sino operar de otra forma.

-El libro se llama “de la contrarrevolución a Francisco”. ¿Qué significó para la derecha católica la asunción de Bergoglio como Papa?

-Para la derecha católica, después de un momento de tensión por no saber cómo se iba a manifestar en temas centrales para ellos como el aborto, el divorcio, y esta idea de recuperar y cautivar nuevamente a los católicos, generó un momento de tensión que fue como un parteaguas. Los fascistas, como los de la revista Cabildo o los que están agrupados en el colegio El madero, consideran lo peor que haya llegado Bergoglio, que tiene una impronta carismática. Pero para el Opus Dei y la Fundación Civilidad fue un suspiro y generó la posibilidad de reagruparse sabiendo cuál es el faro. La derecha católica con Francisco se reorganizó y después de algún momento de tensión logró ser más efectiva. Incluso dentro del campo católico, aunque sí ha avanzado en el mundo. El Papa ha mostrado en Argentina escasísimos avances contra los abusos, que es otro de los temas que toca el libro.

-¿Cómo se interpone en el libro el tema de los abusos?

-El tema de los abusos ingresa en el contexto de Paraná. El caso que yo toco es el de los abusos de José Ilarraz, que ocurrieron entre mediados de la década del ochenta y principios del noventa, cuando era secretario de Karlik, que era el que supuestamente iba a renovar el arzobispado. En ese momento, las víctimas tenían doce o trece años y por el caso se realizó un simulacro de juicio diocesano en el que Ilarraz fue enviado a Roma. En 2009 o 2010, un grupo de curas se entera de que había vuelto al país y que estaba dando misa en Tucumán. En 2012 se hace público el caso con una causa con siete denunciantes, aunque se estima que fueron en total unas cincuenta víctimas. En el libro alcanzo a contar que en la Argentina comenzó a conformarse desde hace unos ocho meses la Red de Víctimas de Abuso Eclesiástico que lidera la platense Julieta Añazco. Lo que demuestro es que en los casos del exterior Bergoglio actúa.

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PRESENTACIÓN EN PARANÁ

Será el jueves 25 de febrero a las 20 en la Fundación La Hendija, de Paraná.

En la mesa estarán el periodista especializado y biógrafo del cardenal Estanislao Karlic, Ricardo Leguizamón, el corresponsal de La Nación, Jorge Riani, la militante feminista María Elena Alé y la víctima y denunciante por los abusos del cura Ilarraz, Fabián Schunk.

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