“Nos enteramos de que algo había muerto”

“Nos enteramos de que algo había muerto”

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Por Eduardo Sigal

A Néstor Kirchner tuve la suerte de conocerlo a fines de 2000 en un momento de gran crisis en Argentina, previa al estallido de 2001. En una época en que la política de la Alianza no era más que ajuste, que marginación, que corrupción en el Senado que se había conocido en el gobierno de De la Rúa.

Un compañero nos hizo de intermediario y nos juntamos con Néstor a fines de ese año en Mar del Plata. Tuvimos una primera cena y compartimos opiniones. Era una persona muy crítica de la experiencia que se había vivido en los noventa y mucho más crítica de la forma que había elegido De la Rúa. A partir de ahí empezamos a sintonizar.

En el verano nos empezamos a reunir casi semanalmente imaginándonos la construcción de una fuerza política. Una unción, que nunca la imaginamos para 2003, que la imaginamos para 2007 o 2011, para la reconstrucción de una alternativa popular de carácter frentista con eje del peronismo popular. Un peronismo que se encontrase con sus banderas históricas, más otros sectores del campo popular, de izquierda, democrático, latinoamericanista, que estábamos casi huérfanos, como varados en el medio del océano sin rumbo.

Avanzamos primeros en la construcción de la corriente popular. En mayo de 2001 tuvimos un encuentro en el camping del Sindicato de Bancarios, donde, junto a unos doscientos compañeros, discutimos opiniones sobre el presente y el futuro. Ahí empezó esta gran aventura, esta gran historia, que después se materializa en esta idea tan fuerte que no sólo lo expresa el 25 de mayo de 2003 en su discurso. “No vengo a dejar las convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno”, dijo en referencia a los gobiernos que habíamos tenido y habían traicionado al poder popular, a esos políticos que prometen políticas en campañas y que cuando están en el poder se olvidan. De allí en más, es historia conocida.

Aquel 27 de octubre de 2010 nos enteramos de su muerte. En mi caso estaba en el exterior, porque trabajaba en la Cancillería. Nos enteramos de que algo había muerto, que era duro para el proceso de construcción que estábamos llevando. Simplemente, para decir que lo tenemos presente, que una gran parte de la población argentina ha adquirido no sólo cariño, respeto y admiración en Néstor, sino que también lo hemos extrañado y lo seguiremos extrañando como un cuadro político de fuertísimas convicciones, de una gran voluntad de trabajo y de una forma de hacer política que siempre estuvo identificada con la palabra pueblo.