Por Artemio López

Contra todo lo dicho por el sistema de medios opositores y sus analistas, el kirchnerismo “puro” no sólo no es “piantavotos” , sino que resulta una oferta atractiva para segmentos medios. Sólo se trata de elección adecuada de candidatos, obviamente, pero en modo alguno el problema es la identidad kirchnerista como maldición metafísica.

Por el contrario, de las tres fases de despliegue del populismo peronista –la inaugural, la menemista y finalmente la kirchnerista–, es la etapa que inaugura Nestor Kirchner en el año 2003 y continúa hasta hoy Cristina Kirchner la que tuvo mayor capacidad de construcción de segmentos medios post crisis neoliberal del año 2001, según todos los estudios disponibles sobre el tema.

No resulta sorprendente, entonces, la capacidad de intervención electoral sobre sectores medios-bajos y medios que manifiesta el kirchnerismo. Tampoco es sorpresivo que la oposición lo niegue. Sí es desconcertante que los propios analistas o militantes oficialistas sostengan este disparate de la condición de “piantavotos” sobre segmentos medios del kirchnerismo.

No sorprende la capacidad de intervención electoral sobre sectores medios-bajos y medios que manifiesta el kirchnerismo. sí es desconcertante que los propios analistas o militantes oficialistas sostengan el disparate de la condición de “piantavotos” del kirchnerismo sobre segmentos medios.

Triste malentendido. Una fuerza resiste si se opone ferreamente a pensar su práctica bajo el paradigma conceptual de sus enemigos, por poderosos que sean. Por el contrario, sucumbe si asume esos valores como propios, aun si el enemigo es débil. Si somos constituidos por el paradigma del enemigos, fuimos o –lo que es lo mismo– seremos sujetos de lo que Gramsci denominó “transformismo”: asumir como propios los valores del enemigo.

En esta dirección de análisis, el caso de La Plata, ciudad emblemática de segmentos medios si las hay, desagregadas las PASO por barrio y por escuelas, es demostrativo el exitoso clivaje K sobre estos segmentos en la figura de Florencia Saintout, un ícono de “kirchnerismo puro”.

No sólo en La Plata, también se observa la buena penetracion del kirchnerismo sobre segmentos medios-bajos y medios plenos en el despliegue en las PASO de segmentos juveniles, representantes de lo que los analistas opositores denominan despectivamente “kirchnerismo duro”.

No sólo en La Plata, también se observa la buena penetracion del kirchnerismo sobre segmentos medios-bajos y medios plenos en el despliegue en las PASO de segmentos juveniles, representantes de lo que los analistas opositores denominan despectivamente “kirchnerismo duro”, donde en modo alguno se verifica con datos objetivos la preponderancia sobre segmentos medios del peronismo no K o anti K, ni mucho menos resulta adecuada la descalificación de los representantes “kirchneristas puros” y su performance electoral.

A contrario sensu, sostenemos como hipótesis a discutir que el peronismo no K o anti kirchnerista en sus variantes diversas –además de un anacronismo ideológico, y por eso francamente conservador– es el que recluye la oferta electoral crecientemente sobre segmentos vulnerables, recortando el coeficiente de expansión electoral del FpV fundamentalmente a las periferias de los grandes centros urbanos y de los distritos en general, y esto supone un retroceso notable respecto del perfil electoral del kirchnerismo.

Son estos enclaves electorales sobrepoblados de segmentos vulnerables signos de agotamiento de la oferta peronista no K o anti kirchnerista, que para amplios segmentos medios-bajos y medios, en especial menores de 44 años –como se observa en el gráfico, el 60% del padrón–, resulta, tras doce años de gestión kirchnerista, francamente extemporánea.


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