Por Florencia Abelleira

Villa Elvira es uno de los barrios más grandes del Gran La Plata: un rectángulo que se dibuja de la avenida 72 hasta la calle 630 y de la avenida 13 hasta la 122. También es el más heterogéneo. En algunas cuadras hay un mestizaje de casa de doble piso con autos de alta gama estacionados en la vereda, y casillas de madera o cemento sin revocar en las que viven parejas con cinco, seis o siete hijos.

Marcela, una vecina que vive en los monoblock de 4 y 610, cuenta que las cloacas que están sobre 4 entre 609 y 613 rebalsan con frecuencia. En esos días no se soporta el olor. “En algunos departamentos de planta baja, brotaban por el suelo, era un asco”, recuerda.

El edificio está frente a un predio verde devenido en cancha de fútbol. Marcela dice que antes estaba lleno de basura. “Ahora está limpio porque los pobres chicos que trabajan en las cooperativas de lunes a lunes vienen y limpian la basura que tira la gente”.

Es que los monoblock, hasta hace unos años atrás, eran unas de las pocas construcciones que había por la zona. El resto era descampado, que con el tiempo se fue poblando de gente que ocupaba los terrenos libres. Así es como, en la actualidad, Villa Elvira hospeda muchos “sub-barrios”: Aeropuerto, Circunvalación, Monasterio, Frisón, Jardín, Palihue, 19 de Febrero, Parque Sicardi, villas Alba, Ponsati, Garibaldi, Montoro, entre otros.

Villa Elvira hospeda “sub-barrios”: Aeropuerto, Circunvalación, Monasterio, Frisón, Jardín, Palihue, 19 de Febrero, Parque Sicardi, villas Alba, Ponsati, Garibaldi, Montoro, entre otros. suman unos 140.000 habitantes que conviven con problemáticas vinculadas con la deficiencia de los servicios públicos.

 

En total, suman unos 140.000 habitantes que conviven con distintas problemáticas vinculadas con la deficiencia de los servicios públicos: un sistema cloacal insuficiente, colapsado por el desarrollo inmobiliario e inexistente en algunos sectores, cortes de luz frecuentes, basurales clandestinos, calles de barro sin asfaltar, red de gas sin conectar.

Bienvenidos al barro

La lluvia dejó las calles y veredas barrosas. Un carro tirado por un caballo transita despacio por 5 bis entre 612 y 613, una cuadra que fue sorteada en el Presupuesto Participativo para ser pavimentada pero que aún sigue con pozos, huellas, lomas y basura estancada. Patricia vive a mitad de cuadra y cuenta que “acá no está hecha la conexión de las cloacas. Tenemos pozo, como en gran parte de Villa Elvira. No hacen el pavimento, así que andá a saber cuándo harán las cloacas”. Además cuenta que a sus hijos los mandó a una escuela lejana, porque la Escuela Nº 27 ubicada en 4 y 611, que queda a unas cuadras, “entre los cortes de luz, los paros y las cloacas que rebalsan, los chicos no tienen nunca clases”.

Teresa Acosta, vecina de la zona de 122 y 609, plantea otros problemas: “En verano no tenemos agua y en invierno falta luz”, una condición que “es habitual en estas épocas en donde la demanda es alta, que quizás se deba a las conexiones precarias que no soportan tanto uso de estufas eléctricas”.

“Hace tres días que estamos sin luz en la zona”, explica Teresa. Y eso no es todo. “La iluminación pública del lugar no es suficiente. En los lugares en donde hay postes, muchas de las lámparas están quemadas”, dice. Además, señala que algunos de los habitantes conviven “entre residuos y suciedad acumulada por la falta de un plan de recolección más efectivo”.

“Hace tres días que estamos sin luz en la zona”, explica Teresa. Y eso no es todo. “La iluminación pública del lugar no es suficiente. en los lugares en donde hay postes, muchas de las lámparas están quemadas.”

En 8 y 609 hay obreros instalando desagües. Casualmente, esa cuadra tiene veredas de pasto prolijamente cortado y casas de ladrillo visto con flores de colores en los balcones. Pero a sólo unas pocas calles, cruzando la avenida 7, las zanjas se vuelven cada vez más grandes a medida que las casillas son más pequeñas y precarias. El agua estancada está podrida y mohosa y el olor es nauseabundo.

Walter Molina vive en Villa Garibaldi, a unas cuadras del aeropuerto, y dice que el mayor problema que tienen los que viven pasando la calle 620 es que no tienen la conexión de la red de gas natural, por eso se calefaccionan y cocinan con garrafas de 10 kilos que consiguen a 120 pesos.

En Villa Elvira, los problemas son tan diversos como la gente que la habita. Es común que convivan empresarios con aquellos que no consiguen un trabajo estable y en blanco. Se cruzan todos los días chicos que asisten a las escuelas privadas de 8 bis entre 81 y 82 u 81 y 9 con los que quedan en lista de espera porque las escuelas públicas no alcanzan. En Villa Elvira hay familias con un cuarto para cada integrante y familias que viven enteras en un solo cuarto; personas que esperan horas para atenderse en la salita del barrio y otras que tienen cobertura médica privada; hombres y mujeres que tienen auto propio con hombres y mujeres que tienen caballo propio. En Villa Elvira la injusticia social está a la vista, potenciada por la falta de inversión de recursos por parte del municipio, que agiganta la brecha que existe entre los sectores sociales.


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