Por Franco Dall’Oste

Juanita Darling es estadounidense, aunque su nombre no lo insinúe. Tiene un castellano típicamente americano (imposible para ella decir las erres), y una voz demasiado suave. Cuando se sienta para contestar la entrevista que le propusimos desde Contexto, sonríe: dice que le gusta mucho el país, que ella sabe lo que es hacer una nota, que si necesito algo más le mande un e-mail, que tiene una compañera brasilera que le enseño argentinismos y que nunca conoció otro lugar en el país que no sea Buenos Aires.

Darling es doctora en Comunicación de Masas con un certificado de la Latin American Studies por la Universidad de Carolina del Norte. A su vez, tiene una larga trayectoria como periodista en diferentes medios: Los Angeles Times, San Salvador Bureau Chief y Mexico City correspondent, y es directora del Latin American Studies Minor. “Creo que el hecho de haber sido periodista en estos medios hizo que, naturalmente, termine inclinándome a estudiar los medios, sobre todo en America Latina”, me dice.

Lo que pasa hoy en día es que estos medios no reflejan a la comunidad en que nacieron y crecieron.

– ¿Cuál es su opinión sobre el actual panorama de los medios y lo político en América Latina?

– Es una situación fascinante, porque uno podría pensar que durante mucho tiempo los medios estuvieron demasiado ligados a los Gobiernos. De hecho, muchos nacen desde los Gobiernos. Entonces, cuando llegaron los nuevos Gobiernos populares, pensando que los medios están en manos de sectores más bien burgueses, lo que vemos es que quieren, en principio, apoyar a los Gobiernos, pero cuando estos rechazan estas alianzas, entonces se vuelven en contra de ellos. Entonces los Gobiernos comienzan a desarrollar prácticas sociales para cambiar esta situación.

– Usted ha teorizado que los medios “reflejan” las filosofías de la sociedad. Hoy en día, habiendo medios corporativos y multinacionales, ¿cómo piensa esta relación? ¿Cómo lo ve en relación con los medios alternativos y comunitarios?

– Lo que pasa hoy en día es que estos medios no reflejan a la comunidad en que nacieron y crecieron. Por ejemplo, el Sony, que es japonés, tiene señales en todo el mundo, pero no refleja las ideas de ninguna sociedad. Los que sí lo hacen son, justamente, los medios comunitarios. Estos son los que nacen desde abajo, que no tienen una gran audiencia, pero tienen un público que los escucha. Un medio grande ya no tiene esas raíces.

– ¿Es decir que los medios comunitarios nacen de una necesidad profunda de un determinado sector?

– Claro, esos medios nacen de una determinada comunidad y sólo existen por esa comunidad. Por ejemplo, en El Salvador, cuando los quisieron clausurar, en los noventa, fue la misma gente la que salió a la calle a defenderlos.

– Hoy hay una situación extraña en nuestro país: por un lado vemos gente que sale con las banderas de un determinado medio, motivado y condicionado por este, siendo que justamente es una coorporación, mientras del otro lado están quienes defienden la comunicación alternativa o popular. ¿Cómo analiza esta situación?

– Bueno, es un encuentro de filosofías que para mí es fascinante. Porque, evidentemente, los que consumen o trabajan en medios comunitarios y alternativos tienen una idea muy clara de qué deberían hacer los medios. Lo mismo con los que consumen o trabajan en los grandes medios, tales como Clarín. Ellos también tienen una idea clara de qué creen que deberían hacer los medios. Entonces acá hay una cuestión de valores diferentes.