Por José Manuel Welschinger Lascano

De la noche a la mañana, el candidato presidencial de mayor proyección dentro de la lista de los opositores comenzó a reconocer los logros del Gobierno, y a prometer la continuidad de las principales políticas sociales. El timonazo no pasó desapercibido; sin embargo, pocos notaron que se trataba de un fenómeno a escala regional, un cambio de estrategia adoptado por la derecha, que ya está cansada de verse derrotada en las urnas.

El primero en implementar este particular giro discursivo fue el referente de la oposición venezolana, hacia 2012. Así lo sostiene Mariano Fraschini, quién explicó a Contexto: “El concepto de caprilización alude a la estrategia política adoptada por Henrique Capriles durante los últimos tres años, y luego replicada por distintos políticos de derecha en casi todos los países de Latinoamérica”.

“la caprilización alude a la estrategia política adoptada por Henrique Capriles en venezuela, y luego replicada por distintos políticos de derecha.”

Según lo observado por Fraschini, Capriles fue el primer candidato opositor que intentó, a partir de un aparato discursivo, tomar parte de la agenda oficialista y utilizarla en su propia campaña. Su metodología consiste en elogiar ciertas políticas del Gobierno que tienen gran aceptación en la sociedad, prometiendo que cuando llegue al poder esas políticas serán sostenidas y profundizadas.

“Haciendo esto –comenta Fraschini–, intenta abrirse un nuevo lugar dentro de la política. ¿Qué es lo novedoso? Que es el primero en decir que hay algo bueno en la gestión del proyecto político al que intenta desplazar. Capriles dijo: yo me propongo mantener la igualdad, la inclusión; y vengo para cambiar la inseguridad, la corrupción”. De esa forma, explicó el politólogo, evita antagonizar para dejar de ser la oposición política, y más bien se muestra como una solución a la dicotomía entre oficialistas y opositores. La idea central de la estrategia es que, para ganar las elecciones, resulta indispensable no oponerse a todo lo construido por la gestión anterior.

“Bajo el rótulo de solución se esconde la caprilización”, sostiene Fraschini. En Argentina, el primer candidato presidencial en caprilizar su discruso fue Sergio Massa en 2013. “Él construyó un discurso en el que planteaba una estrategia de gobierno que fuera por la vía del medio, entre las políticas neoliberales de ajuste y las políticas redistributivas de los gobiernos populares del giro-a-la-izquierda”, explicó. “Curiosamente, luego comenzó a fortalecer una postura opositora a rajatabla, criticando al Gobierno sin reconocerle ningún logro y haciendo cada vez más viajes a Estados Unidos”.

Así es como el espacio de la solución quedó vacante y fue retomado por Macri desde hace un par de semanas, producto quizás de las peripecias electorales. “Macri comenzó a prometer el sostenimiento de políticas puntuales”, desarrolló Fraschini: “Sobre la base de un discurso estrictamente propositivo, intentando cooptar esas banderas del Gobierno que gozan de buena imagen pública”.

“Cuando las oposiciones se cansaron de verse derrotadas en las urnas, entendieron que contradecir ya no era el camino.”

Lo que esta estrategia garantizaría es un lugar de competitividad dentro del espectro electoral: algo que por lo visto ningún partido de derecha tiene asegurado en la política regional. “Por eso –comenta Fraschini–, la han utilizado los opositores tanto en Brasil, como en Uruguay, Ecuador, y obviamente también en la Argentina: se debe a la fortaleza electoral de los Gobiernos del giro-a-la-izquierda. Cuando las oposiciones se cansaron de verse derrotadas en las urnas, entendieron que contradecir ya no era el camino”.

Doctor en Ciencias Políticas, Fraschini encuentra una sombra de dialéctica hegeliana en la caprilización del discurso político, donde el candidato busca ocupar el lugar de la síntesis del conflicto ideológico.

“De todos modos –advirtió el politólogo–, no olvidemos que la caprilización es un dispositivo comunicacional, no una política de gobierno. Ante ningún caso estamos hablando de un despertar de la conciencia social de los políticos de derecha: lo que sucede es que se ha comprobado que el antikirchnerismo ya no sirve”.

“La caprilización es un dispositivo comunicacional, no una política de Gobierno. no es un despertar de la conciencia social de los políticos de derecha.”

Según lo expuesto por Fraschini, quien se proponga gobernar a partir de 2015 va a necesitar sostener las políticas de Estado. “La sociedad argentina no quiere un cambio rotundo, de blanco a negro”, afirmó.

Respecto de los planteos de “austeridad” o “ajuste”, Fraschini aseguró que son tabú en la coyuntura latinoamericana, ya que sólo restan votos. “Es algo que se ve en la actualidad de Brasil, donde el Gobierno tomó elementos de la agenda del partido al que había derrotado en las elecciones: una decisión que terminó por perjudicarlo”, concluyó Fraschini.