“El Gobierno busca bajar las importaciones por la devaluación que espera”

“El Gobierno busca bajar las importaciones por la devaluación que espera”

Francisco Cabrera, el nuevo ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, anunció que en el plazo de las próximas dos semanas se eliminarán las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (las llamadas DJAI). ¿Qué implica este cambio para el bolsillo de los argentinos? El economista Andrés Asiaín explicó a Contexto las consecuencias de esta medida.

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En el ámbito de una reunión de grandes empresarios, como le cuadra al PRO, el ministro de Desarrollo, Francisco Cabrera, anunció este lunes que el Gobierno eliminará las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) al finalizar 2015. Frente a las grandes figuras de la Unión Industrial Argentina, en Parque Norte, Cabrera también anunció que será derogada la obligación de informar a la Secretaría de Comercio del estado de los precios, la producción y la rentabilidad de las empresas. Pero, ¿qué es lo que implican estas medidas para la economía de todos los argentinos? Andrés Asiaín, director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz, explicó a Contexto en qué consiste la nueva política que se busca implementar.

“Las DJAI son una serie de permisos que hay que pedir para importar, que pasan por el Ministerio de Industria, el Ministerio de Comercio y luego por la AFIP; y se las utilizó como un recurso para demorar las importaciones, limitar un poco su ingreso, y así proteger la industria local”. Asiaín explicó que, ante la falta de dólares en el país, demorar las importaciones también se utilizó en ciertos casos en los que no se tratara de insumos que compitieran contra la industria nacional. Para disminuir el gasto de dólares, el kirchnerismo evitó un poco la salida de esas divisas retrasando las importaciones. En ese sentido, el economista y docente de la UBA comentó que hay dos grupos dentro de los productos cuya importación se restringía: aquellos que competían contra la producción local (denominada área sensible), y una mayoría de otros productos cuya importación se evitaba para evitar la pérdida de dólares en la economía interna. “Las importaciones entran de acuerdo con el tipo de producto, y se las clasifica por posesión arancelaria”.

Como explicó Asiaín, la propuesta del nuevo Gobierno consiste en levantar las restricciones a los artículos y productos que no pertenecen al área sensible. “Si consiguen los dólares para importar todos los bienes que estaban restringidos –sostuvo el economista–, no sólo para proteger la industria nacional sino también para evitar la salida de los dólares, van a poder eliminar los mecanismos que controlan esa circulación de bienes a través de la frontera, incluyendo los insumos que se necesitan para producir en el país, y eso implica la eliminación de la mayor parte de las restricciones”. Se trata de esos productos que, según anunció Cabrera desde Parque Norte, de ser 19.000 pasarán a ser solo 1.000. “Luego hay otra cantidad de productos –continuó Asiaín– considerados como área sensible y que sí se trata de los productos de industria interna que el Gobierno kirchnerista protegió con sus políticas. Ahí el debate está en si realmente son mil o si son más los productos que deberían continuar protegidos”.

Como siempre sucede en las decisiones económicas, no existe una forma objetiva de dictaminar cuáles sí pertenecen al área sensible y cuáles no: depende de los intereses de cada sector, y de la interpretación que el Gobierno hace de las necesidades y prioridades del país, por lo que termina convirtiéndose en una decisión política. “Es un debate que ya comienza a instalarse en las Cámaras: cuál producto debe considerarse como fundamental para la producción nacional y cuál no”, explicó Andrés Asiaín, y continuó: “Es un criterio arbitrario. En su momento algunas Cámaras de productores se reunieron con el Ministerio de Comercio y se decidió cuáles rubros competían con nuestro mercado y cuáles no: fue una política selectiva, de qué posiciones era imprescindible controlar; pero, en realidad, si se consiguen los dólares para importar bienes, el país puede sostener su política industrial con un poco más de 2.000 productos dentro de la categoría de área sensible”.

