Por Pablo Roesler y Maximiliano Ceci

El director del diario El Día de La Plata, Raúl Kraiselburd, fue solicitado como testigo de la defensa en el juicio que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 1 de La Plata realiza a ocho marinos y prefectos por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la Fuerza de Tareas N° 5 de la Armada durante la dictadura cívico-militar en el cordón industrial de La Plata, Berisso y Ensenada. Aunque no trascendió en qué concepto fue citado el directivo, su convocatoria se conoció en el mismo día en que los hijos de un abogado asesinado en octubre de 1976 recordaron que ese matutino publicó la noticia al día siguiente del asesinato con datos que sólo conocía su familia y la Inteligencia de la dictadura.

La incorporación de Kraiselburd como testigo programado para el miércoles fue anunciada por la secretaría del Tribunal al finalizar la audiencia de ayer. El llamado, que sorprendió a querellantes y público, fue solicitado por Sebastián Olmedo Barrios, reconocido defensor de la Marina en causas de lesa humanidad, como el proceso por la ex Esma. El letrado confirmó la convocatoria, aunque se excusó de dar explicaciones de su pedido. También abonó el efecto sorpresa y aseguró que hasta ayer no había “ubicado” al director de El Día, por lo que no podía segurar que asistiera a la audiencia.

El llamado a Kraiselburd se produjo el mismo día en que los hermanos Elena y Fernando Galván, hijos del abogado Miguel Galván Lahoz, recordaron el asesinato de su padre junto a su colega Roberto Pampillo, cometido por la Fuerza de Tareas N° 5 de la Marina en su estudio del centro de La Plata. En su testimonio, los jóvenes recordaron que contaban entre sus papeles con la crónica policial que ese diario había publicado al día siguiente del operativo, realizado el 19 de octubre de 1976 por “fuerzas conjuntas” de la Armada y la Policía bonaerense en un edificio de avenida 7 y calle 58, donde funcionaba el estudio de los abogados. En el operativo fueron asesinados los dos letrados y militantes peronistas, que resistieron el ataque de un número desmesurado de efectivos.

Pero, además, los hermanos Galván mencionaron un detalle: la crónica del diario mencionaba el lugar atacado como una casa de familia en la que, además de los fallecidos, estaba su madre. Y remarcaron que esa información era incorrecta. “Mi mamá iba a estar al momento del operativo, pero a último momento no fue. En el diario El Día dieron la noticia como si ella hubiese estado allí”, contó Herminia. Y recordó que su madre no asistió por un hecho tribial: “Se había comprado una pollera y como no le gustaba cómo le quedaba no quiso ir”. Su hermano remarcó que el recorte periodístico aseguraba que el lugar era “una casa de familia”, y explicó que su madre le contó que tenían previsto irse a vivir a ese departamento, cosa que aún no había ocurrido.

Abogados de la querella explicaron a Contexto que esas diferencias entre los hechos y lo publicado parecen acreditar que Galván Lahoz y Pampillo estaban siendo perseguidos por la Inteligencia de la dictadura y que el parte militar remitido al periódico pudo haber sido realizado con la información colectada previamente por los servicios de Inteligencia Naval, de la Dirección de Inteligencia de la Policía bonaerense o el Destacamento 101 del Ejército.

La mecánica de publicación de noticias en el diario El Día con partes informativos brindados por las Fuerzas Armadas o de Seguridad ya fue consignada en otros juicios realizados en la ciudad. Por caso, en el anterior proceso realizado en La Plata por los crímenes cometidos en el centro clandestino de La Cacha, fue puesto de manifiesto el posible vínculo entre el diario El Día con la Inteligencia de la dictadura, luego de que durante el debate el condenado ex teniente coronel Anselmo Pedro Palavezzati recordara que solicitaban a ese diario la realización de tareas de inteligencia.

Asesinato y exilio interno

En la audiencia, Elena y Fernando Galván recordaron el asesinato de su padre, un abogado y militante de la organización Montoneros que había trabajado en la Municipalidad de La Plata y desarrollaba sus actividades militantes en el barrio de Los Hornos. Los jóvenes recordaron que, por intermedio de su abuelo paterno, quien había pertenecido a la Marina, lograron recuperar el cuerpo de Galván Lahoz, que fue sepultado en el panteón familiar, radicada en la provincia de San Juan.

“Nosotros nos quedamos al cuidado de mis abuelos. Mi abuelo fue quien pudo recuperar el cuerpo de mi padre. Él había estado en la Marina y, al hablar con un conocido de Puerto Belgrano, le devolvieron el cuerpo de mi papá a los dos días”, recordó Elena Galván. Y finalizó: “No tuve ni voy a tener papá. Sí tuve la suerte de que mi madre y mis abuelos lograron transmitirme quién era mi papá, que era una persona íntegra. Aunque no puedo recordar su voz, su olor, no tengo anécdotas con él, estoy muy orgullosa de ser su hija”.

Por su parte, su hermano recordó que, por su seguridad, su madre le ocultó la verdad por mucho tiempo acerca de la muerte de su padre porque estaban perseguidos, y recordó que “estuvimos mucho tiempo dando vueltas hasta que unos primos de mis abuelos no dieron asilo”. Además, contó que su madre permaneció por dos meses con dos personas que la cuidaban. “Después de la muerte de mi padre, vinieron a buscar a mi madre. Aparentemente, eran compañeros de Montoneros, que la llevaron para protegerla. Ella siempre recuerda que la trataban muy bien”.

Ampliaciones y declaraciones

En la audiencia de ayer también la abogada querellante, Guadalupe Godoy, anunció que el próximo miércoles pedirá ampliar la causa debido a las declaraciones de los últimos testigos. Además, Juan Alberto Magliano, testigo presencial del secuestro de Osvaldo Busetto, un militante desaparecido que fue secuestrado y llevado al Hospital Naval donde le salvaron la vida para poder torturarlo a fin de sacarle información, realizó un croquis de la secuencia que observó al momento de la detención.

“Iba caminando por 7 entre 54 y 55, cuando veo que una persona pasa corriendo. Era Osvaldo, que lo conocía del barrio. Cuando cruza la calle, frena un Torino blanco. Baja una persona de contextura gruesa, vestida de traje y, al grito de ‘alto’, le dispara. Osvaldo cae y llega otro Torino, de color azul. Se bajan tres personas, lo cargan al baúl y se van en contramano por avenida 7”, relató Magliano, amigo de Juan Carlos Busetto, hermano del desaparecido.

También testificó Carlos Reboledo, hermano del desaparecido Mario Reboledo, que narró cómo el 17 de mayo de 1977 cercaron su cuadra y lo secuestraron. Mario trabajaba en la destilería de YPF y no regresó hasta el 18 al mediodía. El operativo, formado por personal de civil y uniformados, pasó la noche en su espera mientras amenazaba a la familia a punta de pistola.

“Antes del operativo, ya habían estado rondando la zona. En una oportunidad, un helicoptero bajó hasta la altura de las copas de los árboles en el descampado detrás de mi casa. Luego, unos días antes del secuestro, unos veinte tipos llegaron en un camión de yerba y estuvieron rondando el barrio”, recordó Reboledo.


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