Por Alejandro Dolina

Néstor confrontó situaciones electorales a mi juicio bastante más difíciles que ésta, porque se trataba de derrotas. Y lo hizo antes que nada con un gran optimismo, con gran fe en sus fuerzas; un optimismo proveniente de su propia inteligencia y análisis, a partir de examinar su entorno y elaborar estrategias que le permitieron al proyecto salir airoso de situaciones que parecían terminales, como algunos creen que es ésta también.

De manera que hoy necesitamos un poco de aquel espíritu de Néstor para enfrentar esta circunstancia que parece tan difícil. Pienso que esa cosa que da vueltas a la mañana siguiente de las elecciones provoca dramatizar demasiado el asunto. Ante las presentes adversidades, creo que el espíritu de Néstor haría mucha falta.

Recuerdo en ocasión de haber hecho un homenaje a los pocos días de haber fallecido Néstor, y recordar lo siguiente: muchos años atrás, tuvo lugar un diálogo mediático entre un intendente de Bahía Blanca que era socialista, y un miembro del partido conservador. Tuvieron por televisión un encuentro a modo de debate. Todo el mundo decía: “qué educados que son, qué buenos modales que tienen; ¡qué demócratas!, ya que cada uno admite las opiniones del otro”; considerando, agregaban, que uno era conservador y el otro socialista.

En la Argentina de aquel entonces ser conservador y ser socialista era más o menos lo mismo. Y en lo que ambos coincidían era en su ferviente antiperonismo.
Recuerdo ese episodio porque en muchos momentos de la historia no se necesitan buenos modales; se necesita un poco de aspereza. Y Néstor vino a traer a la política argentina un poco de aspereza sobre todo en las confrontaciones con las corporaciones y sus posiciones interesadas en un intercambio de buenos modales, ya que muchas veces los buenos modales legitiman el statu quo. Lo que quiero decir, entonces, es que para tocar intereses hay que ser un poquito mal educado.

Y en algunos momentos de la historia hace falta esa brusquedad que es indispensable para poner los conflictos en blanco sobre negro, y en ese sentido Néstor fue un ejemplo para todos nosotros.

Ese ejemplo, ese legado, es nada menos que este proyecto de Estado inclusivo, que no sólo revive el modelo de Perón sino que añade aspectos propios de esta época, como las políticas de justicia y memoria, la construcción de nuevos derechos ciudadanos. Por lo tanto este proyecto tiene un padre, un mentor ideológico y ese es Néstor Kirchner, de manera que le debemos todo esto que vivimos: la amplitud de nuestros derechos, que hasta parecen naturales pero no lo eran hace 12 años. Fue Néstor quien naturalizó esta realidad.

La gente ahora exige mucho más. Tenemos un 6% de desocupación, y en aquel entonces la cuarta parte de la fuerza de trabajo estaba inactiva; era una realidad completamente distinta.

En el escenario actual, a pesar de la necesidad de hacer un examen de lo que ocurrió, Néstor ya estaría trabajando junto a sus muchachos, porque este es un momento que requiere astucia y energía para tomar las resoluciones más adecuadas.