Según explicó Asiaín, el grueso de las restricciones establecidas durante la última década tenía por motivo cuidar la salida de los dólares; motivo por el cual, al tomar deuda pública y contar con un mayor márgen de liquidez, el Gobierno de Cambiemos ya no necesita proseguir con esa medida. Sin embargo, tampoco hay consenso en que la cifra de los artículos que es necesario proteger para no atentar contra el desarrollo de la industria local sea realmente el número adelantado el lunes por el ministro de Desarrollo Productivo ante la UIA. “Es una discusión fina –consideró Andrés Asiaín–. La cifra estimada en la actualidad era de al menos 1.700 posiciones, con las que alcanzaba para sostener la defensa de la producción; pero el tema siempre fue la escasés de divisas y no perder los dólares”. El economista opinó que, bien implementada, es verdad que el comercio exterior podría administrarse con esta medida, “Siempre y cuando se agreguen algunas posiciones más, aparte de las mil anunciadas por Cabrera”.

Para el especialista y docente de la UBA, no se trata de una medida sorpresiva, ya que “Naturalmente, este Gobierno iba a buscar reducir las importaciones debido a la devaluación que ya se espera, y a la contracción del mercado interno”. Todo parece indicar que la política de Cambiemos apunta hacia allí; pero el problema es que tampoco puede descartarse que finalmente se decida abrir el mercado a los productos que compiten contra la industria nacional. “Mediante la toma de deuda externa se comienzan a levantar las barreras a la importación –explicó Asiaín–, porque no hace falta seguir cuidando tanto como antes las reservas de dólares; y la promesa está en mantener la restricción sobre al menos mil productos de industria nacional. Pero del dicho al hecho hay mucho trecho: hay que esperar a ver si realmente queda la protección del área sensible, los juguetes, el calzado, algunas mecánicas y otros bienes”. Para el economista, todo va a depender de cómo lo encaren, “si esa protección se sostiene o si al final, con la inercia de levantar las restricciones, terminan por desproteger también al área sensible y fue todo un chamuyo”. De todos modos, el economista agregó que ahora mismo eso es imposible de anticipar.

Consultado acerca de quiénes podrían ser los posibles beneficiados por la apertura total de las importaciones dentro del sector industrial, Asiaín no dudó en señalar que son las multinacionales, alentadas durante los últimos años a comprar todos sus insumos en el mercado interno y que ahora se entusiasman con la posibilidad de comenzar a traer las partes de afuera. “Es algo que sucedió con las automotrices, que sin embargo no se benefician directamente con una devaluación, ya que son más bien importadores y prefieren que los dólares se consigan mediante endeudamiento público y no mediante devaluación de la moneda”.

Aunque sostuvo que lo más sensato es ver con qué criterio se realiza el levantamiento de las restricciones, Andrés Asiaín descartó de plano que el Gobierno, presidido por Macri e integrado por los referentes de los mayores grupos de concentración económica en el país, tuviera intenciones de desarrollarse industrialmente. “Es importante aclarar que la política que se viene no busca seguir avanzando en el proceso de sustitución de importaciones. Más bien la tensión está en lo contrario: en si se destruye o no el avance realizado durante la última década”.

Llegando al cierre de la cuestión, el director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz compartió en Contexto su lectura del panorama actual. “Está anunciada la intención de devaluar de este Gobierno, no sólo por las declaraciones de Prat-Gay (que busca llevar el dólar al precio del dólar paralelo), sino que toda la pelea con los bancos en torno a la venta del dólar futuro sólo tendría sentido dado ese contexto”.

Para Asiaín, la disputa entre el Gobierno y los bancos por la venta de un dólar futuro a precio excesivamente alto es la señal más clara de la devaluación que se planea implementar. “Esa pelea se dio porque piensan devaluar, y fuerte: el BCRA, con [Alejandro] Vanoli, había vendido a futuro, pero tampoco fue un disparate a los valores que los ofreció”. La diferencia entre la venta de futuros antes de las elecciones y la venta luego de la asunción de Macri está en que la posibilidad de una devaluación ya se convirtió, para el sector financiero, en una certeza. “Ahí sí que el dólar futuro trepa muchísimo –comentó Asiaín–, por esta decisión que el Gobierno piensa tomar: pero de haberse planeado de forma gradual, anual, el dólar futuro hubiera seguido en el 35% en el que estaba –que tampoco era bajo–”. Por eso, para el economista, la disputa responde a esta decisión política de una gran devaluación, inminente y repentina. “Es el llamado shock del que tanto hablan los neoliberales”.


 

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