Por Roberto Álvarez Mur

Entre las miles de almas que iniciaron la épica procesión hacia Mar del Plata para acompañar la oposición al ALCA se encontraba Emilio Pérsico, histórico dirigente popular durante los momentos más crudos de la década menemista. El proceso de rechazo al Área de Libre Comercio de las Américas significó un antes y un después en los posicionamientos regionales latinoamericanos frente al mundo. Pérsico conversó con Contexto sobre el recuerdo vivo de aquel hito que hoy cumple diez años.

– Vos vivenciaste de manera protagónica aquel momento desde tu lugar de dirigente popular. ¿Qué representó para el acontecer político de Argentina y América aquel rechazo al ALCA?

– Fue el inicio de un proceso de construcción de una nueva independencia de los países latinoamericanos. Creo que se estableció un freno al imperialismo yanqui al desarrollar una solidaridad mutua entre los países de esta región. Desde allí se emprendió el primer paso de esa década de bienestar y avance popular.

El tema central allí es que Néstor, en aquel momento, Lula y Chávez vieron la oportunidad de pronunciarse contra el deseo de los yanquis de aprovechar el superávit que tenían los países de América Latina junto a economías emergentes como China, para trasladarlo al déficit que tenían las grandes potencias. En esta brecha se encontró el espacio para construir una política independiente con autonomía política.

– ¿Cómo fue el desarrollo de aquella jornada? ¿Cómo se vivió desde dentro?

– La movilización y la marcha fueron momentos épicos. La caminata debajo de la lluvia y luego llegar al estadio. La presencia de Maradona junto con nosotros, la presencia de aquellos presidentes tan significativos, y sobre todo la presencia de Evo, que era dirigente y no residente en aquel momento. La presencia de Chávez “parando la lluvia” y mandando al carajo al ALCA. Fue algo realmente conmovedor.

Sin esa cumbre de oposición a las políticas yanquis no hubiera habido proceso posible de fortalecimiento en América latina.

– En el transcurso de horas muy intensas que se desarrollaron, ¿tenés alguna anécdota o recuerdo emotivo de aquella ocasión?

– Aquella noche hubo una gran cena entre las organizaciones que nos convocamos y el comandante Chávez. Un personaje muy emocionante con quien compartimos aquel banquete que empezó tarde a la noche y culminó al amanecer. Chávez estaba muy emocionado, sobre todo con Kirchner, que prácticamente manejó todo el encuentro durante la jornada. Entre ambos se dieron fuerza para no aflojar en aquella cumbre, sobre todo cuando a algunos latinoamericanos se los estaba apretando para aceptar. En un momento se había querido negociar una especie de prórroga para una próxima cumbre, y haber logrado el rechazo total definitivo fue un gran triunfo emocionante. Ese día se  conformó la relación fraternal entre Néstor y Chávez, que fue tan importante para todo lo que vino después.

– ¿Cuál es el fruto que podemos observar en la actualidad en nuestro contexto nacional y regional de aquella gesta política?

– En primer lugar, esta década ganada fue producto de ello. Esta década de bienestar para los trabajadores fue producto de ello. Sin esa cumbre de oposición a las políticas yanquis no hubiera habido proceso posible de fortalecimiento en América Latina. Y, en segundo lugar, es un ejemplo para el futuro, porque hoy los yanquis vuelven otra vez, con la Alianza del Pacífico. Vuelven a intentar con políticas de dependencia y de traslado de la riqueza de los países de América Latina a partir de la venta de sus producciones.

Y nosotros tenemos que estar muy unidos y muy atentos y no permitir que estas nuevas derechas de América Latina, estas derechas mediáticas modernas, avancen en nuestra región. Porque sería volver otra vez a la década maldita y neoliberal de los noventa.