“Cambiemos” el discurso para la campaña

“Cambiemos” el discurso para la campaña

De los votos negativos a la reivindicación. Mariano Fraschini, politólogo, docente y coeditor del blog Artepolítica explicó a Contexto por qué Mauricio Macri cambia el discurso a medida que se acerca la segunda vuelta.

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Por José Welschinger

“A partir de 2014, Mauricio Macri venía instalándose como el candidato del cambio, pero luego del triunfo de su partido en la ciudad porteña, el contenido de ese cambio viró”, comenzó Mariano Fraschini, doctor en Ciencias Políticas y docente de la Universidad de Buenos Aires. El politólogo, docente y coeditor del blog Artepolítica explicó a Contexto por qué el candidato presidencial de Cambiemos muta su discurso a medida que se acerca la segunda vuelta. De la negación del kirchnerismo a su reivindicación y luego a la supuesta superación, y todo en el mismo envoltorio: la palabra cambio.

“Para decirlo claramente: antes del 5 de julio, Macri denostaba las políticas públicas promovidas desde el gobierno, reiterando que siempre había votado en contra de todas ellas, y se presentaba como la antítesis. Para ello, aprovechaba la existencia de un Sergio Massa que decía transitar por la vía del medio, y anunciaba como eje de su campaña la retrotracción lisa y llana de todas las políticas del kirchnerismo.” Fraschini recordó cómo, durante esa primera estrategia discursiva, era el antikirchnerismo el elemento amalgamante: “Macri decía ‘Nosotros somos los únicos que no somos peronistas’, ya que Massa todavía existía dentro del juego electoral, y su eje discursivo era ‘No somos kirchneristas, los hechos lo demuestran’”. Así se explica por qué, en un primer momento, Macri no para de recordar en sus declaraciones que él se opuso a la nacionalización de las AFJP, a la Ley de Medios, a la estatización de Aerolíneas e YPF, y a todos los activos centrales de la política neurálgica del kirchnerismo: declaraciones que hoy están ausentes de su discurso.

“Pero, luego de la última victoria en la ciudad –prosiguió el politólogo–, dejó de ser el único opositor y nació su actual discurso, en el que promete no modificar las políticas públicas. ¿Para qué lo hace? Para agarrar a un sector del electorado que todavía no tiene, porque al antikirchnerista furioso ya se lo había garantizado; entonces, va por los votos de todos aquellos que simpatizan con las políticas del gobierno pero no con algunas de sus figuras”.

Esa sería la segunda etapa estratégica de la campaña macrista, de cara a las elecciones generales del 25 de octubre. Sin embargo, esa etapa culminó cuando se conoció que el resultado de las elecciones se definiría en una segunda vuelta.

Para clarificar los motivos detrás del nuevo viraje discursivo del candidato de Cambiemos, Mariano Fraschini explicó: “Ahora hay un nuevo elemento de su campaña, cuando dice que ‘Podemos estar mejor’; es decir que oficialmente reconoce que no estamos mal. O sea que, por una cuestión lógica, partiendo desde esa base, coloca todo el peso de su campaña en una promesa a futuro que no implica destruir lo construido por el kirchnerismo”. Para el politólogo, con esa promesa Macri busca impactar en el electorado que todavía necesita garantías de continuidad para darle su voto. “Además –prosiguió–, de cara a la segunda vuelta, incorpora otro elemento discursivo cuando dice ‘Yo quiero representar a todos’: y esa ficción discursiva, que plantea la falacia de un gobierno sin prioridades, es un primer guiño hacia el votante kirchnerista”.

Para sintetizar esta lectura que explica los cambios discursivos según la coyuntura electoral, Fraschini resumió: “Primero, se garantizó el voto antikirchnerista diciendo que eran los únicos que siempre estuvieron en contra de todo, luego vino una segunda etapa post balotaje porteño en la que se dirigió con su discurso hacia los que estaban en el medio, y ahora tenemos una etapa final, en la que busca al votante kirchnerista mediante la promesa de que no le va a cambiar nada”.

Sin embargo, el politólogo y docente remarcó que esa estrategia sólo puede implementarse gracias a que se apoya en una coyuntura económica que no es crítica. “Pero no es un discurso que esté alineado con la postura de sus economistas, Melconian y Prat Gay”, explicó. “Ellos declaran que la situación está muy mal, y que es necesario devaluar y ajustar cuanto antes; y es ahí donde están las contradicciones, ya que Macri señaló a Prat Gay como su referente económico, pero luego de que se filtraran esas declaraciones lo retiró de la escena pública para que no siga diciendo qué es lo que efectivamente planean hacer”.

Para Fraschini, el éxito de Durán Barba a la hora de plantear el eje cambio/continuidad está en que nunca explicó qué es el cambio, en qué consiste y hasta dónde llega. “Como significante vacío, dentro del cambio se encuentran desde la oposición acérrima, pasando por todos los matices, hasta aquellos que simpatizan con las políticas pero no con las figuras”.

De todos modos, el politólogo hizo incapié en que esas estrategias discursivas no se condicen con la capacidad real de gobernar. “Una cosa es generar una ilusión mediática para ganar elecciones y otra muy distinta es gobernar: porque allí es donde comienza a enfrentarse la realidad pura y cruda de lo que implica tener el poder, en lo cotidiano, y eso no se puede ocultar con propaganda”. Fraschini explicó que la ilusión y la expectativa son cuestiones del marketing, pero no de la gestión pública, ya que ahí lo que pesa son los resultados. “Para gobernar –aclaró–, es necesario tener lo que Maquiavelo denominó virtud: sabiduría, prestancia, audacia”.

Además, según el politólogo y docente de la UBA, estos virajes electorales tampoco son un invento criollo. “Es algo que ya tiene su propia trayectoria en las campañas latinoamericanas –indicó–, pero que no tiene absolutamente ninguna relación con lo que puede llegar a pasar ante un eventual triunfo electoral de esa fuerza política”. Y prosiguió: “Ya hemos visto muchas figuras provenientes del empresariado que se aventuran en la conducción política: Piñera en Chile, Sánchez de Lozada en Bolivia, Collor de Mello en Brasil, Fujimori en Perú; a ninguno de ellos les fue bien, todos esos gobiernos terminaron en grandes crisis, muchos de ellos prematuramente, ahogados en escándalos de corrupción, y todos llegaron respaldados por un aparato comunicacional muy fuerte”.

Para finalizar, Mariano Fraschini comentó que, dentro del perfil del empresario que deviene en político existe siempre la constante de ofrecer una visión anticonflictiva de la política. “Necesitan hacerlo de esa forma, porque no pueden llegar al gobierno si las mayorías trabajadoras los ven como pertenecientes al sector patronal, y principalmente porque ellos mismos son representantes de uno de los elementos que hacen al conflicto social real”.


 

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