Por Roberto Álvarez Mur

La conmemoración del Día Nacional de la Identidad Villera se sancionó hace un año, en homenaje al nacimiento del sacerdote y militante Carlos Mugica. En el marco del primer año de recordatorio de la fecha, Contexto habló con La Garganta Poderosa, revista de la organización popular homónima, que supo convertir a la identidad villera en un territorio de lucha y reivindicación cultural.

–¿Cómo debe interpretarse un día dedicado a la identidad villera? ¿Es una celebración, una instancia de reivindicación, o reflexivo?

–Hay algo que se vuelve orgullo en la resistencia de los valores, que en este contexto histórico lo reivindicamos. Nosotros queremos vivir en barrios donde haya construcciones seguras, tendidos eléctricos de calidad, cloacas como en cualquier barrio y las condiciones garantizadas para la vida digna. A lo largo de todos estos años, haber mejorado la calidad de vida, o haber hecho sobrevivir a los valores humanos que prevalecen en nuestros barrios, es algo que hay que destacar. Claro que existe el riesgo de que se confunda que lo que estamos celebrando es eso o lo estamos naturalizando, pero así como no creemos que la Asignación Universal por Hijo sea naturalizar que siempre va a haber familias que no tengan para darle de comer a los hijos, sino que tiene que ver con un contexto y necesidad inmediata, nosotros también tenemos nosotros la necesidad de decir que nuestros barrios no son lo que otros les contaron los grandes medios.

Para nosotros la defensa cotidiana de la identidad villera tiene que ver con un desafío de la coyuntura y del momento histórico que nos toca vivir por como están dadas las cosas. En otro contexto, partiendo de la concepción de un mundo ideal, no sería necesario una identidad condicionada por tantos años por ciertas circunstancias que hacen más difícil la vida. A lo largo del tiempo, esa lucha de los barrios por hacer de la vida algo más digno y lindo se lo ha recortado, desde los grandes medios de comunicación y el imaginario colectivo, en sus acepciones negativas. Eso sirve para que de los barrios sólo se conozca la mierda que flota y no la falta de cloacas.

nuestros barrios sobrevive un espíritu colectivo mucho más organizado y solidario tal vez que en otros barrios

–¿Dónde se manifiesta ese universo de valores?

–Nunca vimos en la televisión, por ejemplo, cómo se hace un funeral en el barrio, con la gente aportando y colaborando con lo que puede; o si vas a comprar a un quiosco y no te alcanza la plata, te dan una mano. Dar cuenta de ello es una manera de combatir y revertir el discurso dominante de lo que sucede en nuestros barrios. Hay un montón de dificultades objetivas que tienen que ver con ausencias del Estado a lo largo de un montón de años, y que son explicables. Las zonas liberadas por las fuerzas de seguridad, la precariedad de las casas, las zonas habilitadas para el narcotráfico. Lo que sí sería difícil de explicar, es por qué en nuestros barrios sobrevive un espíritu colectivo mucho más organizado y solidario tal vez que en otros barrios. Para nosotros ir a una asamblea es lo más cotidiano del mundo, la lucha cotidiana de todos por salir a trabajar, porque sus hijos puedan progresar. Todo eso está invisibilizado como parte de una resistencia. Creemos que es importante aclarar que la identidad villera no implica celebrar la precariedad, en absoluto, sino que celebramos la resistencia y los valores de la cultura villera aun en sus dificultades.

Ignacio Levi, La Garganta Poderosa (Foto: Prensa FPyCS)
Ignacio Levi, La Garganta Poderosa (Foto: Prensa FPyCS)

–¿Esa impronta cultural es asumida por todos los villeros por igual?¿O existen diferencias, o contradicciones?

