Por Alejandro Palladino

Se realizó ayer el panel “Estado y participación popular en el proyecto nacional”, en la Facultad de Trabajo Social de La Plata. De cara a las elecciones de octubre, Edgardo Depetri, diputado nacional del Frente para la Victoria y dirigente nacional de ATE, Florencia Saintout, concejala de La Plata por el Frente para la Victoria y decana de la Facultad de Periodismo (UNLP), y Rubén Pascolini, secretario nacional de Acceso al Hábitat, expusieron sus opiniones sobre el rol del Estado en la sociedad argentina.

A tan pocos días de los comicios, analizaron qué formas tomó el Estado en las últimas décadas de la historia. El eje de la discusión fue su relación con la injerencia de los sectores populares en la construcción de la democracia frente a los modelos liberales de exclusión que tienen hoy su cara en el frente de la oposición liderado por Mauricio Macri.

La charla fue organizada por el Colectivo de Participación Popular (el Kolectivo). Uno de sus referentes, Alberto Ramírez, llevó adelante una presentación para luego darle la palabra a Rubén Pascolini, quien comenzó haciendo un balance de los últimos años: “Hoy en la sociedad argentina existe un consenso sobre la importancia de lo público. Si la 125 fue un duro revés, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y el Matrimonio Igualitario, por dar ejemplos, son derechos ganados gracias a la organización popular que sostuvo al Estado, y este, a su vez, llevó a cabo las políticas públicas en beneficio de las mayorías, creando fuerzas de poder favorables a estos últimos. Esto habla de una relación dialéctica entre pueblo y Estado que permitió traccionar para conseguir los logros”.

“Hoy en la sociedad argentina existe un consenso sobre la importancia de lo público.”

A la hora de mirar a los adversarios en el escenario político actual, sostuvo que “el neoliberalismo fragmentó históricamente a la sociedad argentina, con el terror y el miedo militar, para sentar las bases de un modelo que crea expertos en esos pedazos fragmentados, sin integrar los territorios de acceso al hábitat con otras áreas como la educación y la economía. Lo habitacional y la educación se deben pensar de modo que se articulen con los modelos políticos que los conforman. La resolución de estas problemáticas de hábitat es un conflicto político; de ahí, entender los reclamos de los pequeños y medianos productores”.

Agregó que “el neoliberalismo nos hace enamorar de los detalles, de esos pequeños fragmentos. Por el contrario, nuestras luchas son integrales y buscan llegar a todos los rincones del país, porque al barrio hay que entenderlo enmarcado en un proyecto de ciudad, a esta dentro de un país y al país en sintonía con una perspectiva latinoamericanista. Basta recordar la alegría de sectores de la clase media argentina cuando Fernando Lugo fue derrocado en Paraguay y los neoliberales impusieron sus políticas que dejaron a muchos fuera y que eligieron Argentina como lugar ante la falta de oportunidades en su país. Ahí los tenías después quejándose por la migración paraguaya en las veredas de sus casas”.

“el neoliberalismo fragmentó históricamente a la sociedad argentina, con el terror y el miedo militar.”

Posteriormente, Depetri remarcó la matriz de energía que “levantó” el kirchnerismo, luego del saqueo menemista, y dio el ejemplo de la usina térmica de Río Turbio de Santa Cruz, que “posibilita que la industria argentina prosiga e incluya a más trabajadores, para no dejar en manos del mercado la conducción de la sociedad”.

Saintout, por su parte, definió el Estado “no como una esencia pura ni algo abstracto y fijo; es una realidad concreta producto de las luchas de la historia; es móvil, está vivo. La participación del pueblo en su definición tampoco es una esencia folclórica muerta e incrustada en un museo. Esa construcción del Estado se da al calor de las luchas del pueblo, que tiene sus contradicciones complejas y que empuja como protagonista por sus derechos”.

“el estado es una realidad concreta producto de las luchas de la historia; es móvil, está vivo.”

Saintout hizo referencia a los últimos cuarenta años de historia argentina y cómo las luchas se han pasado como una posta entre generaciones: “El Estado asesino del 76, gendarme de los intereses neoliberales para llevar a cabo su ‘plan de miseria planificada’, como decía Rodolfo Walsh, los años de resistencia de los noventa y la sangre de 2001, fueron una herida que no cerró y que está en la memoria de los hijos del kirchnerismo, que desde 2003 a la actualidad han sido testigos de un gobierno que en nombre del Estado pide perdón. Y desde ese perdón comienza su camino para convocar a los trabajadores del ‘trabajo roto’, a los y las jóvenes, a las mujeres, a los movimientos indígenas, a Madres y Abuelas, formando una totalidad compuesta por aquellos que pelearon desde los pedazos rotos, como decía el poeta Juan Gelman”.

La concejala cerró sosteniendo que “el poder crea nuevos sujetos. Los poderes reprimen, matan, hacen desaparecer, pero también pueden ser emancipatorios y creativos desde el llamado del Estado a aquellos ignorados”.