“En el under, sostenerse en el tiempo es la batalla más grande”, dice con tono heroico Yuyi Gouman, cantante y fundador de Cajale Cazazo, grupo que ya lleva once años batallando en la región con su propuesta de rock rioplatense. Ahora, la banda acaba de editar Para los ojos, un cuarto disco -sucesor de Los días cantados, de 2013- que se ladea entre el reggae, el ska y el punk, y que, como en toda la carrera del grupo, despliega un fuerte componente político y social. “En Cajale hay una mezcla muy diversa en cuanto a la política”, dice Gouman, horas antes del ballotage del próximo domingo. “Sin embargo, creo que todos vamos por el mismo camino. Hay muchas cosas que se hicieron muy bien y otras que no tanto”.

“No podemos convertirnos en un pasatiempo. Los artistas queremos ser portadores de un mensaje de una sociedad y de un tiempo determinado”

¿En qué lugar los encuentra el nuevo disco?

Ojalá que sea el comienzo así seguimos 30 años más. En términos de maduración, grabar un cuarto disco implica que ganaste un montón de luchas, internas y externas. No hay forma sencilla de que la banda sea sustentable desde lo económico, somos once músicos y es algo bien complejo. Yo creo que el momento es de absoluta estabilidad y creo que eso es una gran batalla que supimos ganar. Siento que el grupo ya está armado y que hay una idea que se mantiene hace cinco años ya. Un grupo que se estabilizó y que tiene ganas de que esto sea su proyecto de vida.

¿En qué creés que se diferencia este disco de los anteriores?

Uno empieza a llegar a niveles de síntesis más lindos. Ya llega la canción, nos miramos y sabemos lo que va a pasar. Antes teníamos que hacer todo un recorrido de caminar diez kilómetros y volver. Y eso hace que cada vez más haya un estilo bien nuestro que es una forma de componer, escribir y arreglar.

¿Cómo fue la experiencia de producirse ustedes mismos?

Tenés que hacerte cargo de cosas que capaz no conocés tanto. Nuestro disco anterior lo produjo Mateo Moreno, ex NTVG, que es un gran músico y un tipo que sabe muchísimo de máquinas a la hora de meterse en un estudio. Nuestro batero fue el que tomó la posta porque tiene algo de conocimiento. Cada uno de nosotros tuvo que aparecer en el momento requerido y así se fue armando todo.

La música de Cajale ya resulta muy reconocible, ¿como creés que llegaron a lograr esa identidad?

Eso para mí ocurre primero por la música que escuchamos y segundo porque nosotros no sabemos qué va a pasar con la canción antes de que salga. Yo cuando hago una canción no estoy seguro de lo que estoy haciendo y capaz tengo que esperar días para escucharla de nuevo y decidirme si llevarla a la banda o no. Después que termine en un ska, en un reggae o en un rock nunca se sabe. Pensamos que la canción manda, después vemos qué pide. Respetamos esa génesis que es lo más lindo que tiene.

Siempre trataron problemáticas políticas y sociales en sus temas, ¿cómo ven la actualidad del país?

Tenemos una función social y siempre la tuvimos. Creo que se hicieron cosas muy buenas y algunas no tanto. Con respecto a la vinculación del Estado con la banda, nunca nos sentimos acompañados. La única ayuda que el Estado nos dio en diez años fue ofrecernos un préstamo a tasa baja. Yo creo que hay mucho por hacer ahí. Se tiene que dejar de pensar que el festival es la solución, no podemos convertirnos en un pasatiempo. Los artistas queremos ser portadores de un mensaje de una sociedad y de un tiempo determinado. Nos enojamos con los bolicheros cuando nos cobran y ellos en realidad se pusieron un negocio para eso. Sí me tengo que enojar con el Estado que es el que debería darnos una mano.

¿Y con respecto a lo que se ve en la calle?

Yo creo que hay grandes falencias en la salud y la educación, es la gran deuda. Creo también que comparado con el 2001, todo esto es un paraíso. Por otra parte se recuperó la militancia. Yo fui adolescente en los 90 y no hubo nada más escéptico que eso. Eso se revirtió y a mí me conmueve. De hecho cuando arrancamos allá por el 2005 sacamos una gacetilla que decía “nosotros estamos en contra del escepticismo y a favor del compromiso” y en ese momento parecía como si fuéramos unos locos. Después hubo un gran cambio cultural.