Por Maximiliano Ceci

“No lo atendieron por un acto humanitario. Lo curaron para poder torturarlo e interrogarlo”. Con esas palabras, Walter Docters recordó a Osvaldo Busetto, un militante desaparecido que fue secuestrado y llevado al Hospital Naval, uno de los cuatro centros clandestinos que la Armada Argentina utilizó durante la dictadura cívico-militar en la región de La Plata, Berisso y Ensenada. El testigo habló en una nueva jornada del juicio en el que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata juzga a cinco ex jefes de la Armada y tres de la Prefectura –entre los que se encuentra el ex comandante de Operaciones Navales Antonio Vañek, de 91 años–, que desplegaron la represión con la Fuerza de Tareas Nº 5. También lo recordó el sobreviviente de la Noche de los Lápices, Pablo Díaz, y la hija del desaparecido, Mariana Busetto. En la misma jornada también declaró la hija de un trabajador de Astillero Río Santiago, y una sobreviviente recordó haber sufrido abusos sexuales durante su cautiverio.

Docters recordó que con Busetto trabajaban en la Policía bonaerense, que militaban en el Ejercito Revolucionario del Pueblo, y que compartieron cautiverio en el centro clandestino que funcionó en el Destacamento de Arana y en la Brigada de Quilmes. En esos lugares, el desaparecido le contó que tras su secuestro fue llevado al Batallón de Infantería de Marina Nº 3 (B.I.M. 3) y luego al Hospital Naval, donde fue operado: los represores buscaron mantenerlo con vida para sacarle información.

Antes había declarado Mariana Busetto. La mujer recordó que tuvo la primera información sobre su padre a través del libro y la película La noche de los lápices. De allí sacó el nombre de Pablo Díaz, el sobreviviente que permitió reconstruir esa historia, y lo contactó en una marcha en 1989.

Luego Díaz recordó que estuvo detenido en el Pozo de Banfield junto a Busetto. “Estuvimos un día sin hablar, y en un momento me preguntan quién era desde la celda de al lado. Al principio tenía miedo de que fuera uno de los guardias, y cuando digo mi nombre empiezan a gritar compañeros de la coordinadora del boleto estudiantil que estaban detenidos. Él siempre nos decía que nos quedáramos tranquilos, que éramos unos perejiles e íbamos a salir. Él ya sabía que no iba a salir, era el único que podía ver a los guardias y nos recomendaba que, si no nos sacábamos la vendas, no nos iba a pasar nada”, recordó.

También explicó que allí actuaba el médico torturador condenado por robo de bebés, Jorge Bergés, quien lo eligió para que curara las heridas de Busetto. Fue allí que Busetto le contó su paso por el Hospital, donde había sido operado por médicos de la Armada y había visto a la cara a los marinos.

“El Estado no me dio la oportunidad”

En la audiencia también declaró, por primera vez, María Lorena Blasetti, hija de Juan Carlos Blasetti, secuestrado el 10 de septiembre de 1976, cuando ella tenía dos años. “Crecí pensando en un papá que nos había abandonado. Mi mamá nos había dicho que él arreglaba barcos, y que un día se fue en uno de ellos. A los trece años miramos La noche de los lápices y mi mamá me dijo que a mi padre le había pasado algo así. Allí cambió mi adolescencia, mi visión sobre lo sucedido, y empezaron los conflictos con mi madre por haberme ocultado la historia, por manejarse con el miedo del ‘algo habrán hecho’”, contó.

“La desaparición de mi padre tuvo como secuela la fragmentación de mi familia. El Estado no nos dio la posibilidad de saber cuál hubiese sido el destino de mi familia”, dijo Blasetti, y concluyó: “Estar acá me permite cerrar un poco más mi historia”.

En la misma cuadra que a Blasetti, secuestraron a Rubén Omar Padín y a Miguel Ángel Casajus. En la audiencia también declaró Norma Miriam Sunggini, esposa de Padín, quien recordó que gracias a un allegado a su familia supo que su esposo estaba detenido en el B.I.M. 3. También recordó las palabras de ese informante: “El 24 de diciembre va a haber un traslado. Si no sale para esa fecha, no lo esperes más”.

Al año siguiente su marido seguía desaparecido, y en un nuevo operativo, Norma fue secuestrada. Estuvo cinco días desaparecida. “Me  torturaron en una camilla, supuestamente amarrada a espaldas de mi marido. Pero yo tenía la certeza de que no era él, nunca habló”, dijo Sunggini. Y denunció: “Uno de los guardias abusó de mí. Si lo viera, lo identificaría”.

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Jornada por Memoria

La Mesa por la Memoria La Plata realizó ayer una jornada con intervenciones culturales, radio abierta y bandas en vivo, en el marco de la audiencia del juicio a los represores de la Fuerza de Tareas Nº 5 (FuerTar 5), con el objetivo de acompañar y visibilizar el debate en busca de verdad y justicia por los secuestrados y desaparecidos del cordón industrial de La Plata, Berisso y Ensenada.

La jornada busca “mantener viva la memoria, honrar los nombres de los 30.000 compañeros desaparecidos y festejar, a su vez, que, gracias a decisiones políticas guiadas por firmes convicciones, hoy se está haciendo justicia y que en esos lugares donde ayer se ejercían torturas atroces simplemente por pensar hoy se cursan carreras universitarias, públicas y gratuitas” , expresaron desde la organización.

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