Por Roberto Álvarez Mur

El timbre de voz rasposo es inconfundible. Eduardo Jozami mueve las manos y dibuja sus ideas en el aire, sentado frente a la ventana de su casa del barrio de caballito. El director del portal Carta Abierta y uno de los más destacados intelectuales de la última década dialogó con Contexto sobre los principales debates que se presentan mientras se palpita la definición de las próximas elecciones presidenciales. Cultura, avances políticos y cuentas pendientes fueron algunos de los temas que abordó Jozami, quien afirmó que gracias a este gobierno “los intelectuales volvieron a la política”.

De cara a un futuro recambio gubernamental, ¿cuáles son los principales desafíos a tener en cuenta para el rumbo de este gobierno?

-El desafío fundamental inmediato, ahora que se ha resuelto la presentación de listas y la definición de candidatos, me parece que es triunfar en una elección en la que las perspectivas son buenas, pero en la que no conviene subestimar a los adversarios. La coyuntura política argentina ha sido bastante cambiante. Creo que la recuperación del Gobierno y la imagen positiva de la Presidenta descansan sobre bases muy sólidas, por ejemplo, manejando con mucha eficacia la preservación de los salarios y demás logros en materia social.

“la recuperación del Gobierno y la imagen positiva de la presidenta descansan sobre bases muy sólidas.”

Mucho se ha hablado sobre a la definición del cuadro Scioli-Zannini. ¿Cuál es su consideración hoy por hoy?

-Una cosa son las prevenciones que uno tiene frente a una situación, y otra cosa son las políticas que hay que seguir y que esas cosas se cumplan. Es obvio, porque fue la postura de Carta Abierta y la mía propia, que nuestro candidato no era Scioli, y en ese sentido sería absurdo negar ahora lo dicho, y además tampoco tengo ganas de negarlo. Ahora hay otra situación, y yo dije que no iba a dejar de votar al Frente para la Victoria sea quien fuera el candidato finalmente electo. Creo que en ese sentido se hace aun más fácil con la presencia de Carlos Zannini, con las listas que hay en la Capital Federal –que es donde yo voto–, con nombres como el de Kicillof.

“yo dije que no iba a dejar de votar al Frente Para la Victoria sea quien fuera el candidato finalmente electo.”

En cuanto al futuro de esto, creo que hay muchos interrogantes como para pronunciarse de una manera responsable, porque la reflexión política sirve para definir grandes líneas de trabajo, pero no pueden servir para saber cómo va a plantear su gobierno Scioli, qué tipo de gestión va a desarrollar, cómo la Presidenta va a efectivizar ese rol de liderazgo que no perderá al dejar su cargo. Lo que evidencia claramente esto es la decisión de Cristina de designar a un cuadro profundamente comprometido con el proyecto, como Zannini.

-Luego de las controversias surgidas frente a las posiciones encontradas en torno a la fórmula presidencial, ¿qué reflexión deja de manifiesto?

-Habrá que hacernos cargo de aquello que quizás no habíamos querido ver, que el kirchnerismo es un movimiento que tiene una gran homogeneidad y que hay sectores con actitudes distintas en relación al legado de estos doce años, la consecuencia con la que se ve la necesidad de seguir llevándolo adelante, su modo de enfrentar y pararse frente a las corporaciones. Todo esto nos obliga a asumir una expectativa vigilante, por así decirlo, y tratar de participar en ese debate que necesariamente se va a dar. No hay que apresurarse para generar posición frente a actos que aún no han ocurrido, pero tampoco subestimar todo lo que hemos pensado en estos años respecto de los caminos para la profundización.

-Con respecto a los procesos de batalla cultural de los que se hace tanta mención, fundamentalmente por la Presidenta, ¿cuáles son las claves para identificar tal “cultura”?

-Creo que hay una cultura del kirchnerismo, si por ello no se entiende una versión exagerada: el kirchnerismo como una de las grandes culturas de la humanidad, como los judíos o los romanos [risas]. El kirchnerismo implicó un cambio cultural muy grande en la vida política y social argentina, no porque haya inventado tantas cosas, sino porque reactualizó algunas maneras de pensar algunos sentidos, como ocurrió con el acercamiento de los intelectuales a la política. Entonces, las reflexiones que se han dado en estos años en las ciencias sociales se han vuelto tan paradigmáticas. En segundo lugar, creo que este movimiento volvió a poner la política en el centro de la vida social y ha recuperado para la política esa dimensión de herramienta de transformación social. Sólo eso bastaría para decir que estamos frente a una nueva cultura política. Venimos de sufrir una cultura del “no te metas”, del individualismo, o la demonización del Estado.

“El kirchnerismo implicó un cambio cultural muy grande en la vida política y social argentina.”

-¿Cuál es la matriz política de esa cultura?

-Este es un Estado que desde la primera aparición del peronismo no se había vuelto a ver, que es el Estado creador de derechos, defensor de las posibilidades sociales, que amplía la matrícula universitaria, que reduce las élites y genera sectores de inclusión más amplios.

-¿Qué aspectos cree que se deben profundizar y qué otros se deben revisar dentro del proyecto kirchnerista?

-Creo que hay distintas situaciones; están las cosas que se han hecho muy bien, sobre las cuales no hay que dar ni un paso atrás. Siempre puede ser revisado, perfeccionado, pero las grandes políticas que tienen que ver con los derechos humanos, con los alineamientos con los países de la Unasur, y esta nueva ubicación argentina con independencia frente a un mundo multipolar, son los temas en los que hay que seguir avanzando. Por otro lado, hay otras cuestiones que tienen que ver con la política económica, donde, en términos generales, yo creo que hay algunos logros y algunas decisiones que hay que reivindicar, especialmente lo que refiere al proceso de desendeudamiento del país.

-¿Y en cuanto a revisiones o aspectos dejados de lado?

-Hay aspectos en los que no se ha avanzado y se deben plantear. La discusión que se da en torno a la política minera no puede resolverse mediante el rechazo o el desentendimiento total de los aportes ambientalistas. Creo que ese es un tema difícil, ya que exige más que otro la conciliación de posiciones. Argentina no puede prescindir totalmente del desarrollo de la actividad minera, pero al mismo tiempo los países más avanzados del mundo consideran nocivas las actividades que se están realizando aquí. Entonces, eso muestra que el reclamo ambientalista es justo.