“Quién lee artículos o libros sobre música no necesariamente busca complementar la experiencia de la escucha como si el texto fuera una continuación de la música por otros medios. La música como trama argumental puede resultar muy interesante”. La frase, del historiador y ensayista Sergio Pujol, forma parte de una entrevista para el número 15 de este suplemento – a propósito de la publicación de su libro Oscar Alemán, la guitarra embrujada– y resuelve uno de tantos forcejeos que se suceden alrededor de la cuestión musical: ¿por qué leer sobre música? ¿por qué escribir sobre música?

La realidad es que la experiencia sensible es tan variada que inclusive existe un público que prefiere leer sobre, por ejemplo, rock progresivo -o sobre folklore, o hard rock, o etc.- antes que escucharlo. El auge de las biografías musicales es un fuerte indicador de ese fenómeno. “Hace un tiempo que hay un furor con lo musical y se encuentran libros de todo tipo”, remarca el periodista Oscar Jalil en una entrevista para nuestro número 23, donde habla de la publicación de su libro Luca Prodan, libertad divino tesoro. “Es algo que en otras partes del mundo existe desde hace mucho, de hecho en Europa hay librerías especializadas donde son todos libros de música y rock”. El fenómeno no solo describe el placer por la música en formato de texto e imagen, sino también una necesidad: la de registrar lo que pasa mientras pasa, la de recuperar la palabra de los actores, la de ponerle rostro a la música, publicar debates y opiniones, hacer huella. En la misma charla, Oscar Jalil mira a los medios especializados y señala: “Los medios de rock agitan y ayudan, pero no determinan”. En esa responsabilidad intentó situarse Pequeña Babilonia. En cada uno de los 36 números que completan este año, la ambición fue la de construir un registro sostenido de la diversidad musical de la ciudad, esforzarse por rastrear las ideas y las tensiones detrás de la vasta producción local, y hacer una valoración -subjetiva, como cualquier otra mirada-.

Las portadas del suplemento, a cargo del artista pop Falo Papas, le aportaron a Pequeña Babilonia una identidad imprevista, que además de darle el toque plástico al tráfico musical, también representaron a otros traficantes de cultura -un poeta trash, una película, un fotógrafo, un escritor, un pornógrafo-, actores fundamentales de una escena en agite permanente. Estamos convencidos de que es necesario elaborar una memoria de la cultura colectiva. Así lo entendemos todos los que colaboramos con Diario Contexto, y así lo hicimos. Hasta el año que viene.

Staff

Editores

Juan Barberis – Leandro de Martinelli

Asesor editorial

Tomás Viviani

Colaboradores

Nicolás Arias – Gonzalo Bustos – Juan Facundo Díaz – Luciano Lahiteau – Magalí Lela – Alejandro Reyes – Tomás San Juan – Martín Sanzano

Fotografía

Luciana Demichelis – Agustina Fontirroig

Ilustraciones de tapa

Falo Papas