Por Florencia Abelleira

“Es curioso que, cuando le decís a la gente que no tire colillas en cualquier lado, no hace caso; le decís que no tire los papeles en la calle y lo hace; pero con las pilas es distinto. La gente sabe que hay que reciclarlas”, dice Horacio Thomas, investigador de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata. Pero la gran incógnita que siempre está latente es cómo lograr su reutilización. Esa Facultad, en conjunto con la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la provincia, desarrolló una planta piloto de reciclaje de pilas que sirve para que se replique en los distintos municipios y se encuentre una solución al problema.

“La idea nuestra fue llevar adelante un proyecto que fuera demostrativo para que los organismos que corresponda armen equipos como el nuestro en distintos lugares y no se contamine más la Tierra”, explica el especialista.

El proyecto surgió de la tesis de una estudiante italiana que era becaria en la Facultad de Ciencias Exactas, que llevó a cabo los estudios a escala de laboratorio. Luego Thomas continuó con la idea hasta lograr la planta piloto. “Lo original que tiene el proceso es que es ecocompatible, porque el sulfúrico que se utiliza para disolver los metales es generado por un proceso bacteriológico. Las bacterias se van multiplicando y viven de oxidar el azufre y hacer ácido sulfúrico, que van liberando hasta llenar los tubos de la planta”. Thomas cuenta que el proceso consiste en cortar las pilas con un equipo especial y separar las partes metálicas.

Básicamente, las pilas contienen óxido de manganeso y zinc. Estos componentes, al ser tratados con el ácido, se disuelven hasta separarse. Así, sometiéndolas a este proceso, se obtiene doble resultado: por un lado, evitar la contaminación de suelos y aguas subterráneas; y, por otro, recuperar los metales para su reutilización, disminuyendo la explotación minera y la contaminación en su producción.

el proceso tiene un doble resultado: evita la contaminación de suelos y aguas y recupera los metales para su reutilización, disminuyendo la explotación minera y la contaminación que conlleva.

La planta se llama Plapimu-Laseisic (Planta Piloto Multipropósito y Laboratorio de Servicios a la Industria y al Sistema Científico), y está ubicada en Camino Centenario y calle 506 de la localidad platense de Gonnet. Es la primera planta de tratamiento de pilas del país, en la que pueden procesarse ochenta kilos por mes, equivalente al consumo de una población de 8.000 habitantes.

Instalar una planta industrial de estas características costaría alrededor de 400.000 pesos, valor que puede recuperarse al comercializar los metales recuperados, que pueden ser reinsertados en la industria para su uso en diferentes áreas. El investigador Thomas aclara que también desarrollaron otro proyecto vinculado al aprovechamiento no tradicional de estos componentes. El zinc puede utilizarse para hacer chapas, para alimentos y fármacos, y el manganeso puede reinstertarse en las fábricas de pilas o en la industria siderúrgica.

“El manganeso es lo que genera contaminación”, explica Horacio Thomas: “El dióxido de manganeso está en un 30% en las pilas y contamina con el tiempo. Cuando la pila se oxida, se abre y se diluye el manganeso en el agua hasta que llega a las napas y las contamina”.

“La gente tiene un especial interés por reciclar las pilas. Me ha llegado una gran cantidad de mails preguntándome qué hacen con las pilas o a dónde me las pueden traer. Lo nuestro es un laboratorio universitario, no tenemos dónde guardarlas”, dice Thomas.

Esta planta no puede encargarse de las pilas de la ciudad, pero es un buen comienzo. Es un proyecto único en el mundo, porque, si bien en otros países hay plantas que las procesan, no existen emprendimientos similares a este. Por eso, es importante que los municipios asuman el compromiso del cuidado del medio ambiente, más en casos como este, donde los costos de instalación son bajos y los beneficios al proteger el planeta son muchos.