Por Maximiliano Ceci

“Siento que cerré una etapa de oscuridad, de dolor, y se abrió una ventanita de luz, de esperanza, de alivio. Esto recién comienza, hay que seguir luchando y militando. Espero que este fallo le traiga alivio a más personas, que sea un amparo colectivo”, dijo a Contexto Alejandro Cibotti tras el fallo del juez Guillermo Scheibler, a cargo del juzgado en lo Contencioso Administrativo y Tributario Nº 13, que lo habilita a consumir marihuana con fines terapéuticos para aliviar los dolores de su tratamiento por el HIV.

El magistrado Scheibler dio lugar al recurso de amparo presentado por Cibotti junto a la Mesa por la Igualdad en 2012, y recomendó que los médicos del Hospital General de Agudos Tornú hagan una interconsulta con el Laboratorio para la Investigación en Medicina del Dolor de la Universidad de La Plata, a cargo de Marcelo Morante, que estudia el uso medicinal del cannabis siguiendo los pasos de la experiencia en Canadá. Si con ese aval científico sus médicos consideran que “corresponde”, les permite prescribirle “algún producto médico relacionado con el cannabis […] para su suministro al actor bajo control profesional”. Para su uso o importación, detalla el juez, deben pedir una autorización a la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).

“Con esto se abrió una grieta en Argentina, porque están invitando a los profesionales de la salud, científicos y abogados a debatir una nueva ley de drogas o un cambio de paradigma. Es urgente porque la ley actual atenta contra los derechos humanos”, dijo Cibotti.

“Con esto se abrió una grieta acá en Argentina, porque acá están invitando a los profesionales de la salud, científicos y abogados a debatir una nueva ley de drogas o un cambio de paradigma. Es urgente porque la ley actual atenta contra los derechos humanos”, contó Alejandro Cibotti, que en 2011 tuvo una crisis de dolor producto de la polineuritis sensitiva que padece y tomaba dieciséis pastillas por día que no lograban calmarle el dolor. Cierta vez fue al hospital y le inyectaron morfina. Cuando volvió a casa, su hijo lo esperaba con leche mezclada en aceite extraído de la planta de marihuana. Minutos después sintió calor en su cuerpo y el alivio que tanto había deseado. A partir de ese momento, Alejandro empezó a consumir marihuana para paliar sus dolores.

“Lo más importante de este fallo es que claramente expresa que el uso del cannabis y su autocultivo entran dentro de las ‘acciones privadas de los hombres’ amparadas por el artículo 19 de la Constitución Nacional”, dijo a Contexto la diputada por el Frente para la Victoria María Rachid, que acompañó el recurso de amparo desde la Mesa por la Igualdadad, y agregó: “Por otro lado, inicia un mecanismo para que la Ciudad de Buenos Aires y el país (a través del ANMAT) gestionen la importación de cannabis para que se pueda prescribir y proveer desde el Estado, como sucede con otros medicamentos. Es un avance en el camino para que desde los hospitales y centros de salud pueda prescribirse el uso de cannabis para algunas dolencias y enfermedades”.

“Lo más importante de este fallo es que claramente expresa que el uso del cannabis y su autocultivo entran dentro de las ‘acciones privadas de los hombres’ amparadas por el artículo 19 de la Constitución Nacional”, detalló Rachid.

En Chile se avanzó en el autocultivo de marihuana para uso medicinal. A partir de mayo, la Fundación Daya y la Municipalidad de La Florida comenzaron a cultivar para el uso de aceite de cannabis en el tratamiento de pacientes con cáncer, y se encuentra avalada por la Universidad de Valparaíso y la Fundación Arturo López Pérez, especializada en tratamientos oncológicos.

“La diferencia de Chile es que los usuarios de marihuana para uso medicinal se unieron y lucharon. Nosotros hoy estamos juntando cuarenta familias y así y todo les cuesta dar la cara. Yo soy el único que puso nombre y apellido y dijo ‘tengo esto’. Yo me desnudé frente a todo el mundo y dije ‘mirá, yo tengo este problema. He pasado por una tonelada de medicaciones. No puedo más, me sigue el dolor y lo único que me lo calmó fue esto’. Para mí, la prohibición termina donde empieza mi enfermedad y mi dolor”, dijo Cibotti.

Escarbar para profundizar

Foto: Fabián Aguilar Restrepo
Foto: Fabián Aguilar Restrepo

La legalización de la marihuana en Uruguay a fines de diciembre de 2013 trajo repercusiones en las políticas de drogas del mundo. En la actualidad, muchos Estados, activistas de cannabis y comunidades científicas avanzan hacia la legalización de la planta de marihuana para uso medicinal. El debate dio apertura a la circulación y calidad de información tendientes a desmitificar la planta que fue demonizada por la propaganda política prohibicionista de los Estados Unidos.

A fines de 2013, María Rachid, diputada por el Frente para la Victoria, presentó un proyecto para reabrir el debate sobre usuarios de drogas, y expresó que cree que el modelo a seguir es el de la política uruguaya, por la profundidad del debate y la cercanía con Argentina. “Creo que haber enfocado durante tantos años el prohibicionismo y la criminalización de los consumidores lo que hace es perder el eje de la discusión. El eje de la discusión tiene que ser la lucha contra el narcotráfico, entendiendo todo lo que esto implica: la violencia, las mafias y la lucha contra las adicciones. Si seguimos con un manto de hipocresía enfocando la penalización del consumo, perdemos el foco”, expresó Rachid.

