Por Alejandro Palladino

El bandoneón es uno de los instrumentos emblema de la cultura popular argentina. Así como el tango ha mutado y sobrevivido al paso de las décadas, la columna central de su música también lo ha hecho, a pesar de las opiniones que lo han dado por extinto. El proyecto “Pichuco”, en honor al bandoneonista, compositor y director de orquesta de tango Aníbal Troilo, realizado por la Universidad Nacional de Lanús, produce instrumentos en serie y genera talleres para democratizar el acceso y el aprendizaje del instrumento, ante los altísimos costos de los artesanales.

El proyectó comenzó en 2009 a partir de la idea de la rectora de la casa de estudios Ana Jaramillo (bandoneonista y cultora del tango) y de los integrantes de la carrera en Diseño Industrial.

El propósito inicial, sostiene Andrés Risciutti, director de Innovación y Vinculación Tecnológica de la UNLa, “fue poner a disposición popular un bandoneón de estudio, debido a que sus precios son de hasta cinco mil euros. Por eso el desafío que significa que el Pichuco tenga peso social y comience a ser producido serialmente a través de una red de cooperativas del municipio de Lanús”.

El costo del bandoneón de Lanús industrializado es diez veces menor al de los clásicos y sirve para entrar en el mundo del instrumento para aprenderlo.

El bandoneonista de la Orquesta Fernández Fierro, Julio Coviello, en diálogo con la TV Pública, explicó el proceso de producción y las similitudes y diferencias con los bandoneones anteriores: “Uno de los primeros trabajos de investigación de la UNLa fue contar la cantidad de piezas que tiene el bandoneón antiguo y reducirla en su mayor cantidad para que el trabajo de ensamble sea más sencillo y poder fabricarlo de modo industrial”. Además, señaló que muchas piezas de madera se reemplazan por otras de plástico impresas en 3d para abaratar su costo.

Con respecto a las funcionalidades, afirmó que “la ubicación de las notas y los teclados son iguales que las de un instrumento profesional. Lo que cambia es la mayor facilidad para su acceso”.

La posibilidad de acercar los bandoneones a los interesados estará impulsada también por cooperativas apoyadas por el Ministerio de Desarrollo Social.

Este instrumento es originario de Alemania. Los bombardeos sobre las fábricas en la Segunda Guerra Mundial interrumpieron su producción. Los bandoneones clásicos que se utilizan en Argentina hoy son de aquellos años. Sin embargo, en el país existen poquísimos luthiers que hacen posible la supervivencia del instrumento corazón del tango.

Oscar Fisher es uno de ellos. Es presidente de la Asociación Civil La Casa del Bandoneón. También ha participado en el desarrollo del bandoneón para niños, proyecto del CONICET, y fue gestor fundamental de la ley que declaró al bandoneón Patrimonio Cultural de la Nación. “Hace más de veinte años que milito la idea de hacer popular el alcance de este instrumento”, dijo a Contexto.

“Del proyecto Pichuco participé los primeros años asesorando a los técnicos de la UNLa para los primeros trabajos de investigación del instrumento y su fabricación”, recordó.

Fisher entró al proyecto luego de ser llamado por Jaramillo. La rectora es integrante de la Casa del Bandoneón, llamada años atrás por el luthier, motivo que estableció el vínculo entre los dos personajes.

“La vida del bandoneón depende de la gente joven –dice Fisher–. Por esto es muy positivo el trabajo de la Universidad de fabricarlo y acercarlo a las escuelas y barrios. Esta propuesta de la Universidad pública está a salvo de cualquier crítica: ¿quién puede cuestionar la idea de democratizar el alcance de un instrumento de estudio, que además pertenece a la cultura popular?”.

Consultado por el sentido del bandoneón en la Argentina actual, Fisher destruye cualquier concepción apocalíptica: “Para los que somos parte de este mundo, músicos, fabricantes, el bandoneón para el tanguero es como la pelota para el futbolero: sin pelota no hay fútbol y sin bandoneón no hay tango. Le faltaría la columna vertebral, las cuatro patas de la mesa”.

El prototipo de bandoneón Pichuco, que sonó por primera a fines de 2013, pocos meses antes de lo que hubiese sido el cumpleaños cien de Troilo, se producirá en serie con el objetivo de llegar a las escuelas públicas del país y buscando revertir la exclusividad de su acceso, considerando el rol protagónico que ha tenido en la música popular del tango.