Por Leandro Gianello

Los expertos buscan desarrollar un método de análisis para detectar en las personas la presencia del parásito Dioctophyma renale, también llamado “gusano de riñón gigante”, que afecta generalmente a los perros, pero que puede causar trastornos a la salud en seres humanos que habitan barrios con pobres condiciones de higiene.

Aunque los casos de infección no son comunes, su peligrosidad radica en la dificultad para detectarlo en ciertas partes del cuerpo humano, ya que, si bien su ciclo de vida puede desarrollarse en el sistema renal, pudiendo ser detectado mediante el análisis de orina, es posible que afecte otros órganos y su presencia pase inadvertida, provocando daños irreversibles y mortales.

Desde la cátedra de Parasitología Comparada de la Facultad de Veterinaria de la UNLP, explicaron que el parásito, una vez en el organismo, puede asentarse en otros tejidos del cuerpo humano, siendo necesario un análisis sanguíneo para descubrirlo, para lo cual se está investigando, desarrollando e implementando un nuevo tipo de diagnóstico que lo detecta utilizando anticuerpos.

Con el parásito en el organismo, es necesario un análisis sanguíneo para descubrirlo, y ahora se está investigando un nuevo tipo de diagnóstico.

Sin embargo, la doctora María Inés Gamboa, miembro de la cátedra, aclaró a Contexto que “hay pocos casos de infección por Dioctophyma documentados en el mundo”, y, de hecho, “sólo se conoce un caso publicado, detectado en un riñón humano”, lo que habla claramente de la particularidad de esta patología y de la escasa información que existe.

“Es un parásito que recién ahora se empieza a estudiar y, por lo tanto, no se puede determinar una estadística” que indique probabilidades de infección en las personas, agregó la especialista en parasitología de la UNLP.

“hay pocos casos de infección por Dioctophyma documentados en el mundo.”

El método desarrollado por los expertos es similar al que se usa en los procedimientos de detección del VIH, la técnica ELISA o ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas, cuyo principio de funcionamiento es la generación de un producto detectable a través de un cambio químico de los elementos del kit de diagnóstico, como puede ser el color, “que por ahora es sólo para caninos”, añadió Gamboa.

Los estudios en los que se reconoció la presencia del parásito fueron realizados en perros de la zona de El Molino, en Punta Lara, un lugar que se inunda periódicamente y en el cual abundan las zanjas de desagüe, en donde se vierten desperdicios de todo tipo, constituyendo un caldo de cultivo ideal para que Dioctophyma renale se reproduzca, panorama que se puede encontrar en cualquier barrio de la ciudad de La Plata.

En los perros y en el agua

El equipo de la cátedra de Parasitología de la UNLP demostró mediante los relevamientos que el gusano se encuentra altamente difundido en los perros de la zona, cuyas larvas sólo pueden extraerse mediante una cirugía, porque aún no existe un tratamiento.

La presencia de huevos en la orina humana aún no ha sido corroborada, y “no hay datos suficientes para confirmarlo”, dice Gamboa, pero esta ausencia no implica que las personas no puedan infectarse en otros órganos por fuera de los riñones.

Las personas infectadas por Dioctophyma pueden presentar como síntomas sangre en la orina, nefritis, dolor lumbar o cólicos, y la detección también puede realizarse mediante ecografías o tomografías computarizadas.

Actualmente, la ausencia de drogas o medicamentos que puedan combatir en forma efectiva la presencia del parásito impulsa a extremar las precauciones sanitarias para reducir los riesgos al mínimo, teniendo en cuenta que el ciclo de contagio del Dioctophyma se inicia exclusivamente mediante la ingestión por parte de los perros de agua o de pequeños animales que habitan en las zanjas.

Las larvas, dicen desde la Cátedra de Parasitología (uno de los pocos grupos de investigación en el mundo que trabajan con el extraño parásito), ingresan al organismo de los perros cuando beben agua contaminada o comen peces y batracios crudos, asentándose y creciendo sin control en los órganos si no es detectado a tiempo.

“El objetivo de las investigaciones es intentar elevar el estándar sanitario de los barrios desde una perspectiva integral de la salud ambiental y animal.”

Gamboa, codirectora del proyecto de voluntariado que se ocupa de relevar y desarrollar un tratamiento de detección, asegura que “el objetivo de las investigaciones, junto con un programa de desparasitación, es intentar elevar el estándar sanitario de los barrios desde una perspectiva integral de la salud ambiental y animal, siempre asociadas al bienestar humano”.

El equipo de la Facultad de Veterinaria ha realizado durante los últimos años una serie de talleres de prevención y promoción de la salud en el barrio El Molino, tomando, además, 350 muestras de orina de perro con las que se estableció que uno de cada tres canes de la zona poseía Dioctophyma renale.