Por Florencia Abelleira

“¿Qué es la teoría?, ¿para qué sirve la cosa teórica? Yo opino que todos nosotros pensamos con conceptos. El Estado es un concepto, el individuo es un concepto, la política es un concepto”. Con esta reflexión comenzó Sergio Tonkonoff, doctor en Sociología, investigador del CONICET y editor del libro, su disertación sobre la relación que existe entre la cultura y la violencia.

Lo primero a lo que hay que prestar atención para entender su teoría es a la “y” que separa los términos. Según él, el sentido común nos dice que donde hay violencia no hay cultura, no hay sociedad. “El sentido común tiende a decir: violencia o cultura”. Un ejemplo claro podría ser el discurso de aquellos que dicen sobre un otro: “como no tiene cultura, como no tiene educación, sale a robar”. Pero, ¿se puede concebir la violencia escindida de la cultura?

Para Tonkonoff, “en la lucha por la definición de la violencia –que es una disputa claramente política, donde política es producción de sentidos dominantes– hay que definir qué es violencia y luego definir quiénes son los violentos”. El investigador continúa explicando que, para llevar a cabo eso, primero designamos una cosa como violenta, que es lo contrario a nosotros, y luego encarnamos esa definición que hicimos en determinados grupos y personas y fabricamos violentos, es decir, “aquello de lo cual nos vamos a defender”. En resumen: “Hay una lucha política por definir qué es violento. Entonces, decir quiénes son los violentos es decir quiénes no somos nosotros”.

 “Hay una lucha política por definir qué es violento. entonces, decir quiénes son los violentos es decir quiénes no somos nosotros.”

A lo que apunta principalmente Sergio Tonkonoff es a que las violencias que se castigan no se sancionan por lo que son en sí mismas, sino por el estigma que socialmente se le asignó. Y pone otro ejemplo: en la actualidad, el gran problema es la inseguridad, pero ¿qué es la inseguridad hoy? La respuesta está en los pobres: lo más nocivo hoy son los microdelitos producidos por los pobres. “Estoy construyendo violencia como microdelito y estoy definiendo un nosotros. Fugar capitales no es violencia, alcoholizarse y pisar a alguien no es violencia. Lo primero es corrupción, y lo segundo es un accidente”, dice.

¿qué es la inseguridad hoy? La respuesta está en los pobres: lo más nocivo hoy son los microdelitos producidos por los pobres.

En el salón del Centro Cultural y Político Mil Flores no quedan sillas desocupadas. Sergio Tonkonoff está sentado entre medio de las coordinadoras del libro, Ana Belén Blanco y María Soledad Sánchez. De fondo, una Latinoamérica tallada en la pared adorna cada palabra. Las mujeres, ambas sociólogas e integrantes del Gino Germani, cuentan el trabajo que vienen realizando desde 2012. El proyecto comenzó con un ciclo de debates que terminaron por inspirar el libro que finalmente editó Clacso en conjunto con el instituto. En Violencia y cultura. Reflexiones contemporáneas sobre Argentina, el lector se encuentra con ensayos sobre momentos o hechos de distintos contextos históricos que atravesaron el país, que son abordados desde el campo intelectual y el artístico. “Es interesante que, cuando pensamos los encuentros, buscábamos una reflexión sobre el pasado pero para pensar también el presente”, aclara Blanco. Así, los capítulos recorren desde el anarquismo, pasando por la última dictadura militar, hasta la Masacre de Avellaneda; y los autores son variados, como el ensayista Alejandro Kaufman, el cineasta Jonathan Perel, el fotógrafo José Mateos, la socióloga Maristella Svampa o el abogado y poeta Julián Axat, entre otros.

Volviendo al debate en cuestión, Tonkonoff arriba a la conclusión de que hay dos alternativas políticas para abordar la violencia: el abolicionismo y la selectividad invertida. La primera sostiene  “parar de estigmatizar y perseguir por violento, por criminal o peligroso a determinado grupo de personas y resolver los conflictos de otra manera”. La segunda, según el investigador, dice que “si actualmente los medios de comunicación, el sistema penal, el sentido común, seleccionan como violenta sólo la conducta de los pobres, invertir esa lógica sería empezar a decir que violencia es fugar capitales, es vaciar empresas, quebrarlas y echar las personas a la calle y definir un nosotros frente a esas violencias. Entonces, si bien es un problema que te roben en el colectivo, es un problema muchísimo mayor que el City Bank estafe al Estado”.

Pero, ante la pregunta sobre si así no estaríamos recayendo en polarizar qué debemos considerar violento y qué no, Tonkonoff sostiene: “La dicotomía es una herramienta política y todos los grupos sociales usan esa dicotomía para constituirse como tales. Cuando decimos ‘Ni una menos’ estamos haciendo eso, cuando decimos ‘Nunca más’ estamos haciendo eso”, concluye.