Por Darío Martínez*

Las primeras paritarias logradas por el personal de servicio doméstico resultan un acontecimiento inédito y una ampliación de los derechos de trabajadoras y trabajadores. Históricamente, las tareas destinadas a la reproducción de las condiciones de vida son invisibilizadas como trabajo. Las razones pueden ser numerosas, aunque es posible afirmar que una de las vertientes de la articulación entre capitalismo y patriarcado es la que más ha operado (y continúa haciéndolo) para que las tareas domésticas sean relegadas a la informalidad laboral.

Entre las múltiples postergaciones, las mujeres que desarrollan tareas como personal doméstico tampoco han podido culminar su escolaridad obligatoria. En la ciudad de La Plata, la mayoría de los ingresos de las estudiantes de educación de jóvenes y adultos provienen del trabajo como empleadas domésticas. Persisten en estos trabajos, aunque en altos grados de informalidad, y al mismo tiempo concurren a la escuela. Como si fuera poco, también atienden a sus hijas/os y familiares. En algunos casos, es factible encontrar experiencias traumáticas que se cruzan con historias de inmigración y desigualdades estructurales que llevaron a que sólo pudieran encontrar en el trabajo doméstico un sustento económico.

la escuela –por sí sola– no puede superar las contradicciones que la economía y la política no han intentado resolver.

“[En Perú] mi madre murió [a mis] cuatro o cinco años, no sé, eso lo tengo borrado. Según me enteré, éramos seis [hermanos]. Fallecieron dos varones. Mi papá trajo una mujer con hijos y de ahí nos fuimos. Todos […] Después caí a una casa a trabajar. A cuidar chicos, a lavar platos, a limpiar. Por conocidos, que “vas a estar bien”, “vas a jugar con los chicos”. Eso es macana. Eso es cuento que una sola vez un chico cree. Después ahí adentro hacés de todo. Quieras o no quieras tienes que hacer de todo, si no te dan paliza. Así que hay que hacerlo”, contó Paula (54 años), empleada doméstica por hora en La Plata.

En la última parte del testimonio se halla un indicio de que estas tareas son realizadas a temprana edad, cuando son niñas, en sus propios hogares en la mayoría de los casos. Esto es una recurrencia que explica, de alguna manera, las estrategias de formación que adquirieron en sus ámbitos más íntimos que les brindó los recursos para obtener sus empleos. Solo debieron adaptarse y desplegar sus tácticas respecto a las particulares dinámicas cotidianas de sus empleadores, porque, en lo estructural, las tareas ya las conocían desde sus años de infancia. Sobre esta experiencia acumulada, las articulaciones hegemónicas vigentes lograron que una identificación del mundo del trabajo se haya percibido como inviable para estas mujeres.

Algunas docentes, con una militante voluntad de correr el límite de lo posible, instan a reflexionar acerca de palabras clave como aportes, jubilaciones, aguinaldo, entre otras. Fotocopian artículos laborales y los llevan para leer en clase. Buscan partir de las experiencias de sus alumnas, nombrar críticamente todo aquello que las afecta. A veces se producen apropiaciones de estas estrategias educativas, pero también denota que la escuela –por sí sola– no puede superar las contradicciones que la economía y la política no han intentado resolver. En este sentido, los puntos de partida son muy desiguales por las experiencias vividas.

Para finalizar, quisiera hacer dos observaciones complementarias a la temática, pero sin afán totalizador. En ocasiones es frecuente encontrar mensajes de oyentes de radios o comentarios en foros de lectores de diarios online, etcétera, que se preguntan acerca de dónde están las madres de una determinada tipología de jóvenes que les ocasiona pánico moral. La respuesta es sencilla: están cuidando los/as hijos/as de estos oyentes o foristas virtuales en los comentarios de lectores.

La otra observación consiste en preguntar, sin romantizar la desigualdad: ¿es posible considerar un acto de amor, un saber del cuidado, la acción de una madre que luego de lavar los pisos en una casa sale a tomarse dos colectivos para llevar a su hijo a fútbol o a su hija a patín?


* Becario de CONICET, Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP.