Deshistorización de la lucha trans argentina

Deshistorización de la lucha trans argentina

Por Claudia Vásquez Haro

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Por Claudia Vásquez Haro*

La designación de Mara Pérez Reynoso, mujer trans, militante del PRO, como coordinadora nacional de Diversidad del Ministerio de Seguridad de la Nación por la ministra Patricia Bullrich genera preocupación en las integrantes del colectivo trans. Pensar esto como sinónimo de inclusión está lejos en términos reales y concretos. Detrás de estas  decisiones, sabemos, se esconden cuestiones profundamente ideológicas/políticas que dan paso a la dialéctica visibilización/invisibilización.

Mientras el Gobierno macrista muestra a una trans como “la primera funcionaria en ocupar un cargo en el Estado nacional”, invisibiliza a más de un 95% de nuestra comunidad que vive en condiciones de extrema vulnerabilidad. Si tenemos en cuenta el contexto político actual, sumado a la criminalización de la protesta social, dicho nombramiento no es azaroso, sino que le confiere inteligibilidad y es engañoso haciendo creer que por ser trans las decisiones que tome serán en favor de nuestra comunidad.

Basta recordar la decisión de la vicepresidenta de la nación Gabriela Michetti, que, siendo una persona con discapacidad, no respetó la ley de cupo laboral y despidió a más de un centenar de trabajadores discapacitados del Senado de la Nación; quien, enceguecida por su afán revanchista y bajo el discurso de “los ñoquis”, dejó sin fuentes laborales a alrededor de dos mil trabajadores.

La contradicción de ser trans de derecha

El pensamiento de Mara Pérez Reynoso representa el discurso conservador de la derecha más recalcitrante de Argentina, basada en la doble moral, las buenas costumbres y la clase; donde su máximo exponente es el actual presidente de la nación, Mauricio Macri.

Es preocupante que una persona con estas ideas ocupe un cargo de diversidad. No sólo desconoce el lenguaje no discriminatorio (en una entrevista habla en masculino refiriéndose a nosotras, paradoja de haber estudiado comunicación social, donde nos enseñan que las palabras producen sentido en la sociedad), sino que también desconoce la realidad que vive el colectivo trans en Argentina.

Me pregunto: ¿va a enseñar a integrantes de las fuerzas de seguridad a no reprimir y dejar perseguir a las compañeras trans que se encuentran en estado de prostitución por falta de políticas públicas? ¿O cómo disciplinarnos cuando salgamos a protestar por los reclamos de nuestros derechos? En verdad, no queda claro cuáles van a ser sus funciones.

En una entrevista radial que le hizo el periodista Nelson Castro en relación al proyecto de ley presentado por la legisladora porteña María Rachid sobre la reparación para las personas trans mayores de cuarenta años, dijo: “En calidad de vicepresidente de la Unión PRO Diversidad, nos oponemos al subsidio. El kirchnerismo a través de estos planes termina con la cultura del trabajo”. También lo denomino “planes descansar” (https://www.youtube.com/watch?v=eMTkQZpGFRM).

Al mejor estilo del manual de Duran Barba, utilizado en campaña por los candidatos de Cambiemos, empieza a dar nombres de personas que nadie conoce, y que a esta altura del partido no importa si existen. La intención es que surja efecto y que la audiencia crea que lo consultó con nosotras, quienes le dijimos que nos oponíamos a la idea de la reparación. Habló en nombre de todas, sin consultarnos, desconociendo nuestros modos de organización social y acción política. Cabe recordar que en Argentina existen hace más de veinticinco años organizaciones de la sociedad civil de personas trans que luchamos por la inclusión social y la no discriminación por cuestiones de orientación sexual, identidad y/o expresión de género como ATTTA, ALITT, Futuro Trasgenérico, MAL, OTRANS, entre otras.

