Por Alejandro Apo

Si hay algo que no voy a olvidar es a ese flaco discutidor de fútbol. Era un racinguista que discutía de frente. Amo esas anécdotas de Cristina y Máximo, que contaban que cuando estaba yendo al médico no le decían que Racing había perdido. Lo extraño.

Yo lo recuerdo mucho. Son cinco años sin él y me parece que es más tiempo, porque los hombres tan necesarios como él se sienten muy fuerte. Él tocó cosas que no dejaban que se toquen. Modificó los tabúes de la sociedad. Entonces eso se lo hicieron pagar. Cuando él empezó, la gente que odiaba este gobierno lo veía como un apretador, como alguien que se llevaba todo por delante. Luego de su muerte, los mismos que dijeron que era un mafioso, empezaron a decir que era un político de pura cepa, que sabía mucho de economía y que Cristina no sabía nada. Pero el pueblo no se cree esas cosas, por eso tienen tanto a Néstor como a Cristina bien alto.

Desde su impronta y su liderazgo, es un hombre que tiene el único acceso a la inmortalidad que podemos tener todos. Por el recuerdo de todo lo que hizo, todo lo que luchó y todo lo que cambió es un hombre que, definitivamente, vive en todos nosotros.

Un hombre muy valioso, que tenía mucho para dar y que murió muy joven. Siempre que lo recuerdo me viene a la mente una frase célebre: “Cuando los hombres mueren eligiendo, la muerte es la pasión que los completa”.

Creo que el legado máximo que podemos resaltar, de cara a la coyuntura actual, es la militancia y la construcción de espacios de poder popular. Néstor sabía muy bien de ello y nunca se olvidaba. Él construía poder desde sus convicciones y de su manera de entender la realidad cambiándola.

Él va a seguir vivo en el alma de la gente. Kirchner logró un carnet que es el de la inmortalidad, porque vive en el alma de la gente.