Por Lucía García Itzigsohn*

Yessica Emilia Uscamayta Curi tenía 28 años y era estudiante de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata. Iba a ser la primera graduada universitaria en su familia de siete hermanos. Era la sexta hija de Juan Uscamayta y Eugenia Curi.

La madrugada del 1° de enero, después de brindar en la casa familiar de Melchor Romero, Emilia y su hermano Cristian fueron a la fiesta de La Frontera, a cuatro cuadras de la casa, en la casa quinta “San Cayetano” de la calle 520 e/ 159 y 160. El evento había sido convocado a través de las redes sociales con las consignas: “En La Frontera el límite lo pones vos” y “Vení y rompé todo”. La entrada costaba $150 y el costo se acrecentaba para estar en la pileta, o para ocupar los gacebos más cercanos.

Unas seis mil personas participaron de la fiesta en la que, según estableció el fiscal Álvaro Garganta de la Unidad Funcional de Instrucción y Juicio N° 11 de La Plata, no había un solo guardavida, a pesar de que la pileta de aproximadamente ocho por veinte metros y dos metros de profundidad estaba habilitada. Y de que se vendían bebidas alcohólicas en cantidad.

La entrada tenía un costo de $150 y $200 con ingreso a la pileta. Si, efectivamente, asistieron alrededor de 6.000 personas –la fiesta comenzó pasadas las 24 horas del 31 y se extendió hasta las 16 del primer día del año–, la recaudación solo por entradas fue de 1.000.000 de pesos. Si a ese monto le sumamos la venta de bebidas alcohólicas, cuyo valor rondaba entre los $160 el Speed hasta $580 el champagne Barón B –en este cálculo no se estima lo recaudado en venta de pastillas (entre $50 y $60) y otras sustancias–, fueron entre dos y tres millones de pesos en una sola noche.

Emilia participó de una investigación en la que junto a tres compañeros pudieron probar que el diario El Día de La Plata había incurrido en plagios reiterados. Trabajaba en el Consejo Académico Institucional con orientación intercultural, una experiencia de intervención en escuelas públicas que propone incorporar la agenda cultural latinoamericana, valorizar las tradiciones originarias, hacer presentes en la currícula los saberes populares que muchas niñas y niños aprenden en sus casas. Le preocupaba que no llegara justamente a las escuelas con menos porcentaje de migrantes: “es donde más hace falta”, decía. Formaba parte del Equipo de Educadores Identidades de La Plata, una comunidad que por estos días se pregunta en sus redes sociales: “¿por qué reproducir papás noeles, gorros rojos, medias abrigadas, trineos y renos si tenemos tanta cultura nuestra donde aprender a mirarnos?”.

Emilia no sabía nadar. Una joven, también participante de la fiesta, relató: “Yo vi cuando estaban sacándola, un chico la vio, pega un grito y saca a toda la gente que estaba ahí porque era un quilombo de gente y le toma el pulso; no tenía pulso y le empieza a hacer el RCP (reanimación cardiopulmonar). Le empieza a hacer re bien. La mina tenía la panza recontra hinchada mal y estaba violeta, violeta, los labios violetas. Le estaba haciendo RCP y llega un organizador de la fiesta y le dice: ‘¿Qué haces flaco? Tomatela, salí de acá’. Lo saca y le empieza a hacer él RCP, pero le hizo mal. El otro chico le dice: ‘Yo hice primeros auxilios, le estás haciendo mal’. En eso se acerca otro, dueño de la fiesta, que es el dueño de Ruta y dueño de Block, se empieza a reír y dice: ‘Estás jodiendo, estás jodiendo’, y la pone de costado y le pega en la espalda para ver si escupía. Estaban todos re drogados, locos, no sé. Y ahí cuando la tuvieron diez minutos y no reaccionaba, ahí se dieron cuenta que estaba muerta. La música seguía, te juro. Nosotros ahí nos fuimos, toda la gente bailando, todo con la música electro. Cuando estábamos saliendo apagan la música y todos empezaron a gritar porque la apagaban. Nunca nadie se enteró de lo que había pasado. Cuando salimos, nos estábamos yendo, shockeados, uno de los dueños de la fiesta se fue en un auto recontra zarpado descapotable cagándose de risa con la música a todo lo que da. Era uno de los de la fiesta que había dejado a la mina ahí tirada, muerta. Son unos hijos de puta”.

Juan Uscamayta es de origen aymara. Fundó la Casa del Aborigen, una de las primeras organizaciones originarias de La Plata. “Ya no va a patalear ni a gritar, no la tengo más”, dice. “La abandonaron”.

El fiscal investiga también el rol del municipio y de quienes debían controlar y habilitar un evento que, aunque privado, se promocionó abiertamente en las redes sociales. La investigación confirmará si agentes de Control Urbano enviaron advertencias al dueño de la quinta y si se hicieron presentes a las 4 de la madrugada a clausurar el lugar sin éxito, ya que dos horas más tarde la fiesta continuaba.

Los organizadores fueron identificados y están siendo investigados por homicidio culposo. Son el propietario de la casa quinta, Carlos Federico Bellone, Raúl Ismael García, el empresario dueño del  boliche platense London, Santiago Piedrabuena, y Gastón Haramboure, condenado a diez años y ocho meses de prisión por la muerte de Juan Andrés Maldonado, en 2009, frente al boliche Alcatraz de Berisso.

La autopsia confirmó que Emilia murió por asfixia por inmersión. El juez Fernando Mateos establecerá las responsabilidades penales. La fiesta terminó a las cuatro de la tarde del 1° de enero, es decir que continúo durante siete horas después de que murió Emilia.

Los patovicas que cuidaban que nadie sin su respectiva entrada ingrese a la pileta, y que cada un determinado tiempo la hacían vaciar para a los diez minutos habilitarla de nuevo, no se ocupaban de cuidar que nadie se ahogue. Nadie midió el riesgo de miles de chicas y chicos alcoholizados en una pileta.

Emilia había viajado junto a dos compañeras del Equipo de Educación Intercultural a Bolivia, a participar de la asunción del presidente Evo Morales. Proyectaba ir a vivir a La Paz. En la casa de la familia Uscamayta Curi, un altar originario rinde homenaje a la joven muerta.

Se abren una serie de interrogantes a los que esta gestión deberá dar respuesta. En tan sólo veinte días, el Estado neoliberal ya está en pleno ejercicio, descuidando sus responsabilidades, dejando a las y los jóvenes a merced del mercado, retirándose a su mínima expresión. Habilitando con su ausencia el “Vení y rompe todo”.


* Periodista, docente de Periodismo de Investigación de Yessica Uscamayta Curi en la FPyCS de la UNLP.