Por Hilda Romero 

Quiero que sepas que te voy a recordar, tal cual vos quisiste que te recordemos. Te voy a recordar como mi viejo recordaba a Perón. Así, igual, con el mismo respeto, la misma  admiración y el mismo agradecimiento eterno.

Yo no entendía, no sabía por qué, tantos años crecí escuchando “Viva Perón”, una y otra vez, y hasta con lágrimas en sus ojos. Las mismas lágrimas que tengo yo, y muchos, al recordarte
Porque desde que llegaste sé lo que sentía mi viejo. Ahora lo entiendo.

Ahora sé lo que es sentir orgullo por mi presidente. Viniste y nos propusiste un sueño. No sé si tenés idea de todos los sueños que pudimos cumplir, y de todos los que nos animamos a tener. Eso es lo más valioso que nos dejaste.

Nos mostraste que no era como nos hicieron creer durante años, que si no tenías plata no valías nada. Ya no nos sentimos así, tenemos ganas de crecer, tenemos valor para levantar la cabeza porque ya no somos un número más.

Ahora los pobres somos personas dispuestas a defender nuestros derechos, porque vos nos mostraste que los tenemos. Decirte gracias es poco, pero es la palabra que sale de mi corazón.

Gracias, porque puedo darle a mis hijos lo que necesitan para el cole.
Gracias, porque te acordaste de mi viejo.
Gracias, porque tenemos techo, trabajo, comida y dignidad.
Gracias, porque nos devolviste nuestra patria querida.

El día que te fuiste lloré de tristeza, pero desde mi corazón te decía: Néstor querido, descansá en paz, que tu gente, tu país, están otra vez de pie. Y lo dejaste en buenas manos, y todos, junto a ella, lo vamos a defender y lo vamos a cuidar.

¡Gracias Néstor! Tu sueño, el mío y el de todos sigue adelante. ¡Viva Néstor!