El proyecto mencionado buscaba reparar en términos pecuniarios a personas trans mayores de cuarenta años, quienes han visto casi toda su vida al Estado violar sistemáticamente sus derechos. Según los estudios realizados entre 2005 y 2007  publicados en los libros La gesta del nombre propio y Cumbia, copeteo y lágrimas (compilación de Lohana Berkins), la expectativa de vida de las integrantes de nuestro colectivo es de 35 años por la falta de acceso a derechos básicos como la educación, la salud, el trabajo, la vivienda, entre otros. Quienes pasamos esa barrera somos consideradas sobrevivientes de este sistema nefasto que nos excluye, discrimina, estigmatiza y termina con nuestras vidas. A ese sistema Mara Pérez Reynoso le es funcional.

Su objetivo era claro: con tal de defenestrar al kirchnerismo, tiró por tierra el proyecto, no le importó el estado de extrema vulnerabilidad en el que viven la mayoría de las personas trans. Descontextualizó la idea principal del proyecto e intento deshistorizar nuestra lucha y militancia. Se apropió de nuestras banderas para erigirse como la representante de todas, cuando en plano concreto no nos representa. No sólo fue “usada” por el PRO para obstaculizar el proyecto, sino que reforzó en la opinión pública el discurso de mantener “vagos” y “planeros”. Así, nos queda claro que ser trans no es garantía de nada, mucho menos de que vaya a defender nuestros derechos.

La histórica militante Lohana Berkins, cuando escuchaba este tipo de declaraciones, decía: “estas nenitas nacidas en democracia desconocen la historia de nuestro movimiento”, el cual hoy es considerado por organizaciones de otros países como uno de los más  combativos y organizados del mundo. Según Rodolfo Walsh, las clases dominantes han procurado siempre que los pueblos no tengan memoria, no tengan historia. Así, cada lucha debe empezar de nuevo. Pero somos muchxs que de a poco seguimos militando por una patria libre, justa y soberana. La historia escrita por vencedores no pudo y no podrá hacer callar nuestras voces.

“La prostitución es la salida laboral más fácil”

Pérez Reynoso plantea la prostitución en términos simplistas. La denomina “la salida laboral fácil”. Desconoce las múltiples causales y factores que hacen que las compañeras se encuentren en estado de prostitución. Habla con liviandad y sin ningún tipo de conocimiento de un tema sensible entre las compañeras.

Apela a dos casos que conoce, el de una peluquera y una modista, para explicar que se puede hacer otra cosa que no sea la prostitución. Con esos ejemplos intenta dar respuesta al desempleo, para desentenderse de la problemática en sí. Argentina es abolicionista en relación a la prostitución, no la prohíbe, ni la regula.

Generar distinción entre las que se prostituyen y las que no es una división tendenciosa y harto problemática. Sabemos bien cómo opera el estigma y la doble moral, incluso dentro del mismo colectivo. Acá desaparece automáticamente la responsabilidad del Estado y como especie de transferencia se traslada la discusión de uno grupo y otro. Así, el poder muestra una de sus caras más perversas, bajo el conocido dicho “divide y reinarás”. Acuña la responsabilidad de nuestros destinos en términos individuales. Esta práctica se naturaliza, y no nos permite reflexionar críticamente sobre la prostitución como una imposición cultural avalado por los Estados y mercados, los cuales atraviesan nuestros cuerpos y lo convierten en mercancía que puede salir a la venta en términos de oferta y demanda.

Este tipo de pensamiento refuerza el imaginario social que han instalado los medios de comunicación a través de sus representaciones sobre nosotras, asociando la identidad de género con la prostitución. Deslindando la responsabilidad principal del Estado de generar políticas públicas para nuestro colectivo, reforzando un discurso de orden.

Anteponer el esfuerzo personal al colectivo 

Mara tiene una mirada neoliberal, individualista. Sostiene: “hay veces que es necesario poner un poco de empeño” para conseguir un trabajo que no sea la prostitución. Como si sólo se tratara de esfuerzos individuales y no colectivos. Argumento que intenta simplificar, o hasta desconocer, la discriminación que viven todos los días las compañeras a la hora de buscar un trabajo formal, quienes no son tomadas por prejuicio en relación a su identidad de género. La vida de las personas trans es compleja, está llena de obstáculos, a traviesan una concatenación de violencias: en la mayoría va desde la expulsión familiar, la violencia institucional, hasta discriminación de parte de la sociedad civil.

