Por Maximiliano Ceci

“En el lenguaje misterioso de tus ojos/ hay un tema que destaca: sensibilidad./ En las sensuales líneas de tu cuerpo hermoso/ las curvas que se admiran despiertan ilusión”, son versos de “Longina” (1909), de Oscar de León. El trovador Rafael de La Torre reconoce en esas estrofas el antecedente del movimiento cubano de la Nueva Trova, que nació en 1972 en Manzanillo. Las canciones de lo que más tarde se conoció como trova tradicional, en conjunto, con “Guantanamera”, poema de Martí popularizado por Pete Seeger en Estados Unidos, funcionaron de incentivo para la creación de nuevas trovas.

El músico de Camagüey, comarca de pastores y sombreros, contó que sus versos están atravesadas por los poemas de Pablo Neruda y de José Martí, pero también por el son y el rock. “Yo quería ser como Ringo Starr”, recordó cuando tocaba la batería en el conservatorio, al mismo tiempo que tomaba clases de violín y escuchaba a Charlie Parker.

“Nos habían encasillado como canción de protesta, y Silvio Rodríguez dice ‘¿por qué así si nosotros no protestamos nada?’”, contó De la Torre a Contexto. Y recordó que en aquel momento estaba surgiendo el movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana con Víctor Jara en Chile, la Negra Sosa en Argentina y Alfredo Zitarrosa en Uruguay.

Los cantautores jóvenes desarrollaron una carrera musical donde el contenido social y la sofisticación interpretativa tuvieron un papel importante. Sus cantantes, entre ellos, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú, Leo Brauer y Noel Nicola, desarrollaron una matriz musical que se transformaría en una de las más importantes de Latinoamérica. Además, la trova participó muy activamente en la campaña de alfabetización. “La Nueva Trova a esa altura parecía más un partido político que un movimiento cultural”, recordó.

“Nos habían encasillado como canción de protesta, y Silvio Rodríguez dice ‘¿por qué así si nosotros no protestamos nada?’”, contó De La Torre a Contexto.

La Nueva Trova deriva de la trova del son de los campesinos de la zona de Cautocristo y de la segunda generación del bolero. “El feeling, muy anglosajón, que tiene que ver con la pseudorrepública y con la penetración cultural en Cuba. Nosotros somos depositarios de ello. La persona que enlaza las dos generaciones se llama Pablo Milanés. Entronca en que Pablo descubre que puede hacer una canción que no tiene nada que ver con la otra”, explicó De la Torre.

“Los profesores de armonía decidían no darnos clases porque nosotros nos defecábamos en las estructuras armónicas. Uno nos decía que si nos seguía dando armonía nos íbamos a empezar a seguir guiando por los patrones convencionales y nos iba a restar creatividad. Pero igual hay que aprenderlo”, explicó De La Torre.

De la Torre ahora vive en Buenos Aires con su familia. De joven tuvo conexión con Argentina a través de Camilo y Ernesto Guevara, de su amiga María Santucho, que estudiaba Historia del Arte en La Habana, del cine y de Gardel. “La voz de Gardel. No es inútil volver a decir que Gardel cada vez canta mejor. Cada vez se descubre algún elemento nuevo de por qué Gardel llegó a tener esa gran voz. Se preocupaba por ir a conciertos, le interesaba la técnica de los tenores”, concluyó el también profesor de canto.


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