El caso de la desaparición y el posterior hallazgo de la estudiante Rut Ávila Zambrana en La Plata puede servir para reflexionar sobre las repercusiones sociales y, principalmente, mediáticas en relación a las personas, mayores o menores, extraviadas, ya que en ambas dimensiones, la falta de información suele ser contraproducente, tanto para la investigación de los hechos como para la posible víctima.

Un caso similar al de Rut tiene lugar por estas horas en Berisso, con Evelyn Herrera, una adolescente de diecisiete años que fue vista por última vez hace una semana: sus familiares ya organizaron tres marchas porque “no tiene respuestas por parte de la Policía” y su rostro ya tiene una presencia considerable en los medios locales y provinciales.

Y aunque a veces son los propios padres, familiares o amigos los que van en búsqueda de los diarios, radios, canales de televisión o portales, ¿eso habilita el vale todo o, igualmente, hay algunas cuestiones que los periodistas deberían tener en cuenta antes?

“La madre o el padre lo primero que van a hacer es ir a gritar a algún medio, y los medios a veces se aprovechan sin saber qué derechos pueden estar siendo vulnerados”, dijo a Contexto Victoria Obregón, integrante del equipo técnico del Registro de Información de Menores Extraviados de la Secretaria de Derechos Humanos de la Provincia.

Aunque a veces son los propios padres, familiares o amigos los que van en búsqueda de los diarios, radios, canales de televisión o portales, ¿eso habilita el vale todo?

“Se desconoce que hay un protocolo de búsqueda y muchas veces los medios terminan ventilando la intimidad de la víctima, algo que no aporta nada a la búsqueda y estigmatiza o culpabiliza a quien se intenta encontrar”, agregó Obregón, quien además es licenciada en Ciencias Sociales e integrante de la Cátedra Abierta de Violencia de Género de la Universidad Nacional de Quilmes.

Obregón recordó el caso de Melina Romero (tenía diecisiete años cuando fue asesinada en septiembre de 2014, tras tomar resonancia nacional), en el cual, mediáticamente, se hizo hincapié en que “salía a bailar muy seguido”, y se repitió hasta el hartazgo una selfie donde aparecía en una pose supuestamente sensual. Eso, continuó, es un mensaje “normalizador, una advertencia, para que nadie se corra de la normal: te pasó esto porque te comportaste de tal manera”.

Como esto no es una inquietud nueva, desde la Defensoría del Público de Comunicación Audiovisual elaboraron una serie de “recomendaciones para tener en cuenta al abordar casos de extravío y abandono del domicilio de niñas, niños y adolescentes” (http://www.defensadelpublico.gob.ar/es/recomendaciones-tener-cuenta-al-abordar-casos-extravio-y-abandono-del-domicilio-ninas-ninos-y#sdendnote1sym). De allí, Obregón llama a reflexionar sobre todo en el material que queda publicado una vez que se encuentra a quien se intentaba localizar. “Es estigmatizante, por eso lo correcto debería ser levantar la información publicada de menores una vez que aparecen”, puntualizó.

“Considero que, a veces, los padres tendrían que tener más información para saber cómo actuar; por lo que habría que mejorar las políticas públicas en ese sentido.”

“Considero que, a veces, los padres tendrían que tener más información para saber cómo actuar; por lo que habría que mejorar las políticas públicas en ese sentido. Y, por el lado de los medios, es un tema a discutir, pero es muy sensible porque está la libertad de expresión de por medio”, completó.

La búsqueda de personas

“A todas las personas se las empieza a buscar y nunca se las deja de buscar hasta que aparecen”, aseguró, también en diálogo con este medio, el fiscal platense Fernando Cartasegna, titular de la UFI Nº 4, especializada en delitos conexos con la trata de personas. Es una respuesta a esa inquietud siempre latente de que, si no hay una presión mediática de por medio, los operativos no se inician hasta las 48 horas después de la denuncia.

Es decir, cuando alguien da cuenta de un extravío, en la comisaría están obligados a dar cuenta a la Justicia para que, de ahí en adelante, sea el fiscal actuante el que tome la decisión de cómo seguir. Lo primero que suele pasar, en esos casos, es una entrevista con los familiares y una evaluación de su entorno. De esas primeras conclusiones también se desprende cuál será la comunicación a la prensa.

Cuando alguien da cuenta de un extravío, en la comisaría están obligados a informar a la justicia para que, de ahí en adelante, sea el fiscal el que tome la decisión de cómo seguir.

“Si hay indicios fuertes de que se trata de un secuestro no extorsivo o de una desaparición forzada con fines de trata, por ejemplo, la difusión masiva debe ser inmediata. Pero si todo hace pensar que la partida fue voluntaria, cuantos menos datos se difundan, mejor”, explicó.

“En estos casos, también son nocivas las marchas o las campañas públicas de amigos de compañeros porque, en general, se alejan más”, comentó Cartasegna. Otro de los puntos a tener en cuenta es que, cuando se investiga una fuga, no se le brindan detalles a la familia o a conocidos por si alguien del círculo íntimo aún mantiene contacto con aquel o aquella que se busca.

Esto no significa, claro está, que haya que tener una fe ciega en las fuerza de seguridad y en la Justicia, ya que existen sobrados ejemplos donde su accionar no fue el esperado, o donde no han estado a la altura de las expectativas de una sociedad reclamante. Pero por qué renunciar a un tratamiento más equilibrado y pensante de estas noticias, o a intentar trazar una estrategia conjunta con los encargados de las pesquisas.

En este portal, Tomás Viviani ya se explayó sobre el uso político que se le intentó dar a la figura de Rut por parte de algunos sectores de izquierda de la política universitaria. Retomamos aquí ese tópico por un momento porque esa exacerbación de la desesperación suele también después ser perjudicial, ya que parece que Rut tendría que haber salido a pedir disculpas por aparecer con vida.

“Rut no era ni Marita Verón ni Miguel Bru”, advirtió Cartasegna, en lo que podría ser un consejo para ser leído en todos los ámbitos. Y, en este sentido, aclaró que la intensidad de los rastrillajes no tiene que ver con la carátula del expediente ya iniciado (muchos creen que sólo se les presta atención a los casos de secuestros).

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Qué hacer, dónde llamar

– Para denunciar un extravío o aportar información sobre uno, lo más rápido es llamar al 911, donde los operadores están capacitados para activar los protocolos correspondientes.

– Dirigirse a la comisaría más cercana. Allí los uniformados tiene la obligación de dar cuenta al fiscal de turno.

– Llamar al Registro Nacional de Menores y Adultos Extraviados: marcar el 142 o el 0800-122-2442. El lema de esta dependencia es: “No hace falta esperar ningún plazo para realizar la denuncia. Insista y en todos los casos comuníquese con nosotros”.

– Llamar a la Secretaria de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires: (0221) 155070315, las 24 horas; o al (0221) 4895530. De 9 a 18hs.

– En el caso de los menores de edad, la autoridad judicial competente es la única con facultades para consentir la difusión de las imágenes o cualquier otro dato de la investigación. Así queda expresado en la “Guía Práctica para Búsqueda de Personas” del Ministerio Público Fiscal de la Nación (http://www.mpf.gob.ar/protex/files/2014/09/B%C3%BAsqueda_de_Personas.pdf).

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