“El disco lo grabé el año pasado en vacaciones de invierno pero lo subí recién ahora porque quería tomarme tiempo”, dice Germán Herrera sobre La Pequeña Máquina del Tiempo, su quinto registro como solista bajo el nombre de Pitilo Beat. Si bien se trata de un nuevo álbum, es el primer larga duración: nueve canciones de crudeza lo-fi embellecidas por arreglos vintage de teclados (usó un Yamaha YC – 20) que constituyen la marca de agua del sonido de este músico de 26 años venido de Trelew que también forma parte de proyectos como Los Moretones, Garuda y Otro Sistema Solar. “Corregí bocha de cosas. Igual si hubiese sido por mi seguía, lo hubiese regrabado. Iba a sonar mejor, pero iba a perder la esencia”.

“Está bueno que suene todo perfecto, pero también es un reto hacerlo sonar así”

Esa esencia es un sonido beat con tramos garageros donde confluyen baladas románticas, guitarras movedizas y arrebatos punks. La voz de Herrera alterna entre lo cristalino y lo camuflado por una batería de efectos (“Canción para todos los días”). Hay piezas comandadas por las guitarras (“Al rayo del sol”) y otras más juguetonas con teclas onda sesentas (“Absorbido”), pero todo funciona bajo un halo de crudeza hiriente.

¿Por qué la decisión de grabarlo solo?

Porque Pitilo Beat era eso: grabar yo. Porque si le das a alguien una idea tuya por ahí no sale con esa onda precisa que imaginás. En vivo pasa eso, por ahí suena más cabeza. Por ejemplo, al bajo Lautaro (Pugliese, de los Hojas Secas) lo toca diferente. En el disco está grabado con bocha de arreglos y está más pisado. En vivo es más cuadrado. La idea era que suene de determinada forma, con un estilo definido.

¿Y cuál fue la idea al momento de grabarlo?

Tenía un par de temas viejos que daban para hacerlos con este estilo beat, más los de los EPs, y después otros que salieron el año pasado. Tenía ganas de grabar algo así. Y como era Pitilo Beat tenía que grabar un disco beat. Aparte es lo que más escucho, me gusta la música de los sesenta. Son cosas que venía mamando hace banda. La idea también era hacer un disco que en vivo se pudiera tocar con banda. Era buscar un sonido redondo, configurado y que suene compacto.

Además es muy lo-fi.

De una. Hoy cada cuerpo de la batería se graba con un mic y acá está grabada con cuatro micrófonos: dos de aire, uno al tacho y otro al bombo. Era comerse ese viaje también, que suene crudo. Está bueno que suene todo perfecto, pero también es un reto hacerlo sonar así. Por eso estar todo el tiempo mezclando y probando cosas estuvo re bueno porque aprendí un montón. Ya sé cómo hacerlo sonar así o hacerlo sonar de otra forma.

Entre que lo grabaste y lo subiste, ¿lo fuiste editando todo el tiempo?

Sí. Lo mezclaba, lo escuchaba en diferentes lados, probaba diferentes masterings. Primero le iba a sacar todos los agudos y los bajos para que quede bien compacto. Pero terminó quedando con banda de agudos. La música beat y la garage es más bien mediosa, pero los agudos estaban buenos y como tiene ese sonido lo-fi ayudaban a romper. Había que encontrarle la estabilidad. Era hacer sonar bien, mezclar, probar cosas y ver qué quedaba mejor. Cosas estéticas y de estilo.

¿Qué es lo que te moviliza de la música beat?

Lo juvenil. Me gusta también porque es bailable. Como que los temas no tienen ese cliché de esa música todo el tiempo. Tiene ritmos más propios como lo que hacían Los Gatos. Esa cosa nostálgica me gusta.