“Tiene una fuerte identidad de triple frontera”, dice Charly Antúnez, una de las mitades de Canoa, para definir Jardín América, el pueblo de Misiones ubicado a diez kilómetros del río Paraná y 100 de Posadas donde él y su hermano Alejandro atravesaron infancia y adolescencia y fueron testigos de las promiscuidades de un padre que cruzaba, sobre el mismo tocadiscos, Pink Floyd y música Mbyá-guaraní, The Beatles y Mario Bofill, flema inglesa bañada en polvaderal. Allí aparece el germen de Canoa, el dúo con el que estos hermanos, ahora radicados en La Plata, acaban de publicar un disco homónimo en el que fabrican paisajes de tonada litoraleña hechos del material férreo de la electrónica.

“Cuando se habla de diversidad cultural la gente se fija en lo que hay en todas partes del mundo y se olvida de dónde está parada”, dice Ale Antúnez

“Me vine a La Plata un año antes de terminar la secundaria “, cuenta Ale, el menor de los Antúnez. Tomó la decisión tras recibir un llamado de Charly, que estudiaba cine en la UNLP, y quería armar una banda. “Sonaba como una urgencia, así que me vine para adelantar el proyecto y terminé la escuela en el Normal 1”. Ese fue el instante en que el pacto de sangre entre hermanos pasó a ser también un pacto hecho de canciones: “Se nos hace fácil componer juntos porque conectamos bastante, incluso nos olvidamos de quién hizo tal melodía o tal letra”, dice Ale, y Charly agrega: “Somos dos personas muy diferentes pero es todo muy cincuenta y cincuenta”.

La identidad de triple frontera también se expresa con fuerza en la música que hacen. 

Ale: De hecho, los referentes pilares son la bossa nova, el chamamé y la música guaraní. Tratamos de insertar esas cosas en lo que hacemos y después vestirlas de rock o electrónica. Son esas las músicas que están presentes al momento de componer o de llegar a algún fin estético.

Charly: Creo que de alguna manera se lo debemos al hecho de haber venido a estudiar acá a La Plata. Fue acá donde conseguimos las herramientas intelectuales para hacer aflorar todo eso, porque cuando vivíamos allá no escuchábamos música guaraní, bossa nova o chamamé. Sí la escuchábamos en el entorno, en la familia, en el barrio, pero al venir acá empezamos a añorar todo eso y a través de la música lo recuperamos, como una manera de tenerla presente todo el tiempo.

Ale: La idea en sí, pensando de dónde venimos, es tratar de tomar ese folclore de triple frontera y hacerlo significativo para las nuevas generaciones, porque si escuchás un chamamé, por ejemplo, tiene una postura muy conservadora, la idea entonces es proponer una renovación de esos géneros.

¿Entonces hay un proyecto político en el sonido que buscan?

Charly: Sí, hay una intención. A diferencia de otras bandas, que de disco a disco se van descubriendo, nosotros ya tenemos una montón de canciones hechas y que están pensadas hasta para un cuarto disco. Ya sabemos cómo va a ser, porque ya hay un plan, un proyecto, y entonces estamos tratando de mantener una línea de mutación.

Ale: El momento de exploración fue durante el primer año del proyecto, escuchábamos la música que nos mostraban nuestros amigos, descargábamos programas, aprendimos a usarlos y explotar esos recursos. Y entonces hicimos “Viejas cavernas” [la canción que cierra el disco], y resultó algo súper instantáneo, un momento de descubrir.

Charly: Esa fue la primera pieza en la que se concretó algo que a nosotros nos abrió un camino. Pero también éramos concientes de que no queríamos ser redundantes, así que no nos quedamos en ese camino, fuimos por otro lado, tirando puntas y abriendo a otras cosas. Somos muy ambiciosos en la cuestión artística, entonces siempre sentimos que falta, siempre hay que seguir, ahondar en el propósito. Por ejemplo, sentimos que este disco que sacamos todavía está muy globalizado, es decir, como que hoy en día hay una tendencia a hacer música de distintas regiones pero de una forma neoliberal, hay un desbalance cultural muy fuerte, así que nosotros tratamos de empujar para nuestro lado.

Ale: Es que cuando se habla de diversidad cultural la gente se fija en lo que hay en todas partes del mundo y se olvida de dónde está parada. En nuestro caso, que venimos de Misiones, el proceso de modernización siempre llega tarde y eso permite que las músicas del lugar sigan presentes. Nuestra música tiene mucho que ver con eso: tenemos impregnadas cosas que son puramente de allá y venimos al amplio mundo musical de La Plata y creo que supimos hacer una convergencia de esas dos cosas. Igual nos falta mucho.

Charly: Lo bueno que sentimos es que cuando volvemos recuperamos los chistes, el humor, las carcajadas fuertes, la tonada, los códigos. Nos interesa mucho Bolivia, nos interesa México y Perú, nos interesa la región, pero tratamos de fijarnos en lo que está cerca, al alcance. Y cuando volvemos acá sentimos que el intercambio cultural nosotros lo hacemos allá. En Misiones piensan que nosotros traemos lo nuevo de acá y lo llevamos allá. Y es al revés, nosotros vamos allá a buscar cosas para traerlas para acá.

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