Por Maximiliano Ceci

“La literatura es una excusa, es como inventar un full para patear un tiro libre. Creo que al jugador de fútbol que tiene cierta calidad le gusta patear un tiro libre porque es hasta un momento bello. Yo fabriqué esta secuencia que arranca con literatura, que a la vez me sirve de excusa para escribir el periodismo que anhelo”, contó a Contexto el escritor Matías Kraber acerca de su libro Paracaidistas de domingo, que lo presentará el próximo viernes a las 19hs en el Centro Cultural Islas Malvinas de La Plata, acompañado por canciones de Ramiro Sagasti y pintura en vivo del colectivo de artistas Falopapas.

“Paracaidistas en el fondo somos todos, es una cuestión existencial. Estamos todo el tiempo viendo dónde aterrizamos. La mutación en el narrador es un poco todos los paracaidistas que existen. Algunos caen y mueren, otros caen, se reinventan y encuentran una revancha. Para mí es como un guiño existencial a las diferentes vidas y elecciones que puede haber en un solo día. Entender que la muerte no es algo malo, es una transformación, es una mudanza. El domingo es el día de pensar, de hacer una retrospectiva, de ver belleza en un pequeño guiño”, explicó Kraber acerca del nombre de su libro, que acoge dieciocho relatos sobre personajes que van desmenuzando vivencias propias del séptimo día en un tono que va de muertes a renaceres y de acontecimientos de nuestra historia al mundo místico de los viajes.

“Paracaidistas en el fondo somos todos, es una cuestión existencial. Estamos todo el tiempo viendo dónde aterrizamos. Algunos caen y mueren, otros caen, se reinventan y encuentran una revancha.”

“Hay una idea de la psicología de Jung que dice que cuando uno a la sombra la mata o la esquiva, la sombra se termina personificando y en un momento sale a jugar por vos. Si no nos hacemos cargo de la sombra, es como un bandido que va en contra tuyo. Si no jugás con ella, es tu mejor enemigo. Esta idea circunda al primer cuento: ‘Vidas de porcelana’”, contó Kraber.

La fragilidad de un abogado apostado en la mesa del club del barrio, la prisión doméstica de un hombre que al casarse amputa su deseo, un ex ferroviario, tanguero de ley, que muere triste viendo la debacle de la privatización de los trenes en los noventa. Historias de muertes literales y muertos en vida dan el primer puntapié de relatos pesados, gente que está en “El abismo”.

La segunda parte, “Renaceres”, da lugar a la revancha, es sentirse vivo en la cancha. “De historia somos”, un viaje ancestral que reivindica, entre otros, a Mariano Moreno, “prócer del periodismo”, y una mujer mapuche que muere en la llamada Conquista del Desierto, y “Trance”, que recupera los relatos míticos del mundo de los viajes por Argentina y Latinoamérica, cierran el libro del escritor de General Alvear.

Kraber, influenciado por Osvaldo Soriano, Roberto Arlt, Jack Kerouac, destaca a los escritores que hallaron el camino, “intelectuales entre el barrio y el barro”. “Me gustan los periodistas locos que surgieron en la época infame, el tango, el anarquismo, el crisol de razas. El libro está ligado al género del realismo mágico que tiene a Gabriel García Márquez como uno de los escritores más influyentes en la fusión entre periodismo y literatura”, dijo Kraber.

“La literatura te permite ser más flexible, ser más inimputable. Necesariamente, el punto de partida es una búsqueda estética.”

“Si esquivás la fusión de periodismo y literatura, te terminas convirtiendo en el periodista que escribe el diario para que después terminen envolviendo huevos o acelga en la verdulería. En cambio, el periodismo narrativo que se encolumna más detrás de la crónica tiene un trabajo mayor de preproducción, de campo, de ir a observar. Sos un explorador de mundos”, dijo Kraber, y agregó: “La literatura te permite ser más flexible, ser más inimputable. Necesariamente, el punto de partida es una búsqueda estética. Ir ganando en analogía, en metáforas, en esas recetas de las escrituras que son las que le dan un toque de distinción al texto. Te forma en ser preciso, en poder comparar”.

“Uno creo que es medio hemingwayano. Uno entiende que lo que hay que escribir no hay que ir a buscarlo lejos, sino que está en el camino de cada uno”, dijo el escritor que fusionó relatos con mixturas de fútbol, tango, candombe, el tren, amores y desamores, sexo, calle, rock, muertes literales y simbólicas, supervivencia, viajes, ciudades y personajes del camino, terminando por mostrar la transición hacia el lunes.