Por Julia Narcy*

Si hay algo que se está poniendo complejo en estos últimos cincuenta días es ordenarse. Llueven malas noticias, pésimos augurios, nos cubren, unas sobre otras, muchas capas de inseguridad.

Pero viene bien hacer el ejercicio de intentar tener una mirada más amplia de lo que está pasando en Cultura de la Nación desde que el nuevo Gobierno de Mauricio Macri asumió el poder.

Las primeras declaraciones del ministro de Cultura Avelluto se orientaron a atacar la “parcialidad” de las políticas de la gestión anterior, alegando que se había suspendido el pluralismo para contar una sola versión de la historia. Intercalando honores a algunos programas y elogios a la calidad de los empleados y su entrega constante (cita) con críticas a la supuesta unidireccionalidad de las políticas escogidas en los últimos años.

Sin embargo, poco y nada se habló de propuestas propias, mucho menos sobre detalles de qué programas seguirían en pie y cuáles serían desactivados.

Inmediatamente nos enteramos del desalojo de los trabajadores y sus pertenencias en el CCK, emblema de la gestión anterior y de mucha visibilidad. Todos desprolijos. Todos ñoquis. Todo carísimo. Vamos a evaluar qué sigue, qué no, quién se queda, quién se va de esta manga de grasas militantes.

Seguimos casi un mes sin políticas ni precisiones y con llamativos silencios. Se entrevistó a los trabajadores, se les pidió que contasen los programas que desarrollaban, se los interrogó, se los escuchó, pero sin dar ningún dato de las nuevas intenciones.  Recién el fin de semana pasado realiza todo el equipo nuevo un “retiro” para “planificar” nuevas medidas.

El martes nos enteramos de tres despidos en el área de Prensa del Ministerio, dos periodistas, una secretaria, personas con familias, trabajadores y trabajadoras.

Ya acercándonos al fin de semana, y para que no se nos ocurra relajarnos y disfrutar, el viernes amanecimos con la novedad de agentes de seguridad en la puerta, listado en mano y movimientos de cabeza hacia arriba y abajo o hacia los costados. Si estabas despedido, del otro lado de la reja y que te abracen los compañeros. Si seguías con trabajo, podías entrar, otra vez a encontrarte sin novedades de cómo seguir, y sin autoridades que diesen respuesta.

Pero todos estos mecanismos evidencian algo más profundo y fantasmal.

Uno – Empezamos con el argumento de la grieta que tan brutalmente planteó en 2013 Jorge Lanata y de ahí profundizaron los grandes medios repercutiendo en vastos sectores sociales que lo hicieron propio.

Dos – La grieta divide a los argentinos en dos bandos: los honestos, apolíticos y buena gente, y los peronchos, k, militantes grasas, cerrados y obsecuentes del poder verticalista concentrado en una loca sinrazón, que destinaron al país a la más absurda  anormalidad y lo pusieron patas para arriba.

Tres – A ese país lo quieren “normalizado”, sin historia, sin memoria, sin militancia en las calles, en el trabajo, en ningún lado. Mucho menos en el Estado. Que se lo imaginan limpito, chiquito, ordenado y listo para los grandes negocios.

Cuatro – La cultura es un “gasto” que está bien, si es para entretenernos y “disfrutar” de las bellas artes, fundamentalmente las que se producen en la ciudad de Buenos Aires, que –ahora sí– vamos a sacar a pasear por todo el país. Llevaremos la cultura a todos lados, donde no la hay. Y nos dejamos de jorobar con las culturas, la diversidad, las riquezas ancestrales. La cultura es una sola. La producen los artistas y todo lo demás es demagogia populista.

Cinco – Para cerrar el esquemita, que es un sistema para nada novedoso, se viene la retrógrada ley de mecenazgo –una perlita para las empresas que dejarán de pagar impuestos y elegirán lindas producciones que financiar–.

Seis – Se cierra la ventana por la que mirar hacia atrás. Basta de revolver las versiones del devenir de nuestro tiempo. La historia es aburrida (dice el ministro), genera controversias, es inquietante y no queremos movimiento. La sola palabra los asusta y los remonta al hecho maldito. Cerramos institutos que revisan el pasado, secretarías y programas que instalan figuras y momentos que creíamos bien tapados debajo de la alfombra hasta que llegaron los anormales. Nos vamos a dedicar a que los museos tengan concursos (que no está mal, claro), lindos festivales y propuestas de formación para artistas.

Siete – Para eso no se necesita tanta gente, y con los poquitos que nos quedamos ejemplificamos a los que se hacen los locos.

Ocho – De la grieta pasamos al abismo.

Nueve – A despedirnos de las políticas que se desarrollaron con esfuerzo, luchas e incorporación de trabajadores al sector estatal para engrosar los equipos de producción de contenidos de un Ministerio dinámico, con propuestas, con diversidad, con debates, con promoción y protección de los derechos culturales, además de las tradicionales áreas relacionadas con las artes y su expansión por todo el territorio nacional.

Diez- A despedirnos de un Estado que, a través de una Secretaría, se proponía girar sobre el Pensamiento Nacional y Latinoamericano (¿qué es eso?). ¿Pensar la historia, las tradiciones políticas, culturales, los sino de nuestra patria, discutir, promover el debate, no sólo entre argentinos sino entre latinoamericanos y europeos, como fue el Foro Emancipación e Igualdad y el Foro Nacional y Latinoamericano? ¡Una locura! Los Foros federales por una Nueva Independencia se van… saludando y mirando hacia atrás tratando de mantener en la memoria miles de momentos, personas, encuentros, en los que nuestras identidades, nuestras luchas, nuestros desafíos eran puestos sobre la mesa, exprimidos y compartidos entre miles de ciudadanos.

Once – Habrá que ver qué destino tendrá el MICA, en SINCA, que fueron mencionados por las nuevas autoridades como modelos a seguir… Es tentador para un Estado que todo lo privatiza encontrarse cara a cara con datos, productores y productos, mercados posibles y expansibles… pero ahora, con otras lógicas.

Mientras tanto, en la calle, una parte de los protagonistas de estos recuerdos compartidos nos abrazamos para lamentarnos juntos no sólo de quedarnos sin trabajo… sino de quedarnos sin las políticas que nos habían posibilitado desarrollar nuestras capacidades para hacer de este país un país más justo, diverso, soberano y participativo, asumiendo las tensiones inevitables, haciéndolas visibles y llamándolas por su nombre.

Nos despedimos por ahora de las políticas que se construyen mirando a los ojos a la ciudadanía, sensibilizándonos por demandas antiguas y nuevas.

Las políticas de despidos forman parte de este despido de las políticas que este conglomerado de CEO viene a destruir, intentando borrar sus rastros. Primero, como antaño, van contra los símbolos. Los sustituyen por lavadas imágenes, a lo sumo llenas árboles y mucho verde que tanto abunda en Recoleta.

Y nos quedamos así, mirando hacia el precipicio. Sabiendo que hay que ordenar, organizar y hacer frente a este tremendo serrucho de derechos conquistados.


* Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas.