Por Leandro Gianello

Se hizo público días atrás el despido de trabajadores de la empresa estatal ARSAT, buque insignia de la soberanía en telecomunicaciones espaciales que el kirchnerismo legó a todo el pueblo argentino, y que permitió el desarrollo y la aplicación de ingeniería local en la administración de los satélites construidos en el país.

Fueron veinticuatro los empleados arbitrariamente desvinculados por el macrismo, tres de cargos jerárquicos y dirección, sucedidos a fines de 2015, pero, según indicaron desde el grupo de “Trabajadores de ARSAT defendiendo la soberanía” en su página de Facebook, seis de estos trabajadores “provienen del área de la ingeniería, mientras que otros seis son de las ciencias sociales o humanísticas, cinco de ciencias económicas” y los restantes pertenecen a la rama del derecho.

El comunicado que se difundió a través de las redes sociales destaca que todas estas personas, profesionales, que ahora son desempleadas “se desempeñaron en sus funciones cumpliendo con su trabajo, tareas y responsabilidades”, sin que ninguna de ellas haya cobrado un salario por no hacerlo.

ARSAT opera los dos satélites de telecomunicaciones construidos por INVAP en San Carlos de Bariloche, enviados al espacio durante el último gobierno de Cristina Kirchner, pero además gestiona y mantiene la plataforma de la Red Federal de Fibra Óptica y la Televisión Digital Abierta (TDA), que también ha comenzado a recibir las primeras sacudidas de la gestión macrista.

“Que el común de la gente piense que en ARSAT sólo trabajan científicos no sería tan grave como que el nuevo presidente de la empresa (el radical Rodrigo De Loredo, yerno del ministro de comunicaciones Oscar Aguad) diga a los medios que no se despidió a ninguno de ellos, como si fuera un atenuante de lo que han hecho”, indicaron en el comunicado.

A decir verdad, en la empresa satelital “casi no hay científicos”, pero sí ingenieros y muchos profesionales de otras áreas “que son tan importantes como estos”, advirtieron los representantes de los trabajadores, y todos ellos provienen de diversas disciplinas y desarrollan sus tareas “con idoneidad y compromiso”.

De la misma forma, el texto advierte que la supuesta distinción entre “científicos o no científicos” es engañosa y busca generar distracción, ya que el eje del conflicto y la raíz del peligro pasa por otro lado: “Si justificamos los despidos en base al rol o a la profesión o a la ocupación de las personas afectadas, incluso por sus convicciones políticas, estamos avalando un accionar violento, autoritario y discriminatorio”, argumentaron.

Los responsables del escrito denunciaron también que el despido de los veinticuatro trabajadores se debió, según la nueva gestión, a una “reestructuración”, pero que ni De Loredo ni los responsables “se reunieron con ellos para ver qué hacían, qué tareas desempeñaban y cuál era su plan de trabajo para este año. No hubo auditoría ni evaluación de desempeño. Hubo lista negra y persecución política e ideológica”.

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Trabajadores del Instituto Biológico, en alerta

En la misma línea, pero en materia local, empleados del Instituto Biológico Tomás Perón, en La Plata, se manifestaron frente a la sede de Avenida Antártida y 525 que depende del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, para reclamar por los supuestos despidos de dieciséis de sus dependientes.

Fabián Tibaldi, trabajador del Instituto, dijo a Contexto que la movilización realizada en las puertas de la institución fue en reclamo de las fuentes laborales de los compañeros afectados, que con diferentes años de antigüedad y distintas funciones no pueden ser considerados “ñoquis”.

Aunque hubo ausencia de autoridades, los representantes pudieron dialogar con responsables jerárquicos “que se comprometieron hasta el lunes próximo a revisar caso por caso”, indicó Tibaldi.

El Instituto Biológico Dr. Tomás Perón, inaugurado en 1962, tiene a su cargo el control de calidad de medicamentos, alimentos y otros productos de consumo relacionados con la salud humana, además de producir vacunas y sueros y realizar diagnósticos de enfermedades infecciosas a nivel provincial.

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