Tenemos que aprender a mirar más allá de lo que nos pasa a cada unx. Por ejemplo, en mi caso personal soy una mujer trans migrante. Vine hace dieciséis años de Perú a estudiar.  Me recibí de licenciada en Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), soy hija de la Universidad pública argentina y por eso la defiendo. Hace diez años soy docente e investigadora en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, en la que estoy por recibirme como doctora en Comunicación Social. Hace cuatro años trabajo en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA) que depende de la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación. Detallo todo esto porque, si bien le puse las ganas a estudiar, no fue suficiente. Acá hubo muchas otras cosas cuestiones que se pusieron en juego, y que muchas veces se intenta desconocer e invisibilizar, como la contención familiar, amigxs, compañerxs de militancia, pero, sobre todas las cosas, una decisión profundamente política.

Es decir, sin los derechos humanos como políticas de Estado desde 2003 hasta 2015, nada de esto hubiera sido posible. Hubo un Gobierno que nos escuchó y materializó los reclamos de las organizaciones de la diversidad sexo/genérica y lo plasmó en leyes. En mi caso personal, sumo la nueva ley migratoria, la de identidad de género y la de cupo laboral trans de la provincia de Buenos Aires, entre tantas otras conquistas que nos beneficiaron a millones de ciudadanxs. Eso quiere decir que todo lo que una logra es el resultado de esfuerzos colectivos.

Las trans del campo popular  

En la militancia de la diversidad sexo/genérica no se la conoce a Mara Pérez Reynoso. Esto no es un dato menor. Todas las trans militantes reconocidas provienen del campo popular. Con recorridos de experiencias vitales de situaciones límites. Sobrevivientes de los códigos de falta o edictos policiales que criminalizaban las identidades trans (travestis, transexuales y transgeneros). Esos saberes no los aprendimos en ninguna Universidad, sino en las calles, en el barro. Allí había que pensar bien cuál era la táctica y la estrategia para poder sobrevivir en el día a día. Muchas de nosotras habíamos sido expulsadas de todas las instituciones, incluidas nuestras propias familias a los trece años de  edad. De ahí el concepto de nacer en el territorio enemigo.

El activismo en Argentina surge ante la imposibilidad de transitar libremente por la vía pública, detenciones arbitrarias y un latente estado de sitio. Las compañeras que se encontraban en estado de prostitución pudieron visibilizar nuestra existencia y disputar la hegemonía del espacio público. Personas trans siempre hubo, pero en términos de organización social y política, en estos lares, datan desde fines de los ochenta y principios de los noventa. Se me vienen a la memoria nombres de históricas militantes que dieron la pelea desde y en las calles, quienes le pusieron el cuerpo y la vida a nuestra lucha para que hoy nosotras podamos vivir en un país mucho más igualitario: Lohana Berkins, Nadia Echazu, Claudia Pía Baudracco, Diana Amancay Sacayán, entre otras.

Así, en tantos estatutos de valores discursivos, la experiencia nos demuestra que no sólo se trata de encubrir la cuestión de clase, sino que, ante la opinión pública, sus acciones cobran cierta inmunidad. No escuché a nadie cuestionar el accionar de Michetti con las personas con discapacidad, porque queda como si se tratara de una cuestión entre pares, desconociendo el costo político de su accionar. Sabemos que lo que esconden estas  decisiones es una aparente inclusión, para justificar la represión, el hostigamiento y la persecución política.

Repudiamos este tipo de pensamiento conservador que termina segregándonos y  potenciando la discriminación hacia las integrantes de nuestro colectivo. Exigimos a Mara Pérez Reynoso que pida disculpas públicas, porque consideramos una falta de respeto a nuestra militancia y a la memoria de nuestras compañeras que ya no están entre nosotras y que le pusieron el cuerpo para conseguir que el Estado reconozca nuestra identidad autopercibida, de lo cual ella también ha sido beneficiaria. Todo lo que conquistamos no son dádivas ni concesiones del Estado, sino el resultado de las luchas sociales de los sectores más desventajados de nuestra sociedad civil.


* Docente, investigadora de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, directora del observatorio de Comunicación, Género y Diversidad, con perspectiva en derechos humanos de FPyCS, UNLP. Titular de OTRANS La Plata.

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