Por Roberto Álvarez Mur

Freddie Carlos Gray, de 25 años, falleció el jueves 19 de abril en un hospital de la ciudad de Baltimore, luego de una larga agonía de varios días. Esa semana había sido golpeado brutalmente por seis policías de la fuerza local. El mismo jueves, Baltimore se desbordó de protestas.

A menos de dos meses de que el asesinato del joven afroamericano Freddie Gray en manos de la policía sacudiera a Estados Unidos, el país del Norte cumplió el trágico récord de alcanzar las 385 muertes en casos de gatillo fácil. La estadística fue develada por The Washington Post, uno de los diarios más leídos del país, cuya investigación arrojó el promedio de unas 77 muertes por día desde comienzos de 2015.

Diez días después de la muerte del joven de Baltimore, un disparo de la fuerza policial de Detroit puso fin a la vida de Terrence Kellom, de 20 años. Esa misma jornada, se tuvo noticias de la muerte del joven hispano de 19 años, Héctor Morejón, tras el disparo a quemarropa de un oficial de Los Angeles, el fin de semana anterior. Ambos casos ocurrieron en menos de una semana.

Jim Buermann, ex jefe policial de Washington, señaló que “los tiroteos muchas veces no son informados, por lo que nunca vamos a reducir el número de acciones iniciadas por la policía si no empezamos a hacer un seguimiento de esta información”. El ex jefe se refirió a los relevamientos, muchas veces solapados, que el FBI realiza sobre las 18 mil fuerzas policiales del país. Desde 2011, sólo un 3% de los departamentos policiales presentaron sus informes de violencia institucional; el resto hizo silencio.

La cifra difundida por el diario no incluye a las víctimas que murieron ahogadas durante las sesiones de tortura o –al igual que sucedió con Gray– como resultado de las tan comunes golpizas dadas a los sospechosos durante o después de la detención, casos comprobados que en los últimos meses desataron masivas protestas.

la relación racial cambia cuando se analizan sólo los casos en los que los sospechosos estaban desarmados. En esos casos, dos tercios de las víctimas son negros o latinos.

Mientras que la mitad de las víctimas reportadas son blancas, la relación racial cambia cuando se analizan sólo los casos en los que los sospechosos estaban desarmados. En esos casos, dos tercios de las víctimas son negros o latinos. Inclusive si se comparan los números revelados ayer con la distribución demográfica de Estados Unidos, los negros son víctimas del gatillo fácil policial en una proporción de tres a uno en relación con los blancos o cualquier otra minoría. Pero la realidad de la brutalidad policial no es sólo un problema racial.

Según el relevamiento, al menos 92 de las 385 víctimas fueron identificadas como personas con algún tipo de enfermedad mental.

En tanto, la Policía norteamericana volvió a quedar en el centro de la discordia, al conocerse un video que muestra la brutalidad con la que dos agentes californianos detienen a una afroamericana embarazada de ocho meses. La mujer fue identificada como Charlena Michelle Cooks, y el incidente ocurrió meses atrás en Barstow, una localidad situada a 185 kilómetros al noreste de Los Ángeles.

La Unión Americana de Libertades Civiles del Sur de California divulgó la filmación en estos días y desató la controversia. El incidente comenzó cuando Charlena y otra mujer discutieron en un estacionamiento y la Policía acudió ante la llamada de esta última. Dos policías asistieron al lugar y escucharon la versión de ambas mujeres, pero la situación se desmadró cuando, exhibiendo su enorme panza, Charlena se negó a identificarse y respondió, simplemente, que su nombre es Michelle, igual que la primera dama.


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