Por Tomás Viviani

Hace casi un mes, Rut Ávila Zambrana decidió irse de su casa sin decírselo a su familia, por motivos que no conocemos y que no deberían trascender. Algunos días después, sus familiares y amigos comenzaron a visibilizar el caso para encontrarla. Un mes más tarde, el sábado 19, Rut fue a sacar el dinero que cobra por ser destinataria del programa PROGRESAR –mediante el cual el Gobierno federal estimula los estudios universitarios de jóvenes de entre 18 y 24 años– y una pareja de policías la identificó, cerrando una breve pero intensa historia de búsqueda que sirve para pensar algunas otras cosas sobre las “fuerzas vivas” de la ciudad de La Plata.

Si bien la búsqueda de Rut fue tema central en los medios locales desde que sus familiares visibilizaron el caso, los medios “nacionales” nunca llegaron a tomar el tema como propio.

En primer lugar, y de acuerdo con la información que circuló hasta ahora, Rut pasó gran parte del tiempo en que fue buscada en la Ciudad de Buenos Aires, sin notificarse de la conmoción que su decisión había motivado en ciertos sectores de la sociedad platense. Eso debería llamar la atención sobre el rol de los medios de comunicación. Si bien la búsqueda de Rut fue tema central en los medios locales –masivos y alternativos– desde que sus familiares visibilizaron el caso, los medios “nacionales” (recurso con el que se denomina usualmente a los medios masivos radicados en la Capital Federal) nunca llegaron a tomar el tema como propio, quizá porque la desaparición de una joven hija de migrantes bolivianos vecina de un barrio de la “periferia” de La Plata no llega a tener la relevancia de un atasco en la General Paz o un choque en Caballito. Desde diferentes espacios que acompañaron a la familia se intentó poner el tema en agenda nacional, pero la respuesta fue muy despareja: sólo los medios más comprometidos con distintas formas de desaparición de personas se sensibilizaron y colaboraron con la búsqueda.

La primera concentración pidiendo por la aparición de Rut fue el lunes 24 de agosto en la puerta de los tribunales penales de 7 entre 57 y 58. Allí sus padres, Estefanía Zambrana y Andrés Ávila, se reunieron con la fiscal Betina Lacki, acompañados por el equipo del Proyecto de Extensión Universitaria “Construyendo Lazos” del que Rut participaba y con el apoyo de la Asociación Miguel Bru. En las puertas de tribunales cortaban la calle familiares, amigos y algunas agrupaciones políticas, pero la causa no movilizó a más de doscientas personas aquella primera vez. Cuarenta y ocho horas después, una marcha que quintuplicaba a la primera recorrió el centro de la ciudad desde los mismos tribunales hasta la Casa de Gobierno provincial.

Quienes acompañamos ambas jornadas pudimos asistir al carancheo al que fueron sometidos Estefanía Zambrana y Andrés Ávila por parte de diversas agrupaciones políticas, casi todas autodenominadas de izquierda. Incluso en aquella segunda movilización del miércoles 2 de septiembre pudimos ver también cómo no fue respetada la voluntad de la familia, que pretendía dejar la calle 6 –frente a la gobernación– libre para que los automovilistas pudieran circular y así poder mostrar la cara de Rut. Ante tal pedido, varias agrupaciones hicieron oídos sordos y cortaron la calle mientras cantaban consignas que vinculaban la desaparición de Rut con la trata de personas y la complicidad del Estado en sus diferentes esferas, sin tener siquiera una mínima pista que vinculara la búsqueda de la joven con la trata. Incluso en la tercera marcha, que recorrió las calles de la ciudad desde la entrada de la Facultad de Ingeniería en 1 y 47 hasta los tribunales de calle 7, militantes kirchneristas fueron increpados por los mismos que quemaron un muñeco que representaba a Hebe de Bonafini en la conmemoración del último golpe cívico-militar, en marzo de este año.

Quienes acompañamos ambas jornadas pudimos asistir al carancheo al que fueron sometidos Estefanía Zambrana y Andrés ávila por parte de diversas agrupaciones políticas, casi todas autodenominadas de izquierda.

También la Universidad jugó un papel desparejo en esta historia. Rut era alumna de la Facultad de Ingeniería y participaba del mencionado proyecto de extensión radicado en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Autoridades de esas dos casas de estudio junto a otras de Trabajo Social y Periodismo acompañaron a la familia en cada episodio de búsqueda. Sin embargo, la Universidad nunca logró constituirse como motor del reclamo, con todas sus posibilidades.

Incluso el jueves pasado, en la última gran marcha que convocó a varios miles de personas, la Universidad tuvo un rol triste. Convocada una conferencia de prensa en la sala de Consejo Superior del edificio de la Presidencia, con Estefanía Zambrana y Andrés Ávila como protagonistas, la escena se tensó cuando la presidencia de la FULP intentó capitalizar políticamente la búsqueda de Rut y plantear diferencias políticas con otros de los actores de esa desafortunada conferencia. Como si fuera poco, luego de la intervención del Andrés Ávila, breve y entreverada con el llanto, el presidente de la Universidad decidió terminar de convertir esa conferencia en una manifestación antipolítica cuando invitó a los presentes a sacarse una foto con un cartel de fondo que indicaba en letras enormes “El gobierno es responsable” y en letras menos notorias el nombre de Rut. Decanos y vicedecanos de varias facultades se percataron a tiempo del papelón y tanto el presidente como el vicepresidente de la Universidad quedaron en el medio de una foto que no representaba la idea original del episodio. Nuevamente, organizaciones autoproclamadas de izquierda gritaban contra el Gobierno, el Estado y la trata, con los familiares de Rut como público quebrado de la situación.

Rut volvió. La encontró la Policía mientras retiraba la plata del PROG.R.ES.AR por un cajero automático del Banco Nación. Los medios “nacionales” nunca llegaron a instalar su búsqueda, de modo que ella nunca supo que éramos miles quienes nos preguntábamos por ella día a día. Los y las militantes que gritaban por la cara de sus padres que era víctima de una red de trata con complicidad del Gobierno no se dieron la posibilidad de pensar que quizá había otros motivos. La segunda Universidad más grande del país actuó –salvo en los casos excepcionales mencionados– con increíble lentitud y lejanía, prestando el tema al manoseo de grupúsculos con mínima representación social y enorme boca.

Es necesario seguir revisando el rol de instituciones como la Universidad pública, los medios de información y los partidos políticos, actores trascendentes en la vida cotidiana de la comunidad. A Rut le debemos una disculpa, por el modo en que su decisión personalísima fue tratada, y seguramente por el manoseo mediático del cual será objeto durante los próximos días.