Por Roberto Álvarez Mur

El 30 de septiembre de 1933 entró en vigencia la Ley de Propiedad Intelectual 11.723; la misma que, en la actualidad, podría representar la condena de uno a seis años de prisión para el escritor Pablo Katchadjian, a causa de su obra El Alpeh engordado, una intervención experimental de la obra clásica de Jorge Luis Borges.

El Aleph engordado, si bien agrega palabras al cuento y le cambia el título, no lo hace dolosamente porque al final tiene una posdata donde dice claramente que el texto es de Borges y explica cuál es su intervención”, había declarado el abogado defensor de Katchadjian, el escritor Pablo Straface, autor de varios libros, entre ellos una biografía de Osvaldo Lamborghini.

María Kodama, quien posee los derechos sobre la obra del célebre literato argentino, le inició en 2011 una querella penal a Pablo Katchadjian, que fue desestimada por los jueces de primera instancia y de la Cámara de Apelaciones; incluso fue desestimada por la fiscalía, que desistió de la acusación y no acompañó ninguna de las apelaciones de los abogados de Kodama. Aun así, la Cámara de la Sala IV de Casación, encabezada por los jueces Gustavo Hornos, Eduardo Riggi y Juan Carlos Gemignani, dio lugar a una nueva querella de Kodama y logró el procesamiento de Pablo Katchadjian.

La especialista en propiedad intelectual, Beatriz Busaniche, expresó en un artículo periodístico hace algunos años: “El sistema jurídico que hoy regula la propiedad intelectual en la Argentina fue pensado para un contexto social y tecnológico totalmente diferente del actual y se basa en el supuesto de que la forma correcta de incentivar la producción y publicación de más y mejores obras es otorgando monopolios limitados en el tiempo a los autores”, y agrega: “sin embargo, la teoría dista mucho de la realidad actual, y la Ley 11.723 está lejos de equilibrar la balanza, respetar el derecho de los usuarios y proveerles a los autores medios de vida dignos”.

“la ley 11.723 (de propiedad intelectual) está lejos de equilibrar la balanza, respetar el derecho de los usuarios y proveerles a los autores medios de vida dignos.”

“Se trata de un procesamiento que busca disciplinar el ejercicio de la literatura aprovechándose de un vacío legal que ofrece la vieja Ley de Propiedad Intelectual 11.723”, expresa un comunicado emitido desde el blog alephengordado.blogspot.com.ar, creado en apoyo a Katchadjian y donde se puede observar la mayoría de los nombres que se pronuncian en apoyo del escritor, como Ricardo Piglia, César Aira, Roberto Echavarren, Martín Caparrós, entre otros.

En tanto, el juez de instrucción Guillermo Carvajal trabó un embargo de 80 mil pesos sobre los bienes de Katchadjian y sostuvo que el libro es una “copia” de la obra de Borges, a la que se le “intercalaron palabras, frases y oraciones completas, sin ninguna diferenciación en su impresión”.

El álgido debate que se abre frente al caso de Katchadjian recae en los obstáculos que la normativa vigente arroja sobre el uso estético, para fines creativos, de elementos culturales del pasado. El documental estadounidense RIP: A Remix Manifesto, del director Brett Gaylor, aborda esta temática que posee una larga data en los litigios norteamericanos sobre propiedad intelectual y uso libre de obras artísticas. La película se centra en el caso del artista de música electrónica Girl Talk, quien crea sus canciones combinando extractos de otros artistas y remezclándolos (lo que suele llamarse mash-up). A causa de ello, Girl Talk se expone a centenares de denuncias millonarias por parte de las firmas discográficas poseedoras de los derechos sobre cada fragmento musical utilizado. El film realiza una detallada crítica de las excesivas y acartonadas regulaciones sobre bienes culturales en plena era de redescubrimientos sobre los medios de comunicación y concepciones de la creación.

Curiosamente, uno de los puntos característicos de la obra del propio Borges es, en efecto, su experimentación con elementos culturales e históricos preexistentes. Cabe recordar aquella elaboración de una supuesta biografía del Tadeo Isidoro Cruz, personaje del emblemático Martín Fierro de José Hernández, como también la construcción de un relato ficcional en torno a El Quijote de la Mancha.

El caso de “El Aleph” aún espera una resolución por parte de la Justicia; mientras tanto, el próximo viernes se espera la realización de un acto de apoyo al escritor acusado, a las 19hs en la Biblioteca Nacional.

Por su lado, el abogado Pablo Straface sintetizó la postura de su defendido en una reciente declaración ante Página/12: “Lo que hay que judicializar es el afano, no una intervención artística. Este es el centro de la cuestión”.