Por Florencia Abelleira

Hace tiempo que la palabra glifosato ya no es desconocida. Todo lo contrario: cada vez se oye más entre los medios, los pueblos rurales, entidades educativas, científicas y organismos internacionales. Es que a principios de 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer un dato no menor sobre este agrotóxico al clasificarlo como “probablemente cancerígeno para el ser humano”.

El glifosato es un herbicida introducido en la Argentina en el año 1996 por la empresa Monsanto que sirve específicamente para regar los campos sembrados de soja y maíz transgénico y así acabar con cualquier tipo de maleza. Mucho se viene discutiendo sobre si es o no perjudicial para la salud, aunque lo cierto es que en nuestro país, los envases que contienen glifosato tiene la etiqueta verde que significa que se puede utilizar sin restricción.

La OMS clasificó en 1993 los herbicidas con glifosato como de baja toxicidad. Luego, en el año 2000 la revisión concluyó que, “en las condiciones de uso presente y esperado, no hay posible riesgo de que el Glifosato ponga la salud de los seres humanos en riesgo”.

Hasta que este año, ya no pudo hacer la vista gorda frente a las investigaciones científicas independientes que muestran cifras alarmantes en el aumento del cáncer, los abortos espontáneos y los problemas en la piel. Entonces, el glifosato fue recategorizado dentro del grupo 2A, es decir, como un probable agente cancerígeno para seres humanos”.

“El glifosato fue recategorizado dentro del grupo 2A, es decir, como un probable agente cancerígeno para seres humanos.”

Pero ¿qué significa esto? Esta categoría se utiliza cuando hay pruebas limitadas de efectos cancerígenos en humanos y pruebas suficientes en animales.

Medardo Ávila Vázquez es integrante de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados, un grupo de profesionales de la salud que coordinan la investigación científica, la asistencia sanitaria, el análisis epidemiológico y la defensa del derecho a la salud colectiva, y fue entrevistado por Contexto:

-¿Por qué cree que en un primer momento la OMS dijo que el glifosato no era cancerígeno y tardó tanto tiempo en reconocer que finalmente es probable que lo sea?

-Hay una contaminación informativa muy grande. El glifosato fue aprobado en distintos países en base a una serie de estudios realizados por científicos pagos por Monsanto. En forma directa, habían hecho pruebas de bioseguridad que supuestamente mostraban que el Glifosato era seguro porque se le daba de tomar a un grupo de ratas y a los 50 días éstas estaban igual. Sin embargo, los franceses hicieron el mismo experimento y como las ratas viven dos años, lo continuaron por más tiempo y a los 180 días el 70 % de las ratas que habían tomado glifosato tenían cáncer. Había una serie de manipulación de la información científica de manera de hacernos creer que el glifosato era seguro.

El más consumido

Luego del posicionamiento que tomó la OMS, treinta mil médicos del país nucleados en la Federación Sindical de Profesionales de la Salud solicitaron la prohibición del glifosato, y esta semana la Universidad Nacional de La Plata se declaró en contra de la utilización de pesticidas, particularmente el agrotóxico glifosato “en cualquier eslabón del sistema productivo que demuestre causar daño a la salud de la población”.

-¿Cómo es el consumo de este herbicida en el país?

-En Argentina usamos 200 millones de lt/kg de Glifosato por año, lo que significa 5 litros por habitante. Es el consumo más alto por persona por año que hay en cualquier país del mundo. En las zonas rurales, donde se siembra soja y maíz transgénico se aplican más cantidades. El último estudio que hicimos en Monte Maíz -donde participaron también los compañeros de la Universidad de La Plata- el consumo por habitante es de 75 litros anuales.

-¿Cómo afecta a las personas el glifosato?

-Según estudios hechos en animales, hay un daño que se llama genotoxicidad. Es un daño que se genera sobre las cadenas de adn de las células que rompe las uniones de las bases de las mismas. Esa genotoxicidad se ve claramente en los animales y esos mismos estudios se analizaron en personas que viven cerca de zonas rurales fumigadas y presentaron los mismos daños que tenían las ratas, mientras que las personas que vivían en las ciudades no.

la Universidad Nacional de La Plata se declaró en contra de la utilización de pesticidas, particularmente el agrotóxico glifosato

Sin haberle inyectado el glifosato a las personas, solo por estar en los lugares donde lo respiran o están en contacto, tenían los mismos daños que los que se habían probado en los laboratorios. Y el daño genético que es el que reconoce la OMS cuando lo declara como cancerígeno, significa que las células que tienen rotas sus cadenas tiene tres opciones: la célula se puede reparar a sí misma, también puede autodestruirse, o si no puede sobrevivir con la genética alterada y volverse célula mutante. Si es una célula de un espermatozoide u óvulo genera abortos espontáneos, y si es una célula del cuerpo y empieza a reproducirse genera un cáncer.

Cáncer en el campo

El estudio que Ávila nombra del que participó la Universidad Nacional de Córdoba y la de La Plata, acaba de ser presentado en la OMS y dice que la población de Monte Maíz tiene cinco veces más casos de cáncer que los estimados, un 25 por ciento más de problemas respiratorios y casi cinco veces más de abortos espontáneos.

Pero ante tanta desgracia hay que alegrarse cuando algo sale bien. El Concejo Deliberante del pueblo aprobó una ordenanza que aclara que no se puede fumigar a menos de 5 mil metros de distancia de la zona urbana de Monte Maíz.

Esta estrategia se está replicando en muchos lugares. Ya hay 70 pueblos que están aplicando medidas similares a las de Monte Maíz, generadas por sus propios concejos deliberantes que son mucho más estrictas que las leyes.

Medardo Ávila Vázquez explica que otros productos que están en la misma categoría que el glifosato fueron prohibidos todos en nuestro país, “no entiendo por qué el glifosato no”. Para el médico: “Ya no es viable decir que el glifosato no es cancerígeno cuando la gente se enferma de cáncer tres veces más que la gente de la ciudad”.