Por Florencia Abelleira

Hugo Yasky, secretario general de la CTA de los trabajadores, remomoró aquel 5 de noviembre en que América Latina dio un paso adelante y se negó a firmar el tratado de libre comercio que proponía Estados Unidos. “Creo que el 2005 es la línea divisoria en ese cambio de época, porque cinco años antes, en la Cumbre anterior, todos los presidentes de América Latina habían votado concurrir a Mar del Plata a firmar el tratado del ALCA. Un sólo presidente, Chávez, había tenido la osadía de, en absoluta soledad, votar en contra”, señaló.

– ¿Qué significó la IV Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata en 2005?

– Fue un momento de inflexión para los gobiernos populares que en América Latina habían surgido después de los estallidos sociales que fueron jalonando el final de la década del noventa.

Trece gobiernos de raigambre neoliberal en América Latina deben dejar el mandato asediado por las protestas sociales, y en Mar del Plata en 2005 fue como un punto de convergencia entre aquella resistencia en los noventa, los gobiernos populares y el pueblo, que nuevamente marchó para expresar el respaldo a la decisión que en ese momento encabezaron el comandante Chávez Frías, Néstor Kirchner y Lula Da Silva.

“Mar del Plata en 2005 fue un punto de convergencia entre la resistencia en los noventa, los gobiernos populares y el pueblo, que nuevamente marchó para expresar el respaldo a la decisión que en ese momento encabezaron el comandante Chávez Frías, Néstor Kirchner y Lula Da Silva.”

– ¿Qué se logró con este acuerdo de “No al Alca”?

– En principio, el rechazo al acuerdo de libre comercio que proponía Estados Unidos de Norteamérica significó no institucionalizar y darle carácter jurídico y legal a la condición de patio trasero que Estados Unidos siempre intentó conferirle a América Latina.

El tratado de libre comercio hubiese implicado llevar a toda América Latina a la misma situación que hoy vive México.

México es la dramática fotografía de lo que sería el continente latinoamericano si hubiésemos suscripto al tratado del ALCA. Un país que hoy padece contrastes sociales enormes, conflictos que tienen que ver con la pobreza, surcado además por la presencia del narcotráfico y con gobiernos que están atados a las políticas que establece el FMI.

– ¿Cómo era el contexto político en ese entonces de los países de Latinoamérica?

– Nosotros veníamos de una década en la que la obediencia a la aplicación de las políticas prescritas por los grupos económicos en cada país y por el FMI a nivel mundial constituyeron escenarios de permanente conflicto social con atraso, pobreza, exclusión, todo eso en medio de un festín en que los grupos económicos poderosos y las multinacionales se disputaban las presas del banquete que significaban la privatización de las empresas de la gran mayoría de los países de América Latina.

Este panorama empezó a cambiar a partir de las luchas populares, que fueron gestando las condiciones para que apareciera un gobierno como el de Lula en Brasil, como el de Chávez en Venezuela, después Néstor Kirchner en Argentina, el Frente Amplio en Uruguay.

Se van produciendo cambios de orientación que al principio son imperceptibles. Son apenas el vislumbre de lo que después se fue profundizando y marcando como un nuevo dato de la realidad a partir de que las políticas sociales de estos países fueron dando frutos.

Creo que el 2005 es la línea divisoria en ese cambio de época, porque cinco años antes, en la Cumbre anterior, todos los presidentes de América Latina habían votado concurrir a Mar del Plata a firmar el tratado del ALCA. Un solo presidente, Chávez, había tenido la osadía de, en absoluta soledad, votar en contra.

es notable cómo en apenas cinco años se produce un vuelco total de esa situación y se dan las condiciones para que esa mayoría vote afirmativamente el rechazo al libre comercio.

– ¿Estuvo ese día en Mar del Plata?

– Nosotros participábamos en la calle, desde la movilización popular. Yo era secretario general de la CTA de la provincia de Buenos Aires, y en esa oportunidad, bajo un diluvio, marchó una multitud que estaba representada por la CTA, por los movimientos piqueteros, y por otras organizaciones sociales que llenaron un estadio de fútbol en Mar del Plata en el momento en que el comandante Chávez se dirigió a nuestro pueblo para anunciar, con esa frase que se hizo famosa, “ALCA, ALCA, al carajo”, que acá en Mar del Plata veníamos a enterrarlo.

– ¿A diez años del “No al ALCA” qué análisis hace de la integración de los países de Latinoamérica?

– Yo creo que es un proceso que está a mitad de camino, que sintió la pérdida de figuras como Chávez y Néstor, que tenían un compromiso muy grande con la construcción de unidad de América Latina. Se vio resentido también porque después del 2006, 2007, 2008, empiezan a crecer las hostilidades de los sectores de la derecha en los países donde hay gobiernos populares y democráticos, lo cual fue ralentizando la marcha hacia avances en el plano de la integración económica, financiera, como la Carta Social del MERCOSUR. Ha habido una lentificación del proceso de unidad, y esto ha sido aprovechado por los sectores que quieren que volvamos a estar sometidos a la lógica de dominación, sobre todo de la potencia con la que convivimos en el continente, Estados Unidos. No obstante, hay que decir que la constitución de la CELAC, de UNASUR, el hecho de que se avance con la formación del PARLASUR, el mismo restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, son signos promisorios y que dan fundamento a la expectativa favorable de los que creemos que en los próximos años se tiene que consolidar mucho más esa unidad, porque hace falta un Banco del Sur, hace falta un tratado militar de defensa del sur, hacen falta pasos mucho más concretos que permitan que esa Patria Grande que hace falta constituir para tener un lugar en el mundo sin tener que arrodillarnos ante nadie siga avanzando como una realidad.