Por Maximiliano Ceci

“Tomamos la iniciativa de que el Salón de Usos Múltiples lleve el nombre de Irma Ángela Zucchi porque tenemos la convicción de llevar la memoria como bandera. Entendemos que no se reivindica la memoria como se debería. Se conmemora mucho a los desaparecidos sólo por ser desaparecidos, y no por militantes, que fue la causa de su desaparición”, dijo a Contexto Martina Tito, presidenta del Centro de Estudiantes del Bachillerato de Bellas Artes de La Plata, en referencia a recuperar la memoria de la profesora desaparecida, dirigente gremial de la Juventud Trabajadora Peronista, secuestrada el 17 de noviembre de 1976 por las Fuerzas Armadas.

irmaLa “profesora de los zapatos rojos” tenía 57 años cuando fue secuestrada y detenida en el Centro Clandestino de Detención que funcionó en la Brigada de Infantería de la Marina Nº 3 (B.I.M. 3). “Creo que es importante la memoria de Irma Ángela porque es una docente que entregó su vida a la práctica política y reivindicó la docencia como un acto político. Se puede escuchar de muchos ex alumnos que destacan que fue una profesora que les enseñó a ‘pensar diferente’ y los incentivó a ‘buscar su propia voz’ para que los jóvenes ‘adopten su modo de ser protagonistas’”, agregó también a Contexto Leonel Fernández Pinola, docente y ex alumno del lugar.

Zucchi fue profesora de Historia de varios de los veintitrés estudiantes de Bellas Artes desaparecidos, víctimas de la Noche de los Lápices, y ocupó un cargo directivo en 1974. “Hablamos mucho del 16 de septiembre, pero perdemos el eje de lo que debemos discutir. Por ejemplo, el edificio se llama La Noche de los Lápices, y, si bien se discute lo que pasó en la dictadura, esto no basta. Creemos que reivindicando a la profesora Zucchi abriríamos el debate”, reflexionó Tito, y agregó: “Julio López recordó haber compartido su detención con Zucchi. Esto nos permite hacer una revisión y tejer una red de lo que sucedió en La Plata”.

“No sé si me enseño a pensar, no sé si me enseñó a enseñar, pero sí me enseñó a hablar sin miedo. Nos hacía enormes a su lado.”

“Pero, eso sí, la profesora Irma Ángela Zucchi siempre estará vestida a la moda, diciéndole que sí a la vida. El general flaco con cara de rata no va a poder impedir jamás eso a nuestra recordada docente, se quedará mordiendo las uñas en su balcón mirando su iglesia castrense de Palermo”, escribió Osvaldo Bayer en la contratapa de Página/12 cuando en 2003 Zucchi apareció en una placa que colocaron en el viejo Bachillerato.

“En un sentido, ‘flaca, fané y descangayada’, siempre me acompañará la imagen de Irma Zucchi, profesora de Historia. Cada vez que comenzaba la clase pedía alterar el orden de disposición de los pupitres con respecto a ella, porque ‘nadie debe sentirse más que nadie’. A continuación proponía un tema y nos instaba a desarrollarlo sin haber estudiado. Razonar le interesaba más que escuchar nombres y fechas. A su lado, mi mundo dejó de dividirse entre buena y mala gente, para polarizarse entre intereses mayoritarios y minoritarios. Y, por primera vez, de la mano de Fanon, escuché hablar de ‘guerras justas’”, recordó Chiqui Falcone, hermano de Claudia, una de las desaparecidas tras la Noche de los Lápices y ex alumno del bachillerato de Bellas Artes.

La solicitud para el petitorio se puede firmar de lunes a viernes de 9 a 17hs en la Administración del colegio. “No sé si me enseño a pensar, no sé si me enseñó a enseñar, pero sí me enseñó a hablar sin miedo. Nos hacía enormes a su lado”, recordó Juan Bautista Machado Mellana, ex alumno que ya acompañó la propuesta con su firma para que el salón que albergará muestras, recitales y jóvenes en acción lleve el espíritu y nombre Zucchi.

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La huella de los zapatos rojos

Osvaldo Bayer (Fragmento, Página/12 de 2003)

“Ya vienen, ya están aquí, al lado de cada uno de nosotros están María Paula y Jorge Omar con sus vestidos y peinados de los años setenta. No han perdido ni un ápice de juventud ni de guapeza. Y veo los ojos de María y de Jorge, de Domingo Inocencio y de Patricia Graciela. Acaba de entrar María Claudia con un rollo de cartulinas y Luis Ignacio con modelos de yeso. Quieren ayudarnos a construir el futuro. Y el resto de sus queridos cofrades los aplaude y ríe. Francisco Bartolomé estalla en carcajadas y la querida profesora Irma Ángela Zucchi los mira a todos con una sonrisa comprensiva e infinita. Sí, acaba de entrar, los estudiantes siempre miraban con curiosidad los altos tacos de sus zapatos rojos, porque ella era así, siempre diciéndole que sí a la vida, y empezaba las clases con la palabra cosmovisión y su apasionamiento por los nuevos inventos de la ciencia que hacía abrir la boca a todos de pura curiosidad, Irma Ángela, la profesora del optimismo. Desaparecida diría hoy el general flaco que vive frente a la Iglesia Castrense y repetiría: ni muerta ni viva, desaparecida, mientras mueve sus ojos de rata que devora todo lo tierno”.

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