Un abrazo infinito en la plaza histórica

Un abrazo infinito en la plaza histórica

Más de medio millón de personas despidieron anoche a Cristina Kirchner en su último discurso presidencial. Fue una mezcla de la alegría de toda movilización kirchnerista con la tristeza de una despedida que quedará grabada en la historia de Plaza de Mayo.

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Por Alejandro Palladino (desde Plaza de Mayo)

¿Cuándo en la historia argentina un presidente fue despedido por una convocatoria de cientos de miles de personas? Nunca. Luego de ocho años de mandato, Cristina Kirchner recibió ayer en Plaza de Mayo una muestra de agradecimiento enorme por parte de unos 700 mil autoconvocados a su último discurso como Presidenta de la Nación, para remarcar que puede mirar sin vergüenza a los ojos a los argentinos y que su partida de la Casa Rosada no la alejará de la política.

plazaSi Cristina valoró en su discurso haber ejercitado en la sociedad argentina la voluntad popular en estos doce años de kirchnerismo, la movilización de ayer es una confirmación por la tamaña cantidad de personas que se acercaron a darle un abrazo por las políticas públicas que en los últimos años le han transformado la vida a millones de argentinos.

plaza2A la presencia de La Cámpora, Nuevo Encuentro, Peronismo Militante, Movimiento Evita, Kolina, entre otras organizaciones, se le sumó la participación de autoconvocados que se alistaron en las redes sociales. El grupo Resistiendo con Aguante y el hashtag #YoAbrazoaCristina fueron algunos de los espacios virtuales que congregaron a miles de personas, como lo hicieron en las semanas previas al balotaje para apoyar al FpV contra Macri, en otra manifestación de fuerza que demostró tener el frente político fundado por Néstor Kirchner.

Entre los presentes, jubilados, jóvenes estudiantes universitarios y escolares, trabajadores, nenes y nenas, sindicalistas, comerciantes, fueron quienes se acercaron para reconocer a un Gobierno que los ha escuchado y atendido desde 2003.

plaza3Las movilizaciones kirchneristas se caracterizan por la alegría que expresan en los bocinazos, los bombos, el color de las banderas y los dedos en V que se agitan sacados por las ventanas de los autos y micros que desembocan en la 9 de Julio. Cada movilización es como el festejo de una hinchada que sale a gritar campeón a la calle. Sin embargo, ayer, el pronto adiós pesaba en los ánimos. La euforia habitual no se hacía ver.

Recién pasadas las 18hs, con la plaza colapsada y a pocos minutos de la salida de Cristina, las agrupaciones militantes se prendían a los cánticos para sacarse la tristeza de encima, hacer algo con ese nudo en el estómago que se venía volviendo más tenso desde días atrás, y que esperaba llegar a la plaza para aflojarse y soltar la amargura de las últimas elecciones y así convertirla en la alegría que siempre genera la movilización política.

Cuando Cristina salió, las filas avanzaron para poder verla por última vez con la Casa Rosada de fondo. Los cantos y bombos se apagaron. Los que no llegaban a verla escuchaban sólo su voz y con eso bastaba. Todo era quietud y silencio.

Una nena parada en la esquina de Diagonal Norte, a los pies del Cabildo, muestra un cartel con una foto de Cristina y una frase que dice “Te esperamos en 2019”; al lado, otra dice “Hasta pronto compañera”; y el coro que más se repitió en toda la tarde: “Ohh/vamos a volver/a volver, a volver/vamos a volver”.

frente

Luego del adiós de Cristina, del aplauso que se prolongó por minutos, la tristeza cayó sobre la plaza. Jóvenes de todas las edades lloraron y se abrazaron. La plaza que recibió bombas en los cincuenta para derrocar a Perón, que vio desfilar militares asesinos en los setenta, ayer fue el escenario de una jornada de paz, amor y un abrazo fuertísimo para la Presidenta.


 

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