El Mató – Violencia

A tres años de La Dinastía Escorpio, la banda local busca aire fresco. Por Juan Barberis

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“Abrazame, abrazame” pide Santiago Motorizado en “Violencia”, y el clima desolador de la canción que abre el nuevo EP de El Mató parece fundirse con demasiada precisión -como sucedió en menor o mayor medida con todos los trabajos del grupo local- con el clima de la época. Es una canción de guitarras espejadas que apuntala el inicio de un trabajo breve que, sin un concepto general o un patrón unificador, aparenta ser más un cúmulo de simples u outtakes, que una de las obras calculadas y sesudas que viene soltando la banda desde su fundación.

En “El baile de la colina”, un arpegio brilloso sumerge la canción en un mantra repetitivo que termina con el gesto más pop del disco, mientras Barrionuevo arenga “Vamos, cariño, vamos…”. “Rucho”, en cambio, es un instrumental matizado entre teclas, arpegios y una base que por momentos se pone revulsiva en tono krautrock y que sugiere la construcción mental de una línea de voz que jamás asoma. Para el final, “Aire fresco” resulta el movimiento más renovador del trabajo, con una batería de golpes metálicos que sostiene el lamento susurrado del Chango (“Rompiste mi corazón / Y este fin de todo llega como aire fresco”), hasta explotar en zarpazos de guitarras expansivas y reverberantes en clave Spiritualized, que terminan por dibujar tres puntos suspensivos en el aire y dejan con ganas de mucho más.