El Pro y el Fin de la historia

El Pro y el Fin de la historia

Un saludo vía twitter hacia el Pro por parte del intelectual norteamericano Francis Fukuyama, padre ideológico del neoliberalismo, despertó la reflexión sobre los aspectos filosóficos que esconde el modelo macrista. La repercusión sobre este gesto que dice mucho más de lo que muestra.

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Por Roberto Álvarez Mur

La campaña política del PRO, culminada en el triunfo de la provincia de Buenos Aires, no fue ajena a la mirada de Estados Unidos. Parte de su intelectualidad académica apludió la labor política del staff macrista y observó el triunfo de su aparato político como un guiño al entramado sociopolítico que promulga una gran parte de la nación del norte.

“Todo funciona mejor si puede dar por sentado un marco jurídico estable y efectivo, que permita la seguridad de los derechos de propiedad y de las personas, y un sistema de asociación privada relativamente transparente. Pero estas características no han prevalecido en los países latinoamericanos. En muchos casos, el Estado ha sido arbitrario y rapaz”, es uno de los tantos postulados que el intelectual japonés-estadounidense Francis Fukuyama expone en su texto más reconocido, El Fin de la Historia, convertido hoy en un pilar de la teoría neoliberal de principios de los noventa. Es el mismo que hace unos días twitteó “Congratulations to Laurita Alonso and the Macri team for a stunning performance!” (“¡Felicitaciones a Laurita Alonso y al equipo de Macri por su impresionante rendimiento!”). El filósofo Martín Retamozo conversó con Contexto sobre los puntos en común que el macrismo presenta con el ideólogo del nuevo liberalismo capitalista norteamericano.

Creo que es fundamentalmente un saludo de simpatía con aquellos que se presentan como defensores del libre mercado y la democracia liberal.

– Si bien estamos hablando de un simple saludo a través de Twitter en torno a las elecciones, ¿qué se puede interpretar de este reconocimiento de un teórico del neoliberalismo hacia la derecha argentina?

– Creo que es fundamentalmente un saludo de simpatía con aquellos que se presentan como defensores del libre mercado y la democracia liberal. Basta con repasar algunas de las “ponencias” de Laura Alonso en las que pone a Argentina sobre el eje del mal junto a Cuba, Irán, Venezuela o Siria, para comprender su función en el plano internacional de inscribir al gobierno argentino entre aquellos que son “enemigos de la sociedad abierta, el libre mercado y los derechos humanos”.

El PRO no llama ideología a su ideología, pero está poniéndola en juego todo el tiempo en sus escenificaciones.

– ¿Qué continuidades podemos observar en la famosa idea del “fin de la historia” frente a la dinámica del macrismo como proyecto político?

– Aclaremos que Fukuyama cambió bastante su propuesta, si bien sigue sosteniendo que la democracia liberal y el capitalismo son los mejores regímenes político y económico respectivamente. En el libro El Fin de la Historia y el último hombre –muy malo en términos intelectuales, pero poderoso en términos propagandísticos–, argumentaba que esta situación del final de la historia obedecía a cuestiones naturales. De hecho, ahora se preocupa por la neurobiología, un poco en sintonía con esta tesis. Ahora quizás es más importante lo que se divulgó como el fin de la historia que está relacionado con el fin de las ideologías. Acá, y en el caso del PRO, claramente el que sigue esa idea es Durán Barba. Una lectura rápida dice “¿cómo que no hay ideología?, todo el PRO es ideológico, decir que no hay ideología es ideológico, los globos son ideología”, pero creo que va más allá de eso, y allí hay que ser más cuidadosos. El PRO no llama ideología a su ideología, pero está poniéndola en juego todo el tiempo en sus escenificaciones (lo que creemos, lo que soñamos, trabajar en equipo, resolver los problemas de la gente, tocar timbre, “hacer –y bailar– pop para divertirse”, como diría Micky Vainilla). La tentación es denunciarlo como ideológico, pero creo que la tarea política no pasa por allí, sino por la producción de discursos más eficaces en consonancia con un proyecto político (aunque a veces menos declamativamente ideológicos), en particular en coyunturas electorales”.

Hace algún tiempo, en un panel sobre América Latina que estuvo moderado por el intelectual estadounidense, quien se refirió al gobierno de Venezuela como una “dictadura posmoderna”, Laura Alonso expuso junto al ex ministro del Interior de Colombia Fernando Londoño Hoyos y el coordinador general del partido de derecha venezolano Voluntad Popular en el Estado Anzoátegui, Armando Armas. Meses antes, Fukuyama había visitado la Argentina y Alonso se encargó de difundir en su cuenta de Facebook los encuentros que compartió con el académico. El primero consistió en una charla del jefe de Gobierno Mauricio Macri con estudiantes de la Universidad de Stanford, mientras que el segundo fue una cena donde participaron otras personalidades de la política actual.

Retamozo agrega: “Fukuyama, si bien se apartó un poco en los últimos años, fue parte de los neoconservadores y apoyó las políticas intervencionistas de Estados Unidos en Irak, por ejemplo. En la academia latinoamericana también hay fuertes debates. Lo que tal vez haya es más ligazón entre las derechas latinoamericanas y la academia latinoamericana que entre las izquierdas latinoamericana y los sectores más progresistas de la academia norteamericana. Si seguimos lo que publican los latinoamericanos en Estados Unidos, vemos que es de tono marcadamente crítico de lo que nosotros llamaríamos gobiernos posneoliberales”. Y sintentizó: “Hay una matriz de continuidad entre el menemismo y el macrismo, en lo que refiera a la relación del Estado y el mercado, las posiciones geopolíticas y la organización de la economía, pero no creo que haga falta la intervención de Fukuyama para descubrirlo”.


 

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