El proyecto realizado por Rachid, secretaria general de la Mesa por la Igualdad, en conjunto con activistas de la Agrupación Agricultores Cannabicos Argentinos (AACA), retoma el consenso que había adquirido el debate sobre despenalización de drogas en el Congreso a partir del proyecto presentado por Aníbal Fernández en 2012. A este buscan ahora agregarle la practicidad del camino marcado por Uruguay y su política de consumo y contención, que propone, entre otras cosas, la legalización de la planta de marihuana y su control estatal. “El Proyecto 7.904 tiene estado parlamentario y, lamentablemente, la comunidad cannabica no está muy unida en Argentina. Es el único proyecto en la Argentina que habla de regulación, legalización y amnistía para todos los compañeros judicializados”, dijo Cibotti, que está esperanzado de que el fallo abra el debate para profundizar la grieta hacia el cambio de la ley de drogas.

“El proyecto 7.904 tiene estado parlamentario y, lamentablemente, la comunidad cannabica no está muy unida en Argentina. Es el único proyecto en la argentina que habla de regulación, legalización y amnistía para todos los compañeros judicializados”, dijo Cibotti.

La iniciativa plantea la eliminación del cannabis del listado de estupefacientes y la legalización de la posesión de semillas y su cultivo, seguidos de la regulación de la producción y distribución mediante una ley especial del Congreso. Al igual que muchos legisladores, la diputada por el Frente para la Victoria, Araceli Ferreyra, se mostró a favor de la decisión que tomó Uruguay. “Sin lugar a dudas, nuestro país hermano ha sido un faro indicativo. En este aspecto, ellos son muy progresistas en términos normativos, ya desde hace años tienen despenalizado el consumo. Pero, lejos de conformarse, fueron por la legalización y la posterior regulación, producción interna y venta.”

Nicolás Breg, secretario de la AACA, expresó que “debe haber una despenalización de la tenencia de todas las sustancias, porque actualmente la ley se usa como un mecanismo de control social que otorga poder absoluto, por ejemplo, a la Policía. Si te encuentran con un porro o un gramo de merca, te pueden extorsionar, pueden golpearte o meterte preso.”

Nicolás Breg: “debe haber una despenalización de la tenencia de todas las sustancias, porque actualmente la ley se usa como un mecanismo de control social que otorga poder absoluto, por ejemplo, a la policía”.

En un principio, esto serviría para evitar que se repitan casos como el de Miguel Ángel Durrels, un joven de 29 años que cuidaba caballos de polo y que fue detenido por llevar consigo 78 gramos de marihuana. El Servicio de Apoyo Policial (SAP) lo llevó a la Comisaria 1ª de Pilar, donde al otro día apareció ahorcado con un cable en una celda que estaba inhabilitada.

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El cannabis en la medicina

Foto: Fabián Aguilar Restrepo
Foto: Fabián Aguilar

El maestro chino Shen Nung, en sus escritos del año 2000 a.C., describía el uso medicinal de la planta de cannabis. Los avances de la medicina china dejaron la marihuana a un lado y las semillas viajaron en los bolsillos migrantes. Pronto la planta empezó a cultivarse en la India, venerada como “fuente de felicidad y de vida” por los atributos que tenía en beneficio de la salud y la agilidad mental. Hacia el 1500 a.C., las semillas de cannabis continuaron su viaje con las migraciones indoeuropeas, cultivándose en territorio europeo. Como si hubiesen volado de un campo a otro, cruzaron océanos y, para el siglo XIX, la planta ya crecía en tierras americanas, europeas, asiáticas y africanas. Las historias que se crearon alrededor del mundo acerca del arbusto que produce THC fueron desde los prodigio religiosos de la Iglesia de Etiopía hasta la demonización que generaron los discursos de la guerra contra las drogas.

“Entre 1850 y 1930 se sabe que el cannabinoide era utilizado como analgésico. En los setenta desapareció de las investigaciones de farmacológicas por el prohibicionismo”, explicó Marcelo Morante, responsable del Laboratorio para la Investigación en Medicina del Dolor de la Universidad de La Plata, que estudia –entre otras cosas– el uso medicinal del cannabis.

A fines de 2013 Uruguay legalizó la marihuana. En el debate previo a la aprobación de la Regulación Responsable, el doctor José Carlos Bouso expuso: “De los años setenta disponemos de preparados farmacológicos realizados con cannabinoides. Hay que aclarar que el cannabis no cura ninguna enfermedad, pero reduce los efectos de muchas de ellas. Lo que se sabe al día de hoy es que el primer sintético de cannabinoides disminuye las náuseas y los vómitos asociados a tratamientos de quimioterapias. Es uno de los que primero se autorizó, porque además estimula el apetito”. Además del tratamiento de pacientes oncológicos, el cannabis se prescribe en pacientes con HIV para reducir la caquexia y en enfermedades neurológicas degenerativas.

Tras su estadía en Canadá, Morante explicó el rol que ocupa el Estado canadiense en el uso de la regulación. “¿Por qué es importante regularla? Si un paciente con HIV consume marihuana con hongos, le puede generar una infección que lo mata. Lo importante de la regulación es que el paciente pueda acceder a una planta que se sepa cuál es la genética y que esté controlada con respecto a las infecciones potenciales que te puede generar. La regulación del Estado pasa porque, como médico, cuando recete cannabis, el producto pueda estar en las farmacias con un control de calidad al igual que los demás fármacos. Eso es lo que hace Canadá.”

En el mercado hay tres fármacos sintentizados de la planta de marihuana. El Cesamet y el Marinol son indicados para tratamiento de pacientes oncológicos, con HIV y anorexia. Se utilizan principalmente en Estados Unidos, Sudáfrica, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Reino Unido. A partir de 2010 comenzó a utilizarse Sativex, que es un aerosol bucal que posee cantidades de THC y CBD, que son indicados para pacientes con esclerosis múltiple. El Sativex no tiene propiedades curativas, pero reduce la cantidad de convulsiones.

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