Por Daniel Cecchini

En una muy interesante nota de opinión (“Las tormentas que vienen”) publicada en el diario La Jornada, de México, el periodista uruguayo Raúl Zibechi analiza la etapa que se abre con la victoria de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales de la Argentina en un contexto de agotamiento de lo que llama “ciclo progresista” en Latinoamérica.

Evitando la lectura simplista del retroceso, señala: “No estamos ante un retorno a la década de 1990, neoliberal y privatizadora, porque los de abajo están en otra situación, más organizados, con mayor autoestima y conocimiento del modelo que sufren y, sobre todo, con mayor capacidad de enfrentar a los poderosos”. Y agrega: “Las experiencias colectivas no suceden en vano, dejan huellas profundas, saberes y modos de hacer que en esta nueva etapa jugarán un papel decisivo en la necesaria resistencia a las nuevas derechas”.

Algo de esto último se vio en los días previos al balotaje, cuando grupos autoconvocados o de organizaciones estudiantiles y gremiales que no respondían orgánicamente al aparato partidario peronista ni a las organizaciones “oficiales” del kirchnerismo se movilizaron para volantear y conversar con sus vecinos y compañeros de estudio y trabajo en apoyo de la candidatura de Daniel Scioli. Un movimiento casi espontáneo que pudo leerse como la contracara de una estructura orgánica que, por diferentes motivos, no sólo no canalizó ese esfuerzo de movilización, sino que además se inmovilizó. También el mismo día de la elección, cuando estos mismos grupos taparon los huecos deliberadamente provocados desde el aparato partidario en la fiscalización del escrutinio.

El mismo día del balotaje, Cristina Fernández de Kirchner definió a estas personas como “empoderados”, y algo de razón tiene. Se trata de “saberes y modos” aprendidos en estos años que hacen a una toma de conciencia sobre la importancia de la participación política.

Serán estos mismos grupos, junto con otros históricos, los que seguramente iniciarán en las calles la oposición a las medidas antipopulares que tomará el próximo gobierno. Y lo harán al principio puntualmente, sobre temas específicos que los afecten. Será el germen de la resistencia al nuevo ciclo neoliberal.

En este contexto, el desafío que recorre al campo popular empieza a quedar claro: cómo transformar esa resistencia –que será muchas veces inorgánica, por fuera de las estructuras partidarias, sindicales y movimientistas tradicionales– en una nueva construcción política que supere a las de la etapa que acaba de finalizar.

Ese desafío tiene como condición necesaria la construcción –y el reconocimiento– de nuevos sujetos políticos, de militantes con otras cualidades que las del encuadramiento disciplinado dentro de un aparato vertical, capaces no sólo de cumplir tareas políticas sino de organizarse para debatirlas, decidirlas e imponerlas a sus propios dirigentes. De militantes que decidan y construyan políticas y acciones políticas y que no pretendan “vivir” de la política. El kirchnerismo, algunos sectores del kirchnerismo, podrán ser parte o no de esa militancia.

Se trata, en definitiva, de construir una participación política real, con democracia interna, con y desde las bases. De abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. De otro modo, esa resistencia que inevitablemente nacerá y crecerá en los próximos meses terminará siendo cooptada y manejada para sus fines por los mismos que no le dieron lugar en los últimos años.


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