–La realidad es que a nosotros nos parece absurda cualquier generalización. A nosotros, como medio de comunicación, difícilmente nos van encontrar hablando de ninguna generalización, ya que no creemos en eso. No creemos que en los countries toda la gente sea igual, no creemos que en la clase media toda la gente sea igual. Nosotros podemos hacer mil críticas a las construcciones generales de la clase media, pero nosotros reivindicamos al Che Guevara, a Rodolfo Walsh, al Padre Mugica, que también provenían de la clase media. En su momento se produjo una gran polémica cuando Víctor Hugo dijo que existen quien elije o no vivir en un barrio. La verdad es que lo equivocado es creer es que todos vivimos y pensamos desde la misma situación. Claro que hay vecinos que desarrollaron otras posibilidades, u otras oportunidades que les permitirían ir a vivir a otro barrio y no se van porque allí tienen su historia, sus recuerdos, su familia, su lugar en el mundo. De la misma manera que hay quienes viven en el barrio porque sus posibilidades no le permiten otra cosa. De ninguna manera nos atribuimos la potestad de hablar en nombre de todas las personas que viven en una villa. Hablamos en nombre de nuestras 22 asambleas en 12 provincias.

un barrio como el mío, que ya tiene 50 años, sigue siendo un cuadrado blanco en el mapa interactivo del gobierno de la Ciudad que lo creó, y un punto gris en la guía T, un punto rojo en el GPS, y el foco de estigmatizaciones permanentes por parte de los medios

–¿Qué avance importante se puede destacar en los últimos años en cuanto a la figura del villero como actor y sujeto social? ¿Qué lugar se ha ganado?

–Creo que esta misma discusión es un avance, que se vea con ojos críticos la designación de un día de los valores villeros, que nos pone a dialogar entre todos sobre temas como, por ejemplo, por qué en un barrio como el mío, que ya tiene 50 años, sigue siendo un cuadrado blanco en el mapa interactivo del gobierno de la Ciudad que lo creó, y un punto gris en la guía T, un punto rojo en el GPS, y el foco de estigmatizaciones permanentes por parte de los medios. Creo que poder discutir eso sin dudas es un avance. También, asimismo, es un día que nos obliga a decir que no se puede esperar más, que falta infraestructura en los barrios y que la urbanización es el parte del derecho a la vida. A nosotros se nos murió Gastón, en la villa Rodrigo Bueno, ahogado en un pozo ciego porque no tenía ni la tapa. Pascual se murió en la Villa 31 porque una bala lo hirió fortuitamente y lo tuvo que llevar al hospital un amigo en el carro de cartonear. Así hay muchos casos más. Eso no lo podemos permitir más, este día también nos obliga que todos los valores que pudimos obtener son loables, pero no queremos medallas ni aplausos, queremos urbanización para vivir dignamente como todo el mundo.

–Si entendemos la urbanización como la erradicación de la precariedad material de los modos de vida en las vilals ¿El sujeto villero finalmente debería desaparecer?

Si lo que llamamos como sujeto villero a una persona que vive sin cloacas, por supuesto que esa concepción debería haber sido eliminada hace muchos años; pero si entendemos al sujeto villero también con sus condicionantes que hicieron que se fortaleciera la comunidad, y que se fortalezca el hábito de la solidaridad, eso también es el sujeto villero. Y eso nos interesa muchísimo que prevalezca.

Asumir que existe una identidad villera o una cultura villera como decimos nosotros tiene que ver con reivindicar y rescatar un montón de esos valores como un capital a favor. Siempre tomamos una frase de Jáuregui, quien fundó la resistencia homosexual: mientras la vergüenza sea norma, el orgullo será revolucionario. Entonces sentimos orgullo de la resistencia, no nos gustaría que se borre de la historia esta identidad. Nosotros queremos urbanización con radicación, queremos que la historia de nuestros barrios prevalezca en condiciones dignas de vida.

Aun si el nivel económico de nuestros barrios ascendiera hasta alcanzar el nivel de los countries, aun en ese caso no querríamos vivir de esa manera, enrejados y aislados del vecino. Por eso, es la resistencia de la solidaridad y el compañerismo lo que queremos que no desaparezca jamás.

Carlos Mugica, -en cuyo natalicio se estableció la fecha por la identidad villera- fue un sacerdote vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y a las luchas populares de la Argentina de las décadas de 1960 y 1970. También fue el fundador de la parroquia Cristo Obrero de la Villa 31 de Retiro.

El sacerdote murió asesinado a balazos, después de celebrar misa en la iglesia de San Francisco Solano, en Villa Luro, por una célula de sicarios de la Alianza Anticomunista Argentina.