Por Florencia Abelleira

En el mediodía del 20 de octubre de 2010, Mariano Ferreyra se manifestó con sus compañeros de militancia del Partido Obrero cortando las vías en Barracas para defender a trabajadores precarizados por una cooperativa dependiente de la Unión Ferroviaria, administrada por el sindicalista José Pedraza.

Una patota armada, bajo órdenes de la Unión Ferroviaria, había ido a parar el corte. Con la complicidad de la Policía Federal, cuando los manifestantes se replegaron, los sindicalistas se abalanzaron sobre ellos y Mariano recibió un tiro en el pecho que acabó con su vida.

En ese momento, también fueron baleados otros tres manifestantes: Elsa Rodríguez, Nelson Aguirre y Ariel Pintos.

El crimen de Mariano genera una injusticia muy grande que en lo personal no hay forma de resarcir. Pero, en un ámbito político, los tiempos procesales tan acelerados para lo que es el común de la Justicia argentina generan una sensación de reparación.

Tras la muerte de Mariano, catorce personas recibieron sentencia. El Tribunal Oral en lo Criminal Nº 21 de la Capital Federal condenó a quince años de prisión al ex secretario de la Unión Ferroviaria, José Ángel Pedraza, al igual que a Juan Carlos Fernández, por ser instigadores del crimen; mientras que a Cristian Daniel Favale y a Gabriel Sánchez, a dieciocho años como autores materiales de la muerte. “Es bueno interpretar la condena en clave de que no se va a permitir en la sociedad que maten a un militante político más”, dijo su hermano.

– En septiembre se confirmaron las condenas a José Pedraza y a otros sindicalistas implicados en el asesinato de Mariano, ¿cómo considerás que actuó la Justicia?

– El crimen de Mariano genera una injusticia muy grande que en lo personal no hay forma de resarcir. Pero, en un ámbito político, los tiempos procesales tan acelerados para lo que es el común de la Justicia argentina generan una sensación de reparación. Hay un fuerte marco que genera el Poder Judicial, donde se investiga a fondo desde el comienzo lo que es el crimen de Mariano.

La condena de septiembre (cuando Casación confirmó las condenas de los imputados, el día 10) vuelve casi irreversible la tendencia a que no se garantice la impunidad y que Pedraza siga preso.

– ¿Qué impacto tiene este juicio en la sociedad argentina?

– El impacto creo que ha sido político, sobre todo en la valorización de la juventud militante, que durante estos años se terminó de constituir como identidad fuerte en torno a lo que fueron estos doce años de gobierno kirchnerista, que ha revalorizado la juventud. Más allá de que mi hermano como yo venimos de experiencias diferentes y anteriores a lo que fue el gobierno de Néstor y Cristina. Pero igual uno puede sentir que en esta época ha cambiado mucho la situación y valorización de los militantes políticos.

Asimismo, me parece a mí que es bueno interpretar la condena en clave de que no se va a permitir en la sociedad que maten a un militante político más.

– El asesinato de Mariano también dejó a la vista la tercerización laboral.

– Es una condena que pone mucha atención sobre la clase trabajadora y los jóvenes trabajadores que están en situación de precariedad laboral en una gran parte de sus trabajos, porque lo que permite es generar una discusión sobre ese tema. Sacarlo de la invisibilización que tiene la tercerización. Muchos padres de estos pibes fueron tercerizados en los noventa, y los pibes ya hoy naturalizan esa condición laboral como algo cotidiano y algo que está blanqueado.

Justo hoy, que es 20 de octubre, podemos estar pensando y reflexionando sobre la necesidad de trabajo digno. En este punto es clave la condena, porque el mismo fallo consideró la tercerización y las cooperativas que había armado Pedraza como parte de lo que produjo el crimen. La motivación del crimen fue defender un negocio que tenía Pedraza, tanto como sindicalista, como titular de la Unión Ferroviaria y como empresario a la vez.

Justo hoy, que es 20 de octubre, podemos estar pensando y reflexionando sobre la necesidad de trabajo digno. En este punto es clave la condena, porque el mismo fallo consideró la tercerización y las cooperativas que había armado Pedraza como parte de lo que produjo el crimen.

– A cinco años del crimen, ¿creés que cambió algo con respecto al poder que tienen algunos sindicalistas y a la tercerización laboral?

– No ha cambiado demasiado. Se ha logrado que se tome nota de este fenómeno, que la muerte de Mariano sirvió para dar una discusión al respecto. Hay trabajos académicos, hay organismos de derechos humanos que están trabajando la perspectiva de lo que es la tercerización como vulneración de derechos humanos.

Vamos a presentar un proyecto con los diputados del Frente para la Victoria, para que el 20 de octubre se declare día contra la tercerización laboral, para generar la conciencia necesaria para discutir este tema. Pero mucho no se pudo avanzar en esta perspectiva de superar esto. Hay sindicatos muy fuertes en Argentina que no han tomado esta problemática en su agenda.

– ¿Qué sentís cuando ves que Mariano se convirtió en símbolo de lucha y bandera de muchas organizaciones juveniles?

– El asesinato de Mariano fue un “Nunca Más”. Aun hoy, cinco años después, se recuerda esa fecha como emblemática y el juicio como ejemplar.

Es complejo, porque uno lo que siente siempre está asociado a una cuestión más personal, más íntima. Uno, más allá del desenlace trágico en que sucedió todo y de no tener a mi hermano, se enorgullece de que sea pensado de esa manera y que pueda ser tomado por la gente sin importar banderas políticas. Se volvió un emblema de defensa de los trabajadores.

Mariano estaba ahí en una actitud solidaria, incapaz de saber su futuro y el lugar que tiene hoy de posteridad, que está impreso en las remeras de los pibes.

Ojala que todos los militantes políticos se sientan interpelados por eso y que ninguno piense que estamos ante un súper hombre que luchó contra la burocracia sindical, sino que, al contrario, tienen que entender que todos los militantes, sin saber qué va a pasar con nosotros, nos arrojamos con la seguridad que te da la militancia de saber que estás haciendo lo correcto en una lucha solidaria.