La cumbia patagónica de Los Cheremeques

La cumbia patagónica de Los Cheremeques

Breve historia de un combo multitudinario que se abrió paso en los escenarios del rock para inventarle un lugar nuevo a la cumbia. Por Juan Facundo Díaz

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Foto Juan Francisco Sánchez

Aunque el prestigio de la cumbia es algo que hoy en día pocos se animan a poner en duda, el cantante y guitarrista Cristian Püschel insiste: “eso de que la cumbia es una mierda es un pensamiento adolescente”. Al frente de Los Cheremeques, combo cumbiero que ya cuenta con dos larga duración –Ruido en Familia, de 2012, y Espíritu Guerrero, de 2014-, Püschel asegura que tocar cumbia forma parte de una proceso de maduración. “Si decís que te gusta la música y escuchás un solo género te estás saboteando”, afirma, “la música es música y el género es, quizás, lo de menos.”

Formados en La Plata en 2008, el proyecto arrancó “como un juego” entre un guitarrista y un bajista nacidos en Comodoro Rivadavia. “Con Pedro Carbone vivíamos juntos y entre los dos fuimos armando algunos temas”, cuenta. “Teníamos un solo micrófono así que grabábamos de a un instrumento por vez. En esa época no salíamos de nuestra casa más que para ver bandas, teníamos una especie de submundo”. Con el tiempo, el combo fue sumando integrantes, la mayoría amigos con el mismo linaje patagónico. “Hoy, cuando estamos todos, somos 14”, dice. El plus de 2015 fue aportar tres temas del primer disco para la banda sonora de Focus, película protagonizada por Will Smith y filmada parcialmente en el país.

¿Cómo se acercan al estilo?

Estábamos tocando vientos y no podes hacer rock tocando vientos. Los vientos te llevan a investigar otros estilos. Por ejemplo, yo veo un video de Willie Colón tocando el trombón y para mí es re rockero, pero no por el instrumento, sino por la actitud. Ahí mismo es donde encontrás el matiz rockero de Los Cheremeques.

¿A qué le cantan Los Cheremeques?

Son canciones de amor y de unión. Podés encontrar cosas del sur, hablan del cerro, del mar. De “la fuerza más grande que acompaña”: el cerro, el mar, el desierto, la meseta. Son las fuerzas más poderosas que hay allá.

¿Cómo fue salir a tocar cumbia en una ciudad donde la juventud siempre aparece asociada a otro sonido?

Al principio hubo que pagar derecho de piso tocando en cualquier lado, pero por suerte siempre hubo público. La primera vez que tocamos fue en El Galpón de Tolosa, y para nosotros fue mágico.

¿Y cuál fue la solución para construir público en la escena de La Plata?

Tocar en todos lados, todos los fines de semana. Al principio mucho en centros culturales y con bandas de cualquier género. No es que íbamos a fiestas de cumbia, íbamos a fiestas donde por ahí tocaban dos bandas de punk, tres de hardcore y después nosotros. Fue re duro al principio. Tocar a las seis de la mañana, con sol y antes que nosotros había pasado una banda que hacía covers de Nirvana, que había hecho hasta los mismos acoples que hacía Nirvana, y después tenías que subirte vos con el sol en la cara.

¿Y funcionaba?

Y sí, imagináte que a las 6 de la mañana te ponen cumbia y no te queda otra… ¡Te vas a dormir o bailás!

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