Por José Welschinger

Cansados de las promesas sin cumplir, tres centros de estudiantes de la ciudad de Buenos Aires decidieron tomar sus colegios el viernes 12 de junio. Tres días más tarde, eran cinco colegios. Hoy, serán quince las escuelas cerradas por medidas de fuerza decididas por las asambleas estudiantiles. Y el conflicto parece lejos de resolverse.

Los alumnos porteños reclaman por la integridad de la educación pública: techos que se caen, paredes con caños expuestos y obras de reparaciones en medio de las clases son parte del escenario cotidiano de los chicos y los docentes. La respuesta del Ministerio de Educación de CABA, cuyas obras llevan vencido el plazo de construcción en repetidas oportunidades, consiste aún en apelar a la paciencia de la comunidad. Como si eso fuera poco, el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, declaró a los medios que las denuncias de escuelas sin calefacción eran producto de la ideología de los denunciantes. Para reforzar esa línea argumental, la gestión del PRO puso en actividad los pasados días un sistema telefónico de denuncias al que el público puede recurrir en caso de percibir o detectar “inculcación ideológica” en las escuelas; y ya son seis los docentes removidos de su cargo en la Ciudad de Buenos Aires bajo esa acusación.

Sucede que los estudiantes no sólo piden por las condiciones edilícias, sino que también reclaman que se los escuche antes de aplicar la Nueva Escuela Secundaria de Calidad (NESC) que Macri intenta llevar adelante en el territorio porteño. De efectuarse esa reforma, más de 140 orientaciones de los colegios secundarios desaparecerían, especialmente las artísticas y humanísticas, y repercutiría en el cierre de cursos, la pérdida de innumerables materias y puestos docentes. La Ley del PRO está diseñada para eliminar los títulos secundarios profesionales de alcance nacional, flexibilizando la institución educativa no solamente en los artísticos, sino también en los técnicos.

Por su parte, los referentes estudiantiles del reclamo salieron a dar la cara para impedir que sea llevado a cabo sin consultar a los adolescentes y sus familias. Marina Ampuero, presidenta del Centro de Estudiantes del Normal Superior en Lenguas Vivas y referente de la organización Lobo Suelto, declaró: “Queremos, como estudiantes, tener una verdadera participación en la discusión de la reforma curricular; y que no se pase por encima del movimiento estudiantil sin ningún tipo de consulta”.

Luego de organizarse en asambleas, marchar, comunicarse con los medios y citar a las autoridades porteñas a dialogar con ellos, los estudiantes fueron recibidos el viernes 26 por los legisladores de la Ciudad para tratar la situación de los colegios, desde los que permanecen tomados hasta aquellos en los que todavía no hay protestas. “Hemos recorridos todos los colegios –comentó Virginia González Gas, diputada porteña por el Partido Socialista Autentico–, hicimos abrazos a las escuelas que no han sido tomadas por los alumnos, y realmente en el tema de la infraestructura edilicia hemos llegado a una situación límite”. La causa de los estudiantes también tuvo el respaldo de los legisladores Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica, José Campagnoli, del Frente para la Victoria, Edgardo Form, de Nuevo Encuentro, y Pablo Ferreyra, de la Izquierda Popular.

Tomás Nieto Scrica, vicepresidente del Centro de Estudiantes del Mariano Moreno, afirmó: “Estamos cansados y cansadas de que se nos caigan los techos encima, como se derrumbaron el cielorraso del Comercial 33, y en el Normal 5, que se rompan caños como el Falcone, que haya colegios infestados de ratas y cucarachas. Estamos en una clara emergencia de infraestructura escolar y el PRO sigue haciendo campaña como si nada”.

El conflicto que se encuentra enfrentando la comunidad estudiantil comenzó en 2013, cuando el Gobierno de CABA intentó aplicar la NESC. Luego de enfrentarse a la organización estudiantil, Macri aplazó la aplicación de la NESC por dos años, bajo promesa de reunirse con los estudiantes para escuchar sus propuestas. Superado el período pautado, los alumnos siguen reclamando ser escuchados.