Por José Manuel Welschinger Lascano

Tras una prolongada reunión en Quito, los mandatarios Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos acordaron el restablecimiento de la normalidad en la zona de Táchira y los distritos afectados por el contrabando y el paramilitarismo. El final feliz llegó en una cumbre de Jefes de Estado, que tenía por objetivo sanear de forma pacífica y diplomática el conflicto que desde hace más de un mes se desató sobre los 2.220 kilómetros de frontera que comparten Colombia y Venezuela.

La reunión entre los mandatarios fue convocada tanto por Ecuador como por Uruguay, bajo expresa recomendación de la cancillería argentina, desde la cual se venía impulsando una reunión excepcional de los doce presidentes de los países que integran Unasur, para la intermediación exclusiva del conflicto de Táchira.

Al respecto del rol desempeñado por nuestro país a la hora de garantizar la institucionalidad en América Latina, el coordinador de la Comisión de Asuntos Internacionales de Carta Abierta, Lido Iacomini, consideró: “Argentina es consciente de su papel a la hora de evitar que la región sea absorbida por el marco mundial de conflicto y guerra que se vive actualmente, y por eso siempre aboga por sostener en todo momento una política de paz, que es el máximo desafío de nuestros días”.

“Argentina desempeñó un papel central dentro de la constitución de Unasur –sostuvo Lido en diálogo con Contexto– y de su posicionamiento como la entidad supranacional, que ocupó el lugar que la Organización de los Estados Americanos (OEA) dejaba vacante”.

Lido Iacomini: “Argentina es conciente de su papel a la hora de evitar que la región sea absorbida por el marco mundial de conflicto y guerra”.

La OEA, que contaba también con la participación de Canadá, fue desplazada de la política internacional luego del surgimiento de Unasur y Celac. “Era un organismo creado para sostener los intereses panamericanistas, que presuponían a Estados Unidos en el centro del poder, y ahora es Unasur quien actúa como garante del orden institucional, y trabaja para la resolución de los conflictos”, afirmó Iacomini.

Por su parte, el secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista en Argentina, Jorge Kreyness, compartió con este medio esa perspectiva: “Argentina está íntimamente ligada a la construcción de Unasur, ya que su consolidación comenzó a gestarse luego del No al ALCA en Mar del Plata, en el año 2005”.

“Cuando en nuestro país se rechazó la imposición de un acuerdo de libre comercio a nivel continental, se puso la primera piedra. Luego, con las sucesivas reuniones de los mandatarios, Unasur y Celac fueron tomando forma”, agregó.

Por esa época, el precedente del organismo de integración fue una institución informal llamada Grupo de Río, hasta que Unasur entró en actividades, con Néstor Kirchner como su primer secretario general. “Fue una decisión trascendente”, comentó Kreyness, “al punto que Evo Morales llegó a declarar que Néstor era el primer presidente de América del Sur, para significar la importancia del rol que el argentino estaba cumpliendo”.

 Jorge Kreyness: “Cuando en nuestro país se rechazó la imposición de un acuerdo de libre comercio a nivel continental, se puso la primera piedra de Unasur”.

Desde aquel momento, y hasta nuestros días, la organización jugó un papel muy destacado en la resolución de distintos conflictos: especialmente respaldando a los Jefes de Estado que se encontraban bajo amenazas de destitución o peligro de muerte, llegando a impedir derrocamientos contra Rafael Correa, Evo Morales y Hugo Chávez; así como se trabajó intensamente para respaldar el orden institucional tanto en Honduras, durante la destitución forzada del presidente Zelaya, como en el Paraguay de Lugo.

El trasfondo del conflicto

Según explicaron los especialistas, el conflicto entre Colombia y Venezuela gira en torno a los daños que están produciendo el contrabando y el paramilitarismo de la zona fronteriza sobre la población y la economía subsidiada de Venezuela.

Pero, a su vez, como remarcó Kreyness, “la frontera entre Colombia y Venezuela es la frontera entre dos proyectos: uno popular, soberano, bastión de la integración regional y la recuperación económica, con las imágenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro; y otro sometido a la dependencia de los Estados Unidos, que cede su soberanía, que aplica el neoliberalismo sobre su pueblo a cualquier costo, y que desde hace sesenta años se encuentra asolado por una guerra civil y el narcotráfico”.

Iacomini: “De ninguna manera podemos alentar ni permitir una confrontación entre países de nuestro continente”.

Para Iacomini, Latinoamérica no debe utilizar esta situación para tomar posiciones partidarias, sino para demostrarle al mundo la solidez institucional de la región: “De ninguna manera podemos alentar ni permitir una confrontación entre países de nuestro continente, especialmente porque son los pueblos los que reciben el mayor daño”.

Los analistas de la política internacional también consideraron que uno de los puntos favorables de la intervención de Unasur es, justamente, que se evita la mediación norteamericana en las decisiones soberanas. “Hay que entender que la Organización de los Estados Americanos no está capacitada para resolver los conflictos de América Latina”, recordó  Kreyness, y agregó: “Aparte de tener su sede en Washington, queda por fuera del enfoque actual de la cuestión internacional, que impone que los problemas latinoamericanos deben ser abordados por los latinoamericanos, sin la intervención de la potencia extranjera cuyo peso es tan determinante”.