Por Roberto Álvarez Mur

Después de escuchar algunos gritos de dolor durante la noche del 25 de julio, la dueña de la casa del barrio Libertad encontró el cuerpo sin vida de Josué Marcos Belmonte, desfallecido entre sus dibujos y sus escritos firmados con el seudónimo que marcó su vida: Ioshua. La próxima semana, la editora Nulú Bonsai presentará la obra reunida póstuma del poeta queer del oeste del Conurbano que convirtió a los pibes de la villa, el sexo marginal y la cumbia en una trinchera estética a prueba de balas.

“¿Adónde están los putos de mi raza? ¿Adónde están los varones trolos que enferman la patria? ¿Adónde están los míos? Los peores. Los apartados, los que se escurren por las calles arengando el deseo marica de cada hombre”, relata Ioshua en uno de sus tantos manifiestos poéticos, mezclando panfleto, sátira y dolor.

A través de textos escritos a mano, publicaciones artesanales o blogs ignotos, Josué Belmonte construyó una figura artística inclasificable, cargada de activismo gay, denuncia social y aguafuertes de un conurbano sórdido y estremecedor.

“Ioshua era una persona excesivamente auténtica. Él siempre se esforzaba por mantener sus ideas incluso enfrente de sus mejores amigos. Por momentos muy difícil de llevar porque no le gustaba transar con nadie, incluso lo llevó a pelearse conmigo”, explicó a Contexto Sebastián Goyeneche, editor de Nulú Bonsai y amistad cercana de Belmonte durante muchos años.

“Ioshua era una persona auténtica. Él siempre se esforzaba por mantener sus ideas incluso enfrente de sus mejores amigos.”

“Demostró que se puede salir y romper con lo que uno está supuestamente destinado a ser. Él, viniendo de una familia híper pobre, de un ambiente totalmente marginal y muy discriminatorio, incluso para le gente de su mismo espacio, no tuvo nunca ningún problema en decir que era gay y dedicarse a la cultura, informarse, estudiar”.

Luego de pasar su infancia y juventud en una zona carenciada de Merlo, al oeste del Gran Buenos Aires, Ioshua se convirtió en un explorador de los bajos fondos de la ciudad, refugiándose en la vida nocturna de Buenos Aires, camuflado de camperas Adidas y gorras de colores. Casi en la indigencia, comenzó a esbozar su obra a partir de pequeños cuadernos dibujados a mano donde retrataba una incierta sensualidad sumida en los pibes de la calle, los chorros y los perseguidos por la Policía.

La obra de Belmonte es una cruzada permanente contra los prejuicios sociales sobre la pobreza y la homosexualidad, donde la cumbia, la noche, los encuentros casuales y la juventud marginal son los actores en un territorio de disputa por la libertad. “Era un tipo demasiado culto para la apariencia que la sociedad podría observar sobre un pibito de gorra, o de la villa o del Gran Buenos Aires. Él sabía un montón de música, de literatura, dibujaba, conocía infinidad sobre arte plástico”, agregó Goyeneche

En tanto, el editor Grau Hertt, también parte del equipo de Nulú Bonsai y casi “descubridor” del talento de Belmonte, señaló a Contexto: “Ioshua, encarnando un montón de prejuicios que le jugarían en contra a cualquiera, se encargó de romper todos los tabúes en torno al lenguaje, a las apariencias. Fue una persona que se inventó a sí misma y que las veinticuatro horas se encontraba planeando arte, sus poesías o alguna gira por otros países”.

“Desde 2012 a 2014 comenzó a atravesar un montón de problemas de salud. En 2012 incluso había estado al borde de la muerte, internado, a punto empezar quimioterapia a causa del cáncer de médula que tenía. A partir de esa experiencia empezó a alejarse de la escritura, y nos dijo que iba a preparar sus últimos materiales y largar todo”, señaló Goyeneche, y agregó: “Gran parte de su arte logró borrar los límites y pudo hacerle creer a muchos que él mismo era su propia obra”.

Se estima que la publicación de Toda la obra acabada de Ioshua se hará oficial el próximo 28 de octubre y constará de unas 320 páginas, que incluyen once libros más algunas entrevistas, y sus famosos cómics Cumbiagei y dibujos. Entre las obras recopiladas se incluirán Pija, birra, faso; Loma Hermosa; Clasismo homo; y El violeta es el color del odio, entre otras. Además, se suman las obras producidas por Ioshua con su propio sello Wachodelacalle: Una noche, Una señal blanca, Cumbiagei.

“Uno puede acercarse a la obra de Ioshua y observar que todo ello es una construcción estética. Él hablaba de otra forma, no se la pasaba diciendo ‘chabón, pija, merca’ y nada más. Él elaboró una obra y una estética en la cual intentaba visualizar cómo un pibe chorro puede ser alguien lindo, o un pibe chorro asesinado por la Policía puede ser algo feo”.

Josué Belmonte falleció a los 37 años, pero la firma de Ioshua sigue haciendo ruido, como un grito de batalla hecho de calles y poesía.