La comunicación en América Latina tiene una perspectiva de tres campos: en el sur, incluyendo Argentina, Uruguay y algo de Brasil, es una comunicación que está afincada mucho más en lo político, en lo social, en la lucha política como eje fundamental del pensamiento, del conocimiento y de lo que se aprende, y de lo semiológico como manera de interpretación de la realidad. Esa es una marca. Hacia arriba estamos otros países que enfocamos todo mucho más desde la cultura, que todo lo explicamos desde una mirada culturalista, y que casi somos despolitizados. Y hay un tercer campo emergiendo que tiene que ver con estos modelos indígenas y del buen vivir y el pensar distinto el mundo, que nace basicamente en Bolivia y que están tratando de pensar ni desde el lado político o semiológico del el sur, ni del culturalista del norte. Ese es un mapa global general de la comunicación en América Latina.

La segunda cosa que hay que decir es que hay temas transversales que nos atraviezan: todos los países de Latinoamérica tienen monopolios de medios. Incluso en Cuba, donde el monopolio es del Estado. En Brasil está O Globo, Televisa en México, Mercurio en Chile, El Tiempo en Colombia, El Comercio en Perú. Pero hay otra cosa que también nos atraviesa, que es contraria a eso, y son los medios ciudadanos que están emergiendo en radio, televisión, Internet. Eso también está sucediendo. En Ecuador hay un problema complejo, y, si bien todos hablan bien de ese país, la ley ecuatoriana es muy fuerte y controla contenidos. En Cuba es un único sistema, pero hay, aunque no supieramos, un activismo de base ciudadana que es fuertísimo, incluso desde